jueves, 7 de junio de 2012

Reciclado Uno

Últimamente, y a raiz de las ferias del libro, se está criticando bastante a los escritores, que no literatos, por escribir cosas que no sabría definir sobre seres irreales y raros. Sobre temas futuristas y sin futuro. Sobre una ciencia ficción extraña y decadente que sólo gusta a los frikis. Sobre magos intemporales con capacidades ilimitadas para hacer cosas raras y con títulos extraños que nos pillan lejos de nuestra realidad y en horas bajas. Parece que esto gusta poco o nada a algunos. A mi tampoco me gusta. La narrativa está enferma o está en crisis. Es igual. También lo está el cine y demás. Ahora toca releer o jugar al ajedrez porque la creatividad actual es pobre en general. La escritura vibrante y apasionada que permite una lectura fundamental, realista, en un mundo de claroscuros, buenos y malos, de mirada complicada porque es inexpresiva, no se encuentra en los estantes de las librerías en la sección de novedades editoriales. Hay memorias, biografías autorizadas y no autorizadas y tonterías varias de autores mediocres que estarán en el olvido antes de que saquemos las bicicletas o se ponga a llover.
Nos falta tiempo y sosiego para pensar y escribir algo interesante. El lector actual demanda otro tipo de libros que no encuentra porque no se escriben y los críticos y creadores, así como las editoriales, se apresuran a explicar que ahora no toca. No se lleva. Ahora toca esto. Historias raras con títulos extravagantes. Es evidente que lo importante de lo que se escriba tendrá que provocar reflexión. Hay mucha novela fantasma que se edita como churros y que no provocan nada en el lector. Un libro se pone de moda -sin saber muy bien porqué-. Se vende bien. Lo compras y lo empiezas a leer. Lo dejas para ir a vomitar y luego lo aparcas.
Entre todo esto tenemos la suerte que de vez en cuando surgan este tipo de libros que nunca pasan de moda. Tengo entre manos uno que versa sobre la inteligencia social y colectiva. Hay que pensar de forma conjunta, aunque no igual, para complementarnos. Cuanta más inteligencia social, menos estupidez colectiva. Esto está muy bien. El pensamiento y la razón individual no sirven para resolver los problemas sociales o globales. La sociedad será más inteligente si suma. El bien común está por encima de individualismos e individualidades. Las culturas que se han autolimitado han terminado por desaparecer. Esto no es una novela. Es un tratado completo sobre sociología y antropología. Los problemas que tenemos hoy son colectivos por lo que sólo una inteligencia social o global tendrá la capacidad de resolverlos.
Esto no es fácil de entender para quién maneja y gestiona el poder. Sólo lo entenderá cuando pierda el poder y cuanto antes sea, mejor. Tenemos posibilidades y limitaciones. Explotemos las primeras para disminuir o anular las segundas. Esto es ser progresista. No estamos en condiciones de echar a perder el siglo veintiuno en lo que a letras se refiere. Aunque, de momento, estamos en ello.
Lo importante es escribir algo nuevo que salga de nuestra experiencia para darle un toque de realismo. Las vivencias son una mina de donde sacar ideas que desarrollar. O esto, o vuelta a releer a los clásicos. A los de siempre. Lo dicho. Se trata de buscar bien el libro adecuado porque si compramos el primero que nos pongan delante convertiremos -sin darnos cuenta- en best-seller algunos libros que nunca tuvieron que ser publicados. Salud

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