martes, 5 de octubre de 2010

Cádiz 1810

El pasado 24 de Septiembre hemos celebrado el bicentenario de la primera sesión de las Cortes de la Isla de León en 1810. En la Iglesia Mayor de San Pedro y San Pablo fue donde los diputados de 1810 juraron sus cargos. Posteriormente y durante cinco meses se reunieron en el Real Teatro de las Cortes de la Isla de León, hasta que finalmente se trasladaron a Cádiz.
Como no podía ser de otra manera, el acto de conmemoración fue presidido por el jefe del estado y los presidentes de las Cortes actuales -del congreso y del senado-, tambien se encontraban la caducada presidenta del Tribunal Constitucional, el presidente del Consejo General del Poder Judicial (reconocido activista anti Garzón), el presidente de la Junta de Andalucía, una ministra, el alcalde de San Fernando y la plana mayor de los uniformados y de los de la sotana y la mitra. No faltaron los periodistas que cubrían el acto y parte del pueblo arrinconado en las aceras, detras de unas vallas, por lo de la seguridad.
El jefe del estado, en su alocución, destacó la importancia de estas cortes de Cádiz y de la Constitución de 1812, pionera en muchas cosas y semilla de la actual. Quiero destacar de aquella Constitución la división de poderes dentro de la estructura del estado, la libertad de expresión y lo más importante, el artículo que hace mención explícita a que la soberanía nacional radica en el pueblo y no en sus dirigentes.
Me duele mucho que tan importante evento de la historia de España no contara con la presencia del presidente del gobierno, de todos sus ministros, de todos los diputados y tambien la libre asistencia del pueblo soberano. Es tal la importancia del acto que se conmemoraba que el presidente del gobierno, sus ministros y todas sus señorías tenían la obligación de asistir y no estaban ni se les esperaba. Los que no faltaron fueron los uniformados y los de la sotana y mitra. Los primeros, incluso, desfilaron en parada militar con blindados incluidos y los otros haciendo bulto pero sin desfilar esperando la hora del papeo. Agravio comparativo de incalculables consecuencias en un pais laico donde los ministros juran su cargo delante de un crucifijo (seguramente el que han quitado de las escuelas). No quedó compensado. Los de la sotana tenían que haber desfilado con la custodia sobre un blindado y ellos, haciendo de costaleros, portar el palio. Pero claro, para esto están los pecadores que tienen que redimir culpas. Tal cosa no ocurrió por suerte de los que nos ruborizamos fácilmente. Tampoco estaban invitados los franchutes que por aquellas fechas nos tenían invadidos pero no divididos.
Era la fiesta de la democracia, de las cortes, de la constitución, de los diputados y del pueblo y el resultado no pudo ser más desolador. Espero y deseo que para el tricentenario se reconduzca el acto a lo que debe de ser y estén todos los que deben estar. Hay tiempo para prepararlo. Salud.

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