jueves, 6 de septiembre de 2012

Ha refrescado

El tiempo ha cambiado. Lo noto en el ambiente y en las personas. Llevan una rebeca de buena mañana. Yo también para que no se me vea la carne de gallina. Los termómetros empezaron a bajar hace unos días cuando empezó a llover. Perdón, quería decir a diluviar. Lapsus. Que cuando tenga un minuto terminaré el "Arca de Noe II" y abriré un hotelito rural en el jardín de mi casa. Di buena cuenta de ello en Twitter. Si no te enteraste en porque no me sigues. Tu verás.  Las primeras lluvias de final de verano siempre son relajantes porque limpian el aire. El olor a tierra mojada provoca inspiración. Poesía. Pone los sentidos en estado de alerta. ¡Aaah! Pero a los dos días de diluviar de forma ininterrumpida ya no era lo mismo. Volvió la crispación habitual de los que no saben vivir. Huele a charco y a tierra inundada. Huele a delito ecológico que quedará impune porque los cauces de los torrentes estaban sin limpiar. Los que nos gestionan la vida no saben gestionarnos las desgracias. Pero mandan. Las temperaturas siguen bajas y esto es bueno. Las nubes se han retirado hasta el horizonte y se han quedado a la espera. Me dicen que el horizonte está lejos. Me dicen que el horizonte está cerca. Creo que el horizonte está donde uno quiere que esté. El sol vuelve a ganar espacio y tiempo pero no es el mismo de antes. Casi no molesta. Ahora se deja acariciar cuando hace unos días nos escondíamos de él.
Y como quien no quiere las cosas ha llegado Septiembre. Ya lo advertí, "llegará Septiembre", aunque me refería a otras cosas. Ahora somos más pobres. Empezaré a recortar en cosas supérfluas. Nunca en cosas importantes como hacen nuestros gobernantes. Una buena política doméstica de ajustes. Caiga quién caiga. Yo sé quién caerá. Aunque seamos más pobres nuestro espíritu sigue inalterable y el estado de ánimo y la autoestima suben a la par que la prima de riesgo. Aunque no se parecen en nada. Los amigos que escriben cosas interesantes siguen igual que antes de que empezara Septiembre. Lectura obligada. Un conocido prejubilado a veces conversa conmigo. Sabe que escribo cosas y le recomiendo cosas mías y de otros. Lee con ganas. Es intelectualmente modesto y hay escritos que no los entiende. Se parecen más a una tesis doctoral que a una novela. Está cansado de tener que recurrir al diccionario en cada párrafo. Se queja. Es un depredador de libros y me sugiere que escribamos de forma llana y didáctica. Que se entienda a la primera. Tiene razón. No podemos marginar ni despreciar a estos lectores. No los podemos echar fuera del circuito a la primera curva. Autor, escritor, libro, lector, satisfacción, etc. Hay que esmerarse porque si se aburren lo dejan. Poder leer es un derecho. Una boca sin dientes no puede comer de todo por mucha hambre que tenga. Pues igual. A veces somos elitistas. Ya hay muchos. Empezaremos a contrarrestar y a equilibrar. Ordenar las ideas  y la escritura para que mi conocido y sus amigos nos puedan leer.
Y mientras el tiempo ha refrescado. El calor volverá pero ya no será como antes. El verano agoniza. Otoñea. Los escolares preparan sus mochilas. El nuevo curso está a la vuelta de la esquina. Nosotros volveremos a la playa a refrescarnos y a relajarnos. A leer un libro sobre la arena. Ha chapotear. A lucir barriga cervecera. No a matar el tiempo sino a hacer tiempo. Es más estético. A hacer tiempo y conseguir que los días tengan más de veinticuatro horas. Ahora trabajo más horas. Ahora tengo menos tiempo para ocio. Pero las twittertertulias seguirán inexorablemente. El blog verá nuevas entradas. Habrá que hacerlo con menos tiempo. La larga y aburrida crisis que los políticos nos han montado no nos doblegará.
Leo un artículo sobre los abuelos. Esos imprescindibles desconocidos. También se han echado a la calle. Protestan y reivindican sus pensiones y sus medicinas. También se han echado a los parques porque están pluriempleados. Canguros de los nietos y padres de sus hijos. Sus hijos trabajan precariamente o trabajan buscando trabajo. Son incluso protagonistas destacados de buenas novelas de ahora mismo. Algunos se han echado a la calle porque les han quitado la casa. ¡Joder con la justícia social! Los bancos recibiendo rescates y no tienen narices de rescatar a los ancianos. Nunca nuestros ahorros a ningún banco que practica el desahucio. Me he desviado y eso último que he escrito no es literatura. Es basura de actualidad. Decía que ha refrescado porque se nota en el ambiente y en lo que escribo. El las rebecas y en el sol que sale más tarde. Y como el sol sale más tarde el verano ha decidido marcharse a otro lado. La alternancia es buena. Siempre. Cuando recogen a sus hijos, los abuelos recuperan su tiempo. La jubilación implica un grado de sabiduría. La perspectiva es mayor y eso ayuda. Voy a ir cerrando para no mezclar. Los abuelos viven inteligentemente con un punto de diversión y de ingenio. Eso hablan entre ellos y será verdad. Sólo mienten en el tamaño de los peces que pescan y en el número de tordos que han cazado. En esto no son de fiar. Salud.
 

4 comentarios:

  1. Con lo que me gustaba a mí que me acariciara el sol antes de las vacaciones, las pocas veces que salía a la calle. Y después, cuando pude salir más, el sol había cambiado. Ya no era el mismo... Qué bien que esté volviendo a amansarse.

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  2. ... Creo que el horizonte está done uno quiere que esté... Genial!!! Y como poco que nos sirva para caminar, aunque no lleguemos nunca, al menos caminemos.

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  3. Joan Carles, efectivamente el horizonte lo colocas tu dónde quieras. Creo que tienes la obligación de llegar hasta él. Esta es la idea central. Si no llegas, por lo menos habrás hecho camino. Experiencia y esas cosas. Gracias por escribir y entender el mensaje.

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  4. Con la que les está cayendo a los abuelos, creo habrá que perdonarles que mientan en el tamaño de los peces y en el número de tordos que cacen, a ver si cazan un tordo grande (rajoy,bauzá....etc.) que además de molestar seguro no saben a nada.

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