miércoles, 21 de septiembre de 2011

Gonzalo

Es un personaje solitario. Enviudó joven y no supo rehacer su vida. O no quiso. No se. Vive en el quinto piso de un inmueble antiguo de una céntrica calle con poco tráfico. Vive en un tiempo pasado. Se llama Gonzalo pero es una mujer. Nadie sabe qué paso. Ella no sabe porqué se llama Gonzalo. Su padre pronunció mal el nombre o lo hizo aposta porque quería un niño. Quizá el funcionario del registro lo entendió mal o tenía mala letra y se leía mal. Fuera lo que fuese, ella, Gonzalo, lo tiene muy bien asumido y le da igual. Es una mujer vencida. Se ha tirado a la rutina porque ésta la mantiene viva. Le faltan afectos por la soledad de su existencia. Demasiado tiempo. Vive en un engaño como en el caso de su nombre. Mantiene unas excelentes relaciones inexistentes con sus vecinos. No mantiene vínculos afectivos porque ha perdido las costumbres sociales y no se acuerda de cómo se hacen las amistades. Vive consigo misma y le va bien.
Hoy su vida ha dado un salto cualitativo porque ha salido en televisión en el programa "comando actualidad". No sabe expresar sus sentimientos ni otras cosas de su vida y la periodista que la presenta se afana para arrancarle monosílabos y poco más. Su vida es de color gris. Ha renunciado a demasiadas cosas y no tiene ilusión ni siquiera para salir en la tele. En su casa nada destaca y nada sobresale. Una radio antigua le hace compañía porque la tiene encendida todo el día. Hoy, a Gonzalo, se la ve traspuesta. Su casa llena de gente, cables por los suelos, focos, micrófonos, maquillaje. Se la nota incómoda. Quiere que esto pase pronto y volver a encerrarse en su rutina que la mantiene viva.
Se la supone inteligente pero no destaca. Era profesora de instituto. Daba clases de refuerzo a alumnos con dificultad en el aprendizaje. Pero enviudó. Ahora no guarda ningún vínculo con el pasado. Su historia es un fracaso vital y social. Mantiene los valores que le inculcaron pero los tiene sin actualizar y sin homologar pero ella no lo sabe ni falta que le hace porque no se relaciona. Cuando tiene un problema acude a su vecino de rellano del quinto piso donde vive y éste se lo soluciona. Sube y baja por la escalera. El inmueble es antiguo y no tiene ascensor. Se ha vuelto pueril y no tiene conciencia de que existe para los demás. Hace tiempo que enterró toda esperanza de ponerse al día. El tumulto le produce horror y se le nota cuando la cámara le enfoca. Su estatus social es bueno y su nivel cultural también pero se ha propuesto vivir en un eterno crepúsculo y esto, en vez de perturbarla, la tranquiliza. Con todo este galimatías del programa sufre sentimientos encontrados y se lo cuenta a la periodista que la anima a desenclaustrarse.
Representa con valentía su papel de mujer que ha decidido vivir en una franquicia social precaria y a contra corriente hasta que un día dirá basta, o no, y cambiará a una vida social estresante. Lo bueno de todo esto es que no está regulado por lo que cada cual puede vivir la vida que quiera y como quiera o como pueda sin que la justicia le plante cara. No se deja influir por tendencias ni modas. La historia de Gonzalo no tiene mucho que contar. Con saber lo que hace un día sabes lo que hace siempre. En la intimidad se comenta que le ha dicho a la presentadora que quiere cambiar. Se verá. La chica que presenta el programa ha dicho que volverá sin cámaras y hablarán del tema. Hoy podría ser un buen comienzo para cambiar. Actualizarse. Conocer el estrés. Cambiarse de ropa cada dos por tres según la ocasión. Saludar al vecindario y hablar.  Ya se verá y lo contaremos. Salud.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Novela

Últimamente, en cualquiera de los textos que leo, encuentro alguna referencia a Flaubert. Será casualidad. Estas cosas ocurren en todos los ámbitos de la vida. Cuando alguna mujer está embarazada ve embarazadas en cualquier lugar y momento. Te compras un modelo de coche y por todas partes ves el mismo modelo de coche que te has comprado. He leído que Flaubert dijo que "la literatura es un castillo de palabras que se sostiene por sí solo". Es cierto. Sea el tema que sea que un autor trata en un libro, lo importante no es sólo el fondo de lo que quiere decir sino también la forma con qué lo dice. Lo que quiere decir es importante pero más aún lo es el cómo lo dice. Este es un tema que ya hemos tratado.
Lo importante es contar con un tema provocador. Es un buen punto de partida. Si no provocas -para bien o para mal- el lector pierde el interés y te deja. El proyecto tiene que estar estructurado y con un hilo conductor porque si el lector se pierde por el camino, también te deja. Los textos tienen que tener calidad y palabra llana y entendible. El lector no recurre al diccionario cada vez que encuentra sinónimos que no entiende por su uso infrecuente y cuando se cansa de estas palabras que no entiende y por no abrir el diccionario, pues te deja. Tienes que intercalar todo un catálogo de cosas que ocurren a diario y que rocen la obscenidad. Ocasiones macabras, violencia, reflexiones de la vida y la muerte, relaciones tortuosas entre protagonistas, desviaciones sexuales, sistemas y anti sistemas, amor y poesía y algunas dosis de humor bien intercaladas y muchas más cosas de esas que ahora estás pensando. Misterios y enredos que no tienen porqué terminar como uno desearía. Tienes que darle motivos de interés al lector.
A ratos, el lector tiene que estar de tu parte. Lo tienes de aliado. En otros momentos tiene que estar enfrentado a ti y tenerlo de enemigo y en algunos episodios lo tienes que tener desconcertado. Tema de actualidad y contado sin demagogia para que el lector tenga el momento "ahora mismo no lo puedo dejar porque estoy enganchado" y el momento "no pienso seguir leyendo esto". Cuando dice lo último es una buena señal porque has despertado un dilema en su interior y tendrá que seguir para solucionar el problema que le has causado. Las confesiones de los personajes tiene que ser de estos que no se cuentan a nadie porque el lector también tiene cosas íntimas de esas que nunca contaría. Si la novela o el escrito literario se entiende, se da por bueno. Si no se entiende aburre y se deja. Amores prohibidos, situaciones comprometidas y complejas, rayas rojas donde a menuda se camina por encima, cumplir la ley por un lado y saltarse algunas normas por el otro. Los personajes tienen que tener sus propias reflexiones a modo de ensayo que a buen seguro serán apoyadas y asumidas por los lectores. Otros, no estarán de acuerdo. No atiborrar de personajes ni poner nombres impronunciables porque el lector puede perderse ante tal cantidad de gente y llega un momento en que no sabe quién es quién. El lector tiene que ser una especie de detective en la obra para que vaya descubriendo detalles semi ocultos que lo mantengan interesado hasta la conclusión.
Estas novelas existen. Hay que saber encontrarlas, leerlas y disfrutarlas. Y seguramente, no los ha escrito Carmen Mola. Salud.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Agravio

Un autor literario ha escrito que ..."las personas que saben hacer cosas las hacen; los que no saben enseñan a otros a hacerlas; los que no saben enseñar enseñan a los que enseñan y los que no saben enseñar a los que enseñan se meten en política o en la judicatura que no requiere de casi nada...". El saber no vale, sólo vale el poder. Nada nos protege de la idiotez salvo la experiencia. Llega un momento en el que creemos que el mundo no tiene sentido y para escondernos de esta apreciación nos volvemos infantiles de tal forma que nos creemos todo como cuando los Reyes Magos o el Ratoncito Pérez.
Uno que asciende en la escala social en la misma proporción e intensidad que su incompetencia resulta ser un peligro. Sin éstos las cosas estarían mejor. El poder en mayúsculas, tendría que estar en los actos de cada uno. Sostiene este autor que los hombres somos animales programados para comer, dormir, reproducirnos, conquistar y asegurar territorio y los más hábiles -a saber, los más animales- lo están consiguiendo. Los supuestamente inteligentes nos dejamos engañar por los más hábiles, los que mejor desvirtúan las cosas y los hechos. Es lo que hay y es lo que tenemos. Es un terrible agravio a la naturaleza humana y animal. Es una contradicción. De seguir así nunca avanzaremos hacia la verdad, hacia lo bueno y hacia el bien. Estamos sometidos y sin capacidad de defendernos y de revolucionarnos. 
El dualismo cartesiano ha resultado no ser del todo cierto y además cursilón. Aquello de que "pienso, luego existo" es una pamplina pueril y tontorrona. Si piensas debes ser inteligente y si eres inteligente deberías rebelarte contra el sistema para poder existir. Estar vivo y hacer idioteces al dictado de los incompetentes no es existir, simplemente es vegetar alienado. Uno de los textos de Ramón Llull explica que un rey aquejado de la enfermedad de la muerte reúne a sus dos hijos porque quiere hacer testamento. Les pregunta qué prefieren heredar, un bien inmaterial como la sabiduría o un bien material como la riqueza. Un hijo quiere lo primero y el otro hijo quiere lo segundo. El rey consulta con los sabios del reino y firma el testamento dejando todos sus bienes materiales al hijo que desea sabiduría y al otro un sueldo vitalicio para sobrevivir y poco más. Acuerda en el testamento que sin sabiduría no se puede administrar la riqueza. La riqueza gobernada sin sabiduría se pierde en despilfarros y caprichos que aparecen oportunamente. Ramón Llull ya lo tenía claro, lo dejó por escrito y nosotros no hemos aprendido nada. Qué fatalidad. Habrá que tomar buena nota de quién gestiona bien los recursos materiales de que dispone y que no son sólo suyos sino de la comunidad. Nos jugamos el futuro. Salud.

lunes, 12 de septiembre de 2011

¿Cómo es él?

El cinco de Julio de dos mil once escribí una entrada sobre un retrato de Sinforoso. Alex solicitó, en un comentario, saber cómo era. Dije que lo miraría con calma y lo describiría. Es así.
Tiene rasgos de thriller y mirada autoritaria. Expresión genuína y atenta a todo lo que pasa a su alrededor. Provocativo cuando lo miras fijamente. Irónico y sarcástico. Antisentimental que no están los tiempos para tonterías. De trayectoria férrea. Sus ojos demuestran cierta incapacidad o dificultad para comunicarse y relacionarse y que da órdenes cortas y medio gritando. Su cara no despierta afecto ni ganas. No se le nota un semblante defensivo o resignado sino todo lo contrario. Como cabreado por la situación del momento y por su situación personal. Ni una arruga de fragilidad en su rostro. Sus relaciones humanas se me antojan difíciles. No le veo empatizando con la gente. Si le veo un punto de cabronazo de cuidado de esos que no aceptan un no salvo cuando es no y punto.
Visto con detenimiento se le aprecia cierta simpatía con la república y seguramente fue encarcelado y maltratado hasta el abuso por todo ello. En el fondo está claro de que es una víctima inocente y atropellada por la vida. Por eso, su mirada no es real. Es una pose que no se corresponde con la realidad. Es un retrato. Hay que quedar bien. Su semblante es fotogénico cuando es auténtico y nada evolucionado. Pero ahora toca estarse quieto.
Según cambio de sitio para volver a contemplarlo desde otro ángulo, Sinforoso te da pistas sobre su verdadera identidad. Sobre cómo es en realidad. Es consciente de lo que significa ser inteligente frente a los tontos que son más y dominan, ser negro frente a los blancos, ser mujer frente a los hombres, ser normal frente a la clase política o ser china en China. Sinforoso es de estos que piensan. Sabe cual es su sitio y dónde están sus límites. Es hombre de pocas palabras y ninguna broma. Las cosas se dicen una vez porque se dicen tan claramente que hasta un imbécil lo capta enseguida. Su frente es ancha y sus ojos están casi escondidos debajo de unas pobladas cejas. No se aprecia capacidad excesiva de pensamiento profundo ni lucidez para extravagancias. Lo justo para sobrevivir el día a día. No es anónimo. Todo el mundo le conoce y ahora con su retrato expuesto ya es famoso porque su hijo lo ha hecho famoso.
Seguramente fué un héroe de esos de trabajar duro toda su vida para sacar adelante a la familia y la hacienda. Su cara no es única pero se explica bien. De tierra adentro. De andar mucho y trabajar más por estas árias tierras manchegas de Tomelloso. De descansar lo justo y de ser justo. El traje que lleva es el de ir a funerales y otros festejos religiosos a los que uno va por cortesía aunque nunca por convicción. Este es Sinforoso. Esto es lo que se capta cuando lo miras fijamente en su retrato. Se siente el centro de todas las miradas y esto llega a molestar por falta de costumbre. Salud.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Lu Ji

"Si una obra no trata, desde cualquier ángulo, la problemática esencial del ser humano, pierde la oportunidad de poder decir lo que debe decir. Para que la palabra cumpla su objetivo de provocadora y agitadora de todos los sentimientos, ésta tiene que situarse en la verdad".
Esto escribió Lu Ji en el siglo tercero después de Cristo durante el reinado de Jin Wu Di -fundador de la Dinastía Jin-. Escribía sobre el arte de la escritura. La escritura en China mantiene un género complicado de entender aquí y que no podemos clasificar porque aquí no se practica. Simplemente engloba todo lo que conocemos en las áreas del saber. Narrativa, biografía, historia, relato, poesía, filosofía, ensayo y todo lo demás que conocemos genéricamente como literatura. Escribir tiene que ser algo polivalente. Se escribe de todo lo que uno quiera pero aglutinando todos los géneros que aquí tenemos perfectamente clasificados. La escritura entendida como arte. Este es un tema recurrente en varias culturas y de ello ya se ha dado debida cuenta en este blog (programa) con Ramón Llull, por poner un ejemplo. Cada cosa que se escriba tiene que aportar datos biográficos e históricos de quién escribe o de quién se escribe. Hay que narrar una historia o relatar algo que interese. El que escribe debe dejar al descubierto su ideología y su filosofía de vida a través de sus reflexiones y de su ensayo. Tiene que cultivar la poesía en cualquiera de sus formas. El resultado final son estos maravillosos escritos chinos que tanto nos cautivan en occidente.
Si escribir es un arte, el que escribe es un artista y tiene que dar buena cuenta de ello. Si uno no tiene la capacidad de transmitir, mejor que no escriba. Que se calle. Que enmudezca y no diga nada. Si por el contrario hay algo que decir lo dirá quien tenga la capacidad de expresarse y de hacerlo con cuantos mas registros literarios y de comunicación se puedan aportar para un mayor deleite de quien lee y quiere percibir la obra. La teoría está muy clara y no ofrece ningún lugar a dudas. Otra cosa bien distinta son las capacidades de cada cual a la hora de hacerlo.
Aquí en occidente mucha gente confunde esto. No lo entiende y escribe, dice y opina de cosas que no sabe y que desconoce. Nada interesante que decir pero hay que decir, pues se recurre al subgénero literario rosa o amarillo. Titulares grandes y huecos. Carentes de significado. Fotografías grandes pero borrosos para confundir y un pie de foto que diga lo que queremos que la gente entienda al margen de que sea verdad o no. Es pura mierda porque el que la escribe va de diarrea y ni siquiera se molesta en disimular. Es una especie de humo pestilente que provoca tos, te nubla la vista y no te permite razonar y entender. Son ocurrencias carentes de gracia y por eso no gusta. Bueno, a alguien le debe de gustar porque se vende. Tener dinero para comprar esto no implica tener inteligencia para entenderlo ni tener estómago para digerirlo. Cuando alguien no tiene el don de entender la buena literatura o la obra bien escrita, en lugar de comprar la porquería antes mencionada, siempre tendrá la oportunidad de entrar en una perfumería y gastar el dinero en un buen desodorante, por poner un ejemplo que no moleste ni pueda herir sensibilidades.
"Hay que pensar y escribir con sabiduría, lo cual no tiene que ver ni con la inteligencia ni con la creatividad, sino con el equilibrio". Recomiendo alguna lectura de Hiromi Kawakami. Sus escritos tienen este equilibrio porque están escritos con el corazón y le salen del alma. Daros esa oportunidad y ya veréis. 

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Embustes

He leído sobre un sociólogo de esos de ciudad que ha invertido horas, días y meses en observar, tomar notas, retocar hipótesis y sacar conclusiones sobre algo que ha venido en llamar "la desidia del ciudadano". Resulta, según este estudio, de que la genta ya está harta de tanta ineficacia de las instituciones públicas y de sus dirigentes. De estos que gestionan nuestra vida pública. Hay desconfianza. No hay credibilidad. Se deja entrever cierto pasotismo hacia este tipo de personas que ostentan un cargo que no saben desempeñar. Ha llegado a la conclusión que la ciudadanía prefiere el embuste o la mentira fácil y cómoda a cualquier tipo de verdad.
Dice este experto que cuando escuchamos la verdad no la creemos y damos por hecho que nos acaban de endosar una mentira más para su beneficio. Si nos mienten pensamos que nos mienten y si nos dicen la verdad pensamos, igualmente, que nos mienten. Sea una cosa o sea otra el ciudadano siempre da por bueno la mentira que queda automaticamente asumida y no nos molesta. Esto tiene un peligro y es que a día de hoy damos por hecho que ser dirigente de nuestra vida pública lleva implícito ser embustero y mentiroso compulsivo. Ser dirigente político y decir la verdad no existe porque no es posible. Nuestra mente no lo reconoce y hemos llegado a esto por la falta de costumbre. Se concluye que una persona de bien y que siempre va con la verdad por delante nunca podría dedicarse a estos menesteres o gestión pública.
La sociedad se ha instalado en la mentira y en el embuste como forma natural de convivencia. Es normal ver a estos dirigentes tomar la palabra para insultar o descalificar. Gente con carrera pero sin educación. Y para que no nos salpique vivimos en el anonimato y ni siquiera nos manifestamos para demostrar nuestro descontento. Algunos se limitan a decir que estan indignados y poco más. Se prostituyen en sus cargos para llevarse un dinero extra. Nos mientes nuestros dirigentes, nos mienten los contertulios televisivos o radiofónicos, nos mienten los invitados a tal o cual programa para dar espectáculo y cobrar más. Al final nos hemos acostumbrado a la mentira, al embuste, a no decirlo todo o decir demasiado para confundir y cuando alguien dice la verdad no se la cree nadie porque hemos perdido la capacidad de discernir la verdad de la mentira y damos por buena la segunda.
Concluye el trabajo diciendo que esto no resulta bueno porque ya no nos comportamos como personas sino como personajes de una obra de ficción. Los libros son de ficción. Las películas también. Las fotos están retocadas. El engaño se ha instalado en nuestras vidas y desconfiamos de todo pero nos va. Esta conclusión es tan lamentable como verídica aunque algunos ingenuos quieren regenerar esto de la vida política. Pretenden lo imposible. Nos quieren vender la utopía a precio de realidad.
Mientras, el ponente del trabajo contaba en televisión una experiencia personal, el público votaba si lo que contaba era cierto o no. Verdad o mentira. El voto masivo fue de que lo que contaba era mentira. Él demostro, con notario incluído, que era verdad. El programa siguió y la gente siguió votando que era mentira. Salud.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Cosme Perez

Los sueños de Cosme Pérez es una obra de teatro que vi en Almagro hace unos años. Una de las mejores obras y una de las mejores interpretaciones que seguramente he disfrutado. Sin duda ha sido la mejor interpretación que he visto en teatro. 
Un escenario sobrio en el patio de Fúcares. Sobre el escenario un personaje llamado Cosme Pérez. Un baúl con distintas ropas y un candelabro con tres velas para iluminar la escena.
Cosme es un actor que han jubilado por edad, venido a menos, y que dispone de tiempo. No tiene casa y mal vive en los sótanos de un teatro. Sólo tiene lo que lleva puesto y come de la mendicidad. Por las noches sale de su cuartito y sube al escenario. Cada noche representa un personaje de los miles que conoce y que nunca representó. Siempre les tuvo ganas pero nunca le dieron el papel y nunca tuvo la oportunidad. Ahora tiene tiempo, oportunidad y vestuario. Se viste según convenga en la obra y sale a escena. Se dirige al público que no hay pero que él siente y dice: "no estás derrotado cuando pierdes. Estás derrotado cuando te das por vencido. Y este no es mi caso" y empieza a representar con todo su buen hacer y su experiencia. Se deja el alma y lo vive como si fuera el día del estreno. Al finalizar la representación dice aquella frase de Oscar Wilde: "es terriblemente triste eso de que el talento dure más que la belleza y la edad". No le falta razón. Se sienta en el suelo y se pone a llorar mientras escucha los aplausos silenciosos de un público que no está pero que él siente. ¡Bravo maestro! Bravo!
Paralelamente y como actividad literaria se desarrolla una mesa redonda en una de las salas del antiguo hospital de San Juan. Son varios escritores que expresan en forma de lectura el prólogo de un libro importante que no tuvieron oportunidad de hacer y que seguramente siempre le tuvieron ganas. De un libro y un autor importantes de las letras españolas. Es un símil con lo de Cosme. El prólogo que nunca fue ahora es posible. Van a prologar en público y en voz alta obras de literatos de la altura de Lope, Góngora, Calderón, Tirso o el mismísimo Cervantes. Es todo un reto y ellos lo saben y por esto se han afanado para hacerlo lo mejor posible y agradar. Este era el caso y en esto estuvimos.
Se trata de un texto preliminar y singular que suele escribir alguien conocido del autor y en el que se ensalzan las virtudes de la obra y de quien la ha escrito. A menudo se confunde con la introducción o el prefacio y esto no es así. Es una experiencia interesante tanto para el que escribe como para el que escucha. El que escribe tiene que decir algo importante y sobre todo innovador sobre el autor a sabiendas de que seguramente se ha escrito mucho o casi todo. Hay que demostrar maestría e ingenio, como Cosme, para atreverse a algo así. No te puedes permitir el lujo de defraudar al respetable que abarrota el local y con todos los sentidos puestos en el qué dirás de tal o cual obra y de su autor. Tiene que ser una crítica constructiva sobre alguien a quién todo el mundo conoce y sobre quién se ha dicho tanto que casi no queda nada por decir. Para bien y para  mal. Son textos escritos para la ocasión con todo esmero y mil veces corregidos. Son un permanente borrador hasta el día de su presentación. El público es lúcido y exigente.
Al terminar la gente se rompe las manos en aplausos. Ha sido un éxito. Este mundo de la cultura y de la mierda, en cualquiera de sus formas, nunca me deja de sorprender. Salud.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Muerte digna

La ley de muerte digna, testamento vital y su aplicación han resultado mas complejas y complicadas de lo previsto en un principio por los conflictos éticos y morales que genera en algunos miembros de la sociedad. Demasiada gente quiere opinar y esto está muy bien pero es que demasiada gente cree estar en posesión de la verdad, que lo que dice es lo que vale y esto no es así. Todo el mundo alardea de conocer perfectamente el significado de las palabras ética y moral y cada uno lo interpreta según le va e incluso decide si una cosa es buena o mala bajo su punto de vista. Tampoco es así. Cada uno tiene sentimientos y según estos sentimientos la balanza se inclina hacia el lado del bien o hacia el lado del mal. Siendo así las cosas se me antoja que esta ley que se ha aprobado con un mínimo consenso dará mucho de qué hablar -de hecho ya está pasando- y será conflictiva a la hora de aplicarla. Nos movemos en un plano más metafísico y espiritual que científico y técnico o de sentido común. Cuando uno camina por el plano espiritual le salen ampollas en los pies y en la conciencia. Entonces es cuando empieza a andar mal y a pensar peor.
Hay sanitarios que por el simple hecho de tener un título y de llevar una bata blanca se creen estar en el camino correcto que Dios nos ha marcado. Hay familiares que por ser los más próximos del moribundo saben que la ley les ampara y toman decisiones -a menudo incorrectas y equivocadas por estar mal asesorados- pensando que lo hacen bien. Para evitar esto se ha desarrollado el texto de muerte digna dentro del marco de la ley de testamento vital. Curiosamente no está resultando ser muy efectiva, mas bien al contrario. Yo personalmente estoy confundido con la ley y no precisamente por falta de experiencia en este tipo de cuestiones y situaciones.
La opinión del médico no debería de prevalecer porque por sus principios éticos y morales hará todo cuanto esté en su mano y más para mantener a la persona con vida, a costa de lo que sea, que es lo que se ha venido en llamar ensañamiento terapéutico. La típica frase de "en mi turno, no". Tampoco debería de prevalecer más la opinión de los familiares que por su proximidad con la persona moribunda no podrán ser objetivos en sus opiniones y decisiones que aunque sean equivocadas estarán llenas de buenas intenciones. El médico está al servicio del paciente -nunca al contrario- pero muchos todavía no lo saben.
El otro día unos familiares han obligado por ley a los profesionales de la sanidad a retirar una sonda de alimentación a su madre de noventa y un años y moribunda de una patología irreversible. La mujer en cuestión había dado instrucciones de tener una muerte digna -o esto dice su hijo-. Reflexiono, pues. ¿Es más digno morir en la cama de un hospital a morir en tu cama de tu casa y rodeado de los tuyos? La sonda no porque ella no quería pero que se muera en el hospital que seguramente tampoco quería. Sus hijos, evidentemente, no la quisieron entender. No quieren sonda de alimentación pero permiten sonda urinaria y que lleve un suero. Eso no es muerte digna. Aquí hay que pensar mucho y no dejarse llevar por tonterías. En este caso concreto estaría indicado retirar todo y dejar una palomita subcutánea para control de dolor y sedación. El moribundo no sufre porque no se entera. La paciente, de todas formas, se morirá dignamente -o más dignamente si cabe- pero por su patología. A ver si esto nos sirve a todos para reflexionar y ponemos un punto de cordura a esta ley y dejamos el asunto en manos de un comité de ética nombrado por el propio hospital para que ningún profesional tenga que asumir toda la responsabilidad solo. Esta ley y quien la suscriba como beneficiario es para no tener que pisar el hospital en los supuestos marcados y que alguien acuda al domicilio a tratar esos últimos momentos de la vida de uno. Salud.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Conciertos

Es verano -todavía- y los conciertos al aire libre se suceden. Hace unos días era en Costa Nord con Los Valldemossa y sus "moments d'estiu". Buenísimo y novedoso como siempre y por el tipo de canciones que se interpretaron. La nostalgia sobrevoló el anfiteatro una vez más. Ellos con la auto estima por las nubes después de recibir todos los reconocimientos de su pueblo.
Todavía  con la flauta de Tomeu  en los oídos y nos metemos de lleno en la magia de Pablo López. El lugar acompaña y la noche también. El título no puede ser más sugerente a la vez que real, "a la llum dels estels". Un recorrido por la noche. Un recorrido por todas las noches de todos los que estábamos. Un recorrido por las emociones y los sentimientos que la noche conlleva y evoca a cada uno. Pablo volvió a echar mano de la magia y nos menguó o anuló el sentido de la vista, el gusto y el tacto. Con los dos que nos quedaban nos bastó para lo que se pretendía; que fuera la luz de las estrellas y algunas velas y antorchas las que se aliaran con la música y con las canciones. Es más, en una esquina del castillo de Son Mas había un fuego encendido que de forma prodigiosa dejaba escapar distintos olores que cada cual mezclaba mentalmente con la música y cuyo resultado final fue una vuelta a la niñez, a la infancia, a la adolescencia, a la juventud y a la edad adulta. El público entregado y agradecido estableció una reciprocidad. La silueta de Pablo moviéndose por el escenario interpretando con galanura dejaba entrever su entrega. El pianista decía tanto con sus movimientos contorsionistas como por los acordes que sus manos le arrancaban al piano. Sólo tenía cara y brazos, el resto se lo había tragado la oscuridad.
Un repertorio coleccionado con inteligencia y trabajado al detalle. Todo un festival o conciertazo que lo graduó con matrícula de honor. El acto fue seguido intensivamente y en penumbra. Tuvimos que echar mano del oído y del olfato y fue toda una experiencia novedosa que no será fácil olvidar. Los aromas se mezclaban en el aire con las notas musicales y el canto y Pablo consiguió el efecto deseado. El tiempo que duró fuimos transportados a nuestra infancia con canciones de cuna, a la adolescencia con las "paraules d'amor" de Serrat, a la juventud con "amanecí en tus brazos" que me estremeció y canté con él esta canción que habré escuchado cientos de veces de la voz de Mari Trini.
No fue una interpretación sencilla o simple. Los numerosos factores que influyen e intervienen en una obra escénica como esta requiere de una actitud activa por parte del espectador menguado de algunos de sus sentidos, en penumbra, para activar sensaciones y estimular impresiones y sentimientos. El planteamiento musical fue hábil porque siguió escrupulosamente el hilo conductor de todas aquellas cosas buenas o malas que evoca la noche. Repertorio variado para no cansar. Menos lírico que en otras ocasiones y los aromas que salían de la hoguera y que el aire esparcía por todo el recinto facilitó que cada uno recordara sus buenos momentos pasados a la luz de las estrellas.
Pablo López, si sigues así ya no tendré palabras para explicarte porque ya me cuesta y no puedo hacerme repetitivo porque tu no te repites. Fue tu voz, fue la música, fueron los olores, fue la oscuridad de la noche. No se qué fue pero el conciertazo tuvo magia y la magia es complicada de escribir. Mi mención a la creatividad, personalidad y madurez en la interpretación al piano. El premio fue inmediato. El público, puesto en pie, ovacionó merecidamente la actuación. Salud.

lunes, 29 de agosto de 2011

De plagiador a imbécil

He andado un poco engañado en mi vida y actividad literaria con algún pseudoescritor que ha resultado ser un indigentes de las letras y un okupa de textos de otros. Ha estado en un lugar privilegiado y al que he relevado de forma fulminante. Lo he tachado de la lista de autores a los que debía de leer. Le he despedido sin darle el tiempo que la ley indica. Lo considero un despido procedente porque yo elijo a quién leo y a quién no. He sido un ingenuo y lo reconozco pero para alguno, esto se ha acabado. Estoy convencido de haber tomado la decisión acertada e incluso estoy dispuesto a soportar las críticas de otros sin despeinarme. Me atrajo como un imán pero ni él ni su obra -parcialmente copiada- nos une nada en este momento. Por fín mi conciencia menguada ha despertado a un estado de alerta. La gente, a menudo, sabe poco de otros con seguridad pero a alguno su actividad le delata y queda al descubierto. Nada me impide ya seguir mi actividad y mi relación con la literatura a pesar de él. Sin él. Ya no existe. Intentaré mandarle un estropajo con lejía para que se límpie su lengua, su conciencia y su pluma. Sus tiempos en la guerra le debieron descolocar las neuronas y ahora sale a la luz tal desaguisado. Necesita tratamiento y él no lo sabe. Sus escritos malintencionados son de sonrojo. Pudo llegar a ser mi escritor suplente de cabecera. El que dejas que te cuente de todo justo antes de dormirte. Nunca tuvo ese privilegio -por suerte-, sólo lo tiene Cervantes y ahora ha perdido toda oportunidad de ser, algún día, el suplente. Su último escrito ha sido el suicidio literario. Por lo menos en mi caso. Se ha comportado de forma despiadada y está haciendo un mal uso de su sillón de la RAE que al reirle las gracias sus compañeros e incluso el director se han hecho cómplices y la institución ha entrado en decadencia. Ha obrado de forma coberde aprovechándose del púlpito que tiene y de su trayectoria que de cada vez está más cuestionada. Ha traspasado la línea ética y se ha convertido en escritor mediocre aunque la ley de libertad de prensa le ampare. Yo no. No soy tan benévolo y he dictado sentencia. Sus libros a deixalles y sus artículos deseo que provoquen escozor en el esfinter anal a quién los lea. Se comporta como un verdugo que sabe que por mucho daño que haga, el reo nunca le contestará. Es un franco tirador que dispara seguro y que desde la lejanía no corre peligro. Pero se ha equivocado. Ha pronunciado insultos con solemnidad dominical y el un blog que no admite comentarios. Lo he dicho antes, un cobarde. Arturo, ya eres un recuerdo. Salud.