24 marzo 2026

             Cuánto relaja extraviar la mirada para fijarse en nada mientras la vida pasa sin apenas vivirla. Estas cosas no deberían ser contadas, o sí. No sabría muy bien qué decir pero he aprendido a extraer las posibilidades de cada cosa que me ocurre y exponerlas mientras estoy vivo y viviendo, aunque tenga los ojos extraviados sin fijarme en nada.  Pero hay algo que considero importante y es consagrar la vida a cosas que valgan la pena por su relevancia y así perdurar en la historia.

                 La oportunidad de darle sentido a la vida o hacer posible estos oscuros sueños que todo poeta tiene escondidos para las grandes ocasiones o momentos estelares. El desahogo sentimental es natural en el ser humano junto a los efectos especiales que tienen la capacidad de deslumbrar los sentimientos de otros cuando nos leen. Crear una atmósfera discreta entre versos y relatos ensayados.

                   De niño anticipé, como muchos otros, que quería vivir en el campo, a las afueras de algún pueblo pintoresco, para deleitarme con la libertad que esto supone. Tener un perro con el que hacernos compañía y que me siga a todas partes y caminar largas distancias con él mientras me incita a que juegue con idas y venidas y provocaciones que solo ellos saben hacer. También tendría un espacio medio cubierto al otro lado de un jardín donde habría gallinas y algunas palomas. Tierra donde cuidar un pequeño huerto y ser lo mas autosuficiente posible. Unos árboles frutales, un limonero, dos naranjos y un laurel además de un membrillo. Esta era la ilusión que anticipé cuando era niño pero me enganché con la lectura desde la edad escolar y un buen día quise empezar a escribir todas las experiencias sin excepción y lo hice y me gustó. En algún momento pensé que debería vivir en una gran ciudad y compartir lugares adecuados a mi afición y hacer amigos escritores con quienes compartir tertulias y hacerme con un lugar importante.

                        Si sueñas mucho y los sueños son muy reales pueden echar a perder la realidad o no vivirla de la forma mas apropiada. Hablamos de la vida porque creemos saber lo que es la vida. La conocemos bien y hemos llegado a ser expertos en ella. Tenemos criterio porque la misma vida nos tiene pillados y amordazados y no sabríamos hacer otra cosa a pesar de que ahora la vida es mas complicada que cuando éramos jóvenes porque ocurren demasiadas cosas al mismo tiempo y no nos da el tiempo para procesarlas en el tiempo justo. Parece que todo pasa como si no ocurriera nada porque no podemos asimilarlo.

                        En las tertulias de la mañana somos consciente de lo rápido que va todo y hablamos de las cosas del ayer o de lo que anticipábamos de niños y eso nos hace mas fuertes mientras vivimos la edad adulta o madura. Es decir, los que cobramos una pensión para no tener un horario de trabajo incómodo. Esta pensión ajustada y que incluso nos da para contribuir a la hacienda pública. Mientras estamos sentados junto a una mesa en el bar de Pepe y tomamos un cortado con el café descafeinado y la leche desnatada y endulzado con sacarina perdemos el oremus con cada cosa, frase u ocurrencia que diga el que tiene el turno de palabra. Ya ni decir de cuando alguno saca una anécdota del colegio. Asignaturas, profesores o amigos de toda la vida, fechorías inocentes. Somos amigos, vecinos y familiares porque en el pueblo esto funciona así.

                           Una emoción contenida que en mi caso se acentúa porque después de pasar por la gran ciudad he vuelto a vivir a las afueras del pueblo y llevo la vida que anticipé de niño, con el perro, el pequeño huerto, algunas gallinas, árboles frutales y todo lo que ya he descrito antes cuando he empezado este relato. Después de mucho pensar he llegado a la conclusión que somos un cúmulo de circunstancia y vivencias pasadas que han hecho mella en nosotros y nos han modelado. Será eso. 

                           Vamos a todas partes con una elegancia descuidada o con una figura desaliñada de gente de pueblo pero con la sabiduría de la edad que todo junto llama la atención. Con ese rubor en las mejillas producto de tanto afeitarnos o efecto secundario de las pastillas que tomamos  para la circulación o el corazón que mas bien parece que hayamos bebido algún destilado con el café de la mañana para matar el gusto e incluso a algunos nos da un aire travieso.

                           Debo anotar que seleccionamos mucho lo que puede o no entrar en nuestro mundo porque la salud mental es muy importante. Las posibilidades nunca se agotan y el silencio de todos dura lo que tarda en hablar el que tiene la palabra y así sucesivamente porque todos tenemos nuestro turno para decir lo que pensamos o hacemos o tenemos previsto. Y mientras pasan los días y los años, los amaneceres y las puestas de sol pasa también nuestro tiempo con una rapidez vertiginosa que va desde la infancia a esta madurez que tanto disfrutamos y durante la cual aparecen momentos ansiosos por no haber hecho las cosas importantes que de niños habíamos anticipado. Pero los sueños nunca se acaban y cada día o cada noche aparece uno nuevo o repetido que queremos alcanzar.



23 marzo 2026

               Empieza a atardecer coincidiendo con el final de una sobremesa larga en Valldemossa, además también empieza a refrescar como siempre lo hace antes que en otros sitios. Cogemos un sendero tortuoso de tierra con algunas piedras que se concentran en mitad del camino y a la sombra de encinas centenarias, olivos y pinos por si alguien tiene curiosidad. El camino debió de ser muy bueno en tiempos del Archiduque Luis Salvador de Austria por el que transitaba andando o a caballo según le apetecía. Ahora son restos descuidados por el Consell de Mallorca. Sólo se preocupan de su mantenimiento los excursionistas comprometidos y los amantes de la naturaleza y esas cosas. Casi una hora de camino para llegar a uno de los miradores preferidos por el Archiduque. Cuando estás allí entiendes porqué se enamoró de la magia de Mallorca y del mar mediterráneo. Hizo construir una pared seca al borde del acantilado con unos pilares laterales a modo de una ventana al horizonte por donde se pone el sol.

             Estos sitios se mantienen en silencio porque la naturaleza es así y sólo disfrutan del lugar los que saben interpretar todo esto que escribo y digo. El movimiento de las ramas, el aire manso y el fuerte viento, el ruido de las olas que llega a duras penas, el revolotear de pájaros y mariposas, los olores de monte seco y de acantilado y el aroma y color de la puesta de sol. A estas horas las emociones impregnan el alma, que por mucho que se habla de ella y todavía no la tenemos ubicada. El sol se pone rojo antes de entrar en el mar y se refleja desde el horizonte. No hace falta ningún esfuerzo para emocionarse. Desborda belleza todo ello en su conjunto. 

             Recuerdo mi niñez cuando subíamos con los abuelos maternos. Los abuelos paternos vivían al lado de un convento de clausura en Palma y desde el quinto piso podíamos ver la armonía de un jardín de clausura que resulta ser distinto a los demás. Sus moradoras y el silencio como requisito. Como en el acantilado del mirador del Archiduque. El recogimiento como una necesidad en ambos sitios. Ahora en el mirador confundo los recuerdos.

            Me siento en una piedra. No hay otra cosa. Es la misma de siempre y de cuando era pequeño. Aparece una mágica turbación de la mente. La reflexión. La naturaleza habla con sus sonidos tan característicos. El aire perfumado de bosque y de mar. Y de puesta de sol consumada. La belleza se convierte en fascinación. La sabiduría también se nutre de momentos como este. No te puedes morir sin haber visto una puesta de sol de cualquiera de estos miradores del Archiduque Luis Salvador.

       Las siguientes generaciones también tienen derecho a contemplar esto. Pues a ver cómo gestionamos el mundo para que perdure y sea habitable. Esos colores de después de la puesta de sol. Como la sonrisa al contemplar los rosales en flor. La mística de la intimidad. Historias y leyendas de estos lugares, porque son mágicos. El sol cuando se pone te mira igual que tú a él. Te das cuenta. Quedan los colores de los enamoramientos. De cuando el silencio se calla para que hablen las manos. Las miradas sólo ven siluetas de penumbra y a contra luz.

             Luego toca bajar. El camino de vuelta es más rápido. Pero no es más corto. Siempre es así. Es el camino de la luz de la luna porque no hay otra cosa. Vuelves a caminar por la sombra de las encinas porque la luna también provoca este efecto. Tengo que conservar esta ventana que da al mar y a su horizonte. Otros vendrán a lo mismo. 

07 febrero 2026

          Llegamos pasados unos quince minutos del horario habitual. Esto es normal y correcto en la Isla. Voy enseguida, pueden ser horas. Lo tendré en unos días, pueden ser meses. Te llamo en unos días, puede ser nunca. Y así casi todo porque así hablamos y así somos en la Isla. Por eso se habla del carácter isleño. No se trata de hacerlo todo hoy y empezar a aburrirse a partir de mañana. 

          Dicho esto y a veinticuatro horas del fatídico patinazo en el aparcamiento de Son Espases ya tenía todos los consentimientos firmados para que me operaran la muñeca que estaba catalogada de catastrófica. Todas las pruebas habían salido bien como era de esperar. La muñeca izquierda era una ruina de lo que fue por culpa de la lluvia. En la Isla no existe el sirimiri. O no llueve o diluvia. Pues eso.

          De los últimos tuits que recuerdo hacían referencia a mi estado anímico y físico. Ambos tocados. La calma, a veces, transita entre tinieblas. Fui contestado en abierto y por DM. Ahora que no puedo ni conducir mis contertulios de los desayunos me esperarán en vano hasta que la niebla se disipe. Que los medicamentos me tienen la mente y el pensamiento casi abolido. Cuando escribo esto estoy alejado del mar. No lo veo. No lo huelo, ni lo oigo. Tampoco puedo llegar hasta él. Pero todavía tengo la capacidad de imaginarlo porque hay cosas que no se olvidan.

       Una ventana sin vistas. Una luz de neón en la cabecera. Un tiempo parado y silencioso. Ambiente turbador de paredes blancas. Esta es la descripción de una habitación de hospital. Experiencias que voy acumulando para la vida porque al final, ésta es la suma de todas ellas. Necesito mi habitación, mi cama y mi sueño. Mi rutina. Mis días y mis noches. Mi viento, mi bosque y mi mar. Esas palabras ya suenan lejanas ahora mismo. El otoño de mi vida se ha complicado y discurre por un trozo de camino tortuoso, empinado y resbaladizo. Un trozo de mi historia que se pinta con trazos desiguales y se escribe con letras difíciles de leer. 
        Un fermentado rancio de horas y minutos sin botín a repartir. Un tiempo subcontratado y eventual que no me pertenece pero que tengo que entretener. Cuando una memoria confusa se hace letra y palabra pasa a la historia imperfecta de cada uno. Letras sometidas a unas circunstancias hostiles que se escriben entre más tormentas que calma. Ya dije que las trincheras no se ven igual desde fuera. Quiero volver a ellas cuanto antes.

25 enero 2026

           No existe el hombre original que piensa y hace cosas totalmente diferentes a los demás. Ser uno mismo te hace noble.  Estamos atados a la comunidad, sea el estado, la familia más próxima o las amistades y los conocidos. El hombre no puede aislarse para sentirse libre sino que tiene que entregarse hasta el límite del placer de las cosas.

           Y cuando la atmósfera se agita como una tormenta y siento cerca sus vibraciones pongo mi alma a descansar buscando el sosiego acompañado de los mejores. La distancia transforma las cosas mientras la muerte atrae los reconocimientos. La eterna búsqueda de uno mismo.

            Anoto los recuerdos para que cuando llegue la lejanía, ésta parezca artificial. Buscar lo humano de cada uno. Copiar las virtudes, la sabiduría, los méritos y los fracasos de los sabios. Hay cosas en cada uno de nosotros que son comunes. No podemos escapar de nosotros mismos. Tampoco de nuestros sueños y desvaríos. Puede llegar a ser tan importante librarnos del miedo como de la esperanza. 

04 enero 2026

               Andaba con paso firme. Observando cada baldosa que iba a pisar. Con prisas en los pies y preocupaciones en la mente. Atento a las dos cosas. Ese caminar inquieto cuando te esperan asuntos judiciales. Asuntos menores pero con letrados de por medio. Ya ves.

         Un ensayo mental para hacerlo lo mejor posible. Que la memoria no se apague en el peor momento. Sorteando obstáculos de forma instintiva. Reivindicándome. La memoria la apaga la vida misma sin consultar. Es sabido de todos que a los jueces hay que contestarles con precisión. Como el bisturí en manos de un cirujano. O el teorema de Pitágoras en boca de un profesor de secundaria.
Nada es o deja de ser. Todo es presunto hasta que dicen lo contrario.
Así las cosas. Resulta que algo obstaculiza el rápido avance de mi persona. Lo intento sortear pero el obstáculo se mueve. Un señor con panfletitos en una mano y repartiendo los mismos con la otra. Será un menú a cuatro euros de un top chef de esos de por aquí. De los de andar por casa. Miro. No es un menú de comer. Es un ejemplar gratuito imprimido en Maundridge, Kansas (USA). "Gospel tract and Bible Society". No era el momento y se fue directamente al bolsillo.
Más tarde, aprovechando el sosiego de la noche. Con la compañía de una fina lluvia. Y el silencio de un viento domesticado. Vuelvo a mirar. "Lo que la Biblia nos enseña sobre el Infierno". Un castigo o una bendición. Lugar exclusivo para pecadores. Los que somos ateos estamos exentos. Sólo pecan los creyentes.
          
          "La Biblia enseña claramente acerca de la temida realidad de un lago de fuego eterno. Se advierte al pecador que haga buen uso de su tiempo para escapar de la terrible condena del Infierno. Un lago de fuego (Apocalipsis). Eternamente en la oscuridad de las tinieblas (Judas). Un pozo de abismo con un humo que sale del horno que hay en el pozo y en el lago de fuego. Un humo tan denso que oscureció el sol y el aire. Que los que allí están es porque han bebido del vino de la ira de Dios que está formado por fuego, humo y azufre por los siglos de los siglos. No hay reposo ni de día ni de noche para sus moradores".

           Reconozco que el texto es resultón. Medio acojona. Quién haya escrito esto tiene que tener muy mala leche. Yo leyendo estas cosas de cuarto milenio en una noche lluviosa de otoño. El autor debió sufrir multitud de traumas en su infancia. De esos que están escritos en los libros de psiquiatría. Ya me sobran bondades para ser ateo. "El infierno está abajo. Los que se portan bien van hacia arriba (Proverbios). Los malos irán directamente al Infierno después de ser abatidos (Mateo). Además no hay forma de moverse de arriba hacia abajo y mucho menos de abajo hacia arriba. El que vaya estará para siempre (Lucas). El camino que va hacia abajo es fácil de andar. Es ancho y está repleto de gente. Además la puerta es muy grande (Mateo)". Puede ser interesante si uno tiene la capacidad de hacer amigos. Ya una vez dentro, con tanto fuego, humo y azufre tiene que ser chungo. Pero insisto que esto va dirigido a los creyentes. "Todos los que se olvidan de Dios serán trasladados allí bajo la responsabilidad de los ángeles malos (Salmos). Lugar reservado para los cobardes, incrédulos, abominables, homicidas, fornicadores, hechiceros, idólatras y mentirosos. Allí tendrán su segunda muerte (Apocalipsis)".

          Y dicen Mateo y Lucas que "no habrá consolación ni remedio. Que llorarán y crujirán sus dientes. Porque nunca serán liberados de esos tormentos indescriptibles. De esas tinieblas. Y pedirán a Abraham que les envíe a Lázaro con un vaso de agua fresca. Pero será que no. Porque cada pecado tiene su condena". Estas cosas es bueno no leerlas. Si lo haces que sea de día y acompañado. No recomiendo recoger panfletitos en plena calle. Ahora camino mirando a todas partes y al suelo sólo de reojo. Estoy turbado y confuso. Dejaré pasar un poco de tiempo. Y mientras me portaré bien para alcanzar los jardines de la luz. 

         P.D. Hay mucho más. Pero no se trata de asustar al respetable. Ni de aburrir, que uno va para nota.

23 diciembre 2025

            Mi escritura es limpia. Sosegada y tranquila. Singular. No está subvencionada. No hay contaminación en ella. Es escritura para quién la quiera leer. Palpita y respira serena. Sin condimentos ni fecha de caducidad. Mi escritura no será superventas porque es gratuita. Está escrita para mentes y pensamientos maduros. Refleja la vida y sus peripecias. Turbia y nítida. Fácil y difícil. Entera y troceada. Refleja luces y sombras apasionadas. Sueños hechos realidad y sueños imposibles. Destino. Azar. Complicidad. Felicidad y desdicha. Compañía y soledad.

         Esta es mi escritura. Sin trampas. Sin información oculta. Ironía y humor suficiente pero en la penumbra. Verdad. El conocimiento de las cosas tamizado para evitar impurezas. Escritura limpia, sosegada y tranquila. La rutina de la vida es un arte menor. Pero es arte necesario.
Los complementos de la vida los ponemos nosotros. Es una decisión personal. Los detalles de la vida vienen con el aire y se quedan. A veces se diluyen con la lluvia. Pero yo escribo porque mi escritura es limpia. No le permito a ningún vocero que me dicte lo que debo de escribir o lo que debo de callar. Mis manos manejan mi pluma y mi mente le indica el camino. Un pueblo sobre una montaña al que se llega por un camino pedregoso y complicado. Peligroso a veces.

        Personajes sencillos que la vida maltrata. No puedo ni debo cambiar su historia. Pero puedo cambiar el final. Esto es ficción y mi pluma escribe a mi dictado. Por eso mi escritura es limpia, sosegada y tranquila. Procuro una prosa impecable. Pero la piel tiene lunares, arrugas y pliegues. No siempre está tensa y lisa. El lector debe desplegar sus sentimientos. La escritura se ve. Se escucha. Se palpa. Se siente. Se olfatea. Se degusta. Se descubre. Es un proceso en el que invierte tiempo. Para escribir y para leer. Para reflexionar. Una obra creativa que se empieza de cero. De nada. Sensaciones agradables de poder escribir algo trascendente aunque luego no sea así. O sea menos. Evocar una historia sin imágenes. Una historia sencilla o complicada. Mi escritura es limpia y mis lectores tienen que implicarse. Somos dos que interactuamos, o somos uno. Desmontar tópicos y fortalecer otros. Temas que provoquen reflexión. Análisis. De esto se trata.

         Pasión con delicadeza. Cualquier tema sirve si es capaz de generar ideas. Ensoñamientos en el lector. Es aconfesional. Segura. Abstracta y formal. Melódica. Es escritura limpia, sosegada y tranquila. Porque así percibo a mis lectores habituales. Ellos se lo merecen. Escribo para ellos. Sin duda alguna.
Las palabras se repiten. Pero no son las mismas. Son palabras recicladas. Un lenguaje perseverante. Textos antiguos refundidos en escritura nueva y renovada. Las palabras recicladas ya tienen experiencia en decir cosas. Ahora lo dicen mejor y son más bonitas. No existe el miedo escénico. Ya estuvieron escritas en otros textos. Ahora se mezclan con palabras nuevas. Frases nuevas. La experiencia se mezcla con la inexperiencia de las palabras que debutan. Entre todas dicen cosas bonitas y auténticas. Pero en voz baja. Sin gritar. No hace falta.

         Es escritura sencilla se lee en silencio. Como debe ser. Que penetra en cada lector igual que la lluvia persistente de otoño penetra en la tierra y la mantiene húmeda. El orgullo de ser letra y palabra escrita. Juntarse con otras en párrafos enteros. En relato corto. En entrada de blog. En libro. El oficio de saber decir cuando estás plasmada sobre el papel y adquirir significado. No cansarse de ser leída. Ya descansará cuando cierren el libro. Y el que lee se emociona de leerlas. Las palabras nuevas aprenden de las más antiguas. Otro día formarán parte de otro texto y significarán una cosa distinta. Para no quedar viejas y perder el sentido. Todas quieren ser verso y poesía. Ahora llevan con orgullo ser prosa y narrativa. Y mientras escribo estas líneas la radio habla sola. La música se interpreta para nadie. No sé porqué lo hace. No le presto atención. Aunque reconozco que me hace compañía. La radio.

          La pluma. El libro. El papel. El silencio. Tú. Guardo silencio un rato. La quietud se adueña de mí. Quiero escribir antes de que empiece a amanecer. Escritura limpia, sosegada y tranquila.

30 noviembre 2025

             Aprendí, cuando estudiaba primaria, que los ríos nacen en lo alto de las montañas y descienden sin remedio hasta el mar que los engulle, cruzando pueblos, bosques, paseos, campos y ciudades. Pues, pensaba yo, igual que hace el río hace el libro. Nace con un minucioso proceso creativo del escritor y termina en las manos del lector que lo lee. A su paso hay un borrador, documentación precisa, pasar de la escritura manual al ordenador, la editorial, corrección, imprenta, y la librería donde quedará expuesto. Un símil que puede funcionar para un buen entendimiento de esto que decimos. He leído, y me lo creo, que cada día alguien empieza a escribir un libro, alguien lo sigue escribiendo o alguien lo termina. Cada día entran manuscritos en las editoriales y en las imprentas. Cada día, en definitiva, alguien entra en una librería para comprar un libro y leerlo. La mente humana no para de crear -con mayor o menor acierto-. Pero la literatura, con o sin crisis, se crea, se imprime, se distribuye, se vende y se lee. 

            Como cualquier obra de arte el libro puede gustar mucho, poco o nada. Esta es una de las grandezas de la literatura y hace que se considere un arte. La importancia no radica en que las obras literarias gusten más o menos. La importancia está en que quien las escribe y quien las lee lo hagan desde la libertad de pensamiento. Se trata de huir del pensamiento único al que están ancladas muchas personas de la derecha para su desgracia. La fama es un capricho que sólo puede tener un escritor. El lector no se puede permitir este lujo. Un lector nunca se hará famoso por leer libros pero un autor sí puede hacerse famoso por escribir libros. De todas formas no resulta fácil juntar letras para construir palabras. Y juntar palabras de tal manera que gusten de ser leídas en párrafos, páginas y libros completos. Dependerá de la creatividad del autor, de la pluma que utilice, del pulso que tenga y de la libertad que disponga mientras realiza todo esto. La intencionalidad y la pasión del primero en contraste con el interés y el estado de ánimo del segundo.  Del uno y del otro. Dice un escritor que su éxito radica en describir un mundo paralelo a la realidad del lector. De eso se trata pues. Es un punto de vista de lo que vemos y de lo que pensamos. A partir de aquí se trata de contrastar.

        Y estamos en primavera y tenemos día del libro. Fiesta del libro. Semana del libro. Libro de temporada, libro clásico, ofertas. Libros caros por su papel y sus tapas que pasan a libros de bolsillo con tapa blanda o de bolsillo y a un precio razonable. Buen momento para hacer acopio para el verano y el otoño. El tiempo de las novedades es ahora em primavera. Porque el libro no pasa de moda. Me refiero a los libros  de verdad. De ninguna manera compraría las memorias de nadie que alguien ha escrito para su lucimiento y con la historia más inventada. Estos famosillos venidos a menos que publican su historia inventada en forma de memorias y que sólo algún despistado podría comprar en un momento de debilidad mental.

        Toca el libro de primavera que habla de días más largos y noches más cortas. De la luna, el firmamento y las estrellas. Del mar que se va calmando a medida que avanzan los días. De gente que callejea en manga corta y toma café en las terrazas. Que pasean cogidos de la mano y de un paraguas por si acaso se pone a llover. Que se ponen sombrero para protegerse del sol en vez del frío. Días casi planos de temperatura y llenos de color. Agradables y apetecibles. Este es el libro de primavera. El que se lleva ahora. La historia de amor bien contada y con final feliz. Que los que terminan mal son los de otoño o de invierno. Amores adolescentes, de juventud, de madurez y de edad adulta inteligente. De casi vacaciones. Libros desenfadados y de media sonrisa. Páginas justas y letra grande que pueda leerse en cualquier sitio incluso al anochecer acompañado de una copa de vino. Que funciona porque hay predisposición. Es la fase del río que cruza manso por en medio del pueblo y lo divide en dos. Sombreado por grandes árboles y con algunas aves cruzándolo a nado. Estos jubilados sentados en los bancos con la mirada fija y las manos temblorosas apoyadas en el bastón. Es el libro de primavera. El que toca leer ahora y el escritor lo sabe. Trama sencilla que puede leerse sentado en las escalinatas que suben y bajan. En el descanso del mediodía con bocata y refresco. El libro que se lee desde la comodidad porque se ha escrito desde la inteligencia. Este que el estudiante ya ha comprado para cambiarlo por el libro de texto en cuanto terminen las clases. El libro de regalar a cambio de una rosa.
           
           En primavera la gente se inventa momentos de soledad y horas de libertad como excusa para tomarse su tiempo en el libro. De pasear con el libro en las manos y mirando a ninguna parte porque la mente está dentro del libro. Dejarse atrapar por un relato o por unas palabras. Esta frase para subrayar y este comentario al margen para recordar. El invierno ya es historia y el frío y las tormentas también. Días anodinos con frescor mañanero, calor al mediodía y un refrescar nocturno. Que placer cuando tienes ocasión de pasear con un libro en las manos. Sentarte en cualquier sitio que te apetezca, abrir el libro por el punto que nos hemos fabricado aposta para hojear (con hache) y ojear (sin hache). Escritos con lucidez que no pasan desapercibidos porque están pensados para la primavera. La prosa y la poesía de primavera está escrita para enamorar, que para otras cosas están las otras estaciones. Alejarse de los libros más vendidos para centrarse en los de autor con pasajes escritos para recordar nosotros. Este es el libro que leo porque estamos en primavera. Algún libro habrá que te complazca. 

14 noviembre 2025

                Hay una película que me gustó sobremanera. Hace tiempo de esto. Cualquier cinéfilo o no a buen seguro tiene que haberla visto. Un título original como "El burro que susurraba a las personas". O algo así quiero recordar. Gran película basada en hechos reales. El burro es una metáfora de la conciencia. Un Pepito Grillo que cada uno lleva dentro del oído y escucha, o no. Cada cual sabrá lo que le conviene. Ese burro de conciencia que a todas horas nos está diciendo lo que está bien o lo que está mal. Lo que se hace o no se hace. Este susurro que escuchamos continuamente y que nos pone en la disyuntiva de qué cosa es la mejor o peor a la hora de actuar. En el fondo no es ni más ni menos que un pasaje del Quijote en que éste le espeta a Sancho, "¡qué poco hemos evolucionado!". Casualidades de la vida, esta frase sigue igual de vigente que cuando fue escrita. Que sepáis que Sancho le daba la misma importancia a lo que decía Quijano que lo que le susurraba su burro. Por esto tenía buena conciencia. Los escuchaba con el mismo interés a ambos. Cervantes, a través del Quijote, formula el principio de igualdad entre ricos y pobres, nobles y plebeyos y se asocia con aquellas gentes de la sociedad que están en la categoría de virtuosos en su vida privada, diligentes en sus relaciones personales y emprendedores en su trabajo diario. Afea, en otros pasajes, a los holgazanes por su actitud estéril ante la vida. La armonía social se construye a diario y con esfuerzo a través de méritos propios y nunca en un estado de espera permanente mientras vienen otros a solucionar los problemas. Cervantes tiene un pensamiento humanista que lo deposita en el caballero D. Quijote y en el escudero Sancho. Tal para cual. No es, por tanto,  una simple novela de aventuras o de caballerías. Me refiero a un verdadero tratado sobre humanidades y justicia social. Igualdad frente a injusticia y libertad frente a la opresión. Entre aquellos tiempos y los actuales no hay diferencias.

           Son los mismos personajes aunque se llamen distinto. No hemos evolucionado porque han pasado casi quinientos años y estamos igual. Quizás peor. Cervantes deja claro que la nobleza y la honra de la gente no le viene por herencia sino por lo que a diario haga cada persona con su esfuerzo personal en favor de la sociedad. Estos son los verdaderos sentimientos que uno debe descubrir en esta obra maestra de todos los tiempos. Quienes no sepan ver estas enseñanzas no deben leer el Quijote porque no va dirigido a ellos. Simplemente no lo van a entender. La justicia social hacia los oprimidos, desvalidos, explotados, esclavizados, desahuciados, parados, sin papeles y sin patria. En frente están los despreciables, injustos, aprovechados, miserables e idiotas que, a menudo, ostentan el poder o eso creen algunos.
             Esta idea ha sido captada desde hace tiempo y se refleja en este blog de forma constante. Soy muy sensible a este tipo de cosas. Relatos breves que se refieren a personas de bien. Que las hay. Que  son muchas y que no se merecen estar siempre en el anonimato. Es literatura, no es ficción sino realidad. Son gente con hidalguía aunque hayan nacido entre penurias. A lo tonto y a lo loco el poderoso se mofa del humilde que, en definitiva, es el que soporta la actual sociedad del bienestar con su esfuerzo personal. Diríamos que son la columna vertebral de lo que queda del estado del bienestar. "En su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo y fue que le pareció conveniente y necesario no aguardar más tiempo en deshacer agravios, enderezar entuertos, enmendar sinrazones, evitar abusos, satisfacer deudas y para todo ello un caballero ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos y, finalmente, mantenedor de la verdad aunque le cueste la vida el defenderla".
Toda una lección. Si señor. Un tratado a la seriedad, a la cordura y a la justicia social. He dicho en otras ocasiones y repito ahora que Cervantes se merece el Nobel de Humanidades a título póstumo

05 octubre 2025

    Viene el río a morir al mar, exhausto.

Reflejando paisajes,
recogiendo hojas
en su recorrido.
Le hablo de ti
para que lleve las palabras
en su agua transparente
y su fondo de piedras.
Baja rápido y se entretiene.
Como las nubes y el mar,
como el aire que respira,
como el pensamiento.
Llega a la noche de la nada.
Al garabato indescifrable.
A la palabra sin sentido.
Y se pierde
en la grandiosidad del mar.
Desaparecen los paisajes
las hojas y las piedras.
Hasta la ceguera infinita.
Ha recorrido mucho desde la montaña.
Se ha detenido en los recodos.
Día y noche sin parar.
Monotonía y desvelos.
Muere en el mar.
Resucita en el mar
pero ya es otra cosa.
Nosotros mismos.

Una mañana de estas. Creo que fue la penúltima antes de dejar de recordarlas. Me interesé por la poesía nada más salir el sol. Salí de casa tan rápido como una tortuga por senderos de tranquilidad. Esos que van del bosque a la playa. Mañana intensa como una llovizna de sirimiri. Recuerdo que amaneció prosa y calma. Por eso me interesé por la poesía.

Miré la vida por el ojo de una cerradura y no lo vi claro. No es la forma más adecuada de mirar las cosas de la vida. Luego, pues, abrí la ventana de par en par y extendí los brazos y respiré profundamente. Fue otra cosa. Y es que la vida es como un ensayo. Un libro de autor. Con trazos poéticos, párrafos de suspense, fantasía, puntos y aparte y hojas todavía sin escribir.

Narrativa simbólica con mucha plasticidad de luz y color. Acontecimientos históricos, ficción de subconsciente y leyendas de crear intriga. Las cosas de siempre. He empezado el día con compromiso. Con ganas ilusionadas de adolescente. Sorteando tonterías. Me he parado a beber agua y el corazón se ha desacelerado. Dice el poeta que la vida es una carrera de fondo con obstáculos. Y que algunos no los podrás saltar nunca.

La vida necesita sensatez para poder mirar por la ventana y entenderla. Hay que controlar más las adherencias sentimentales. Los apegos y los sueños. La rutina y las costumbres. Y la magia del camino embrujado por el mar. Las tormentas domesticadas para que los días sean adecuados. Puedo hablar con el mar y con el viento porque no me son desconocidos.

La lluvia de barro que ha caído durante la noche lo ha ensuciado todo y ha dejado el camino resbaladizo. Piso con cuidado para no perder el equilibrio. Casi todas las olas que llegan son las mismas que otros días. Algunas son nuevas y delicadas. No me supone un problema estar solo cuando tengo la cabeza llena de cosas en qué pensar. Igual que tampoco me supone un problema vivir rodeado de mar. Aunque no siempre lleve olas.  

He abierto un libro con un comienzo clásico. De esos de "Erase una vez un bosque tan grande que llegaba hasta el mar..." La verdad es que erase una vez un mar tan grande que llegaba hasta el horizonte. Y mira que éste está lejos. La cotidianidad te hace ser más ágil cuando estás en la edad adulta. El poeta, como siempre, observa lo cercano, le pone rima y lo escribe. A veces lo escribe sin rima.

Decía que llevo varias cornadas en el cuerpo. Gracias a ellas he descubierto los burladeros. Que la vida también tiene. Y cuando hay tormenta procuro no estar en el agua ni dentro del bosque. Que los rayos sólo quieren agradar y no entienden de destrozos. Ahora mismo lo que me llama la atención es la actitud de las olas. El sol seca la tierra y se vuelve polvorienta. Hace tiempo que no llueve y la tierra tiene sed. Todos tenemos sed pero no siempre tenemos agua fresca para beber.

Algunos días pasan como el sueño inocente de un niño. A medida que crece los sueños son más responsables y más comprometidos. Desde hace un tiempo hay un mirlo sobre una rama de laurel que le canta al amanecer. Antes de que salga el sol. Libré una batalla conmigo mismo. El ganador y el perdedor fueron el mismo. Mi parte ganadora estaba satisfecha y la perdedora también por lo que había aprendido. Y yo tan contento.