miércoles, 6 de febrero de 2013

Convención

Entré en el hall del hotel por una de esas puertas giratorias que ahora ya no se empujan porque son eléctricas y se mueven solas. Resulta divertido andar por dentro de la puerta hasta llegar al otro lado. Un hall espacioso con muchas zonas decoradas de distintos motivos. Con butacas, algunas sillas y sofás. Mesitas, algo de decorar y prensa. Cada zona con un encanto distinto pero igual de acogedor. Mucha gente a esta hora de la mañana. Griterío con sordina para no molestar y parecer educado. Griterío al fin. Todos hemos venido a lo mismo. Intercambiar ideas, encontrarnos con amigos, defender postulados. Trabajos, ocurrencias y un pequeño afán de destacar. Ser o parecer alguien.
Ascensores saturados de gente que sube y baja de sus habitaciones. Cola en los mostradores para conseguir habitación o información. Trasiego de maletas de un lugar a otro y todas esas cosas que ocurren antes de empezar una convención. Los que ya están instalados descansan en butacas o sofás entre amigos y conocidos. Relajadamente. Hablando de temas diversos para entrar en materia o ya metidos en ella. Otros, en lugares separados, manipulan artilugios electrónicos de última generación. Otros hacen como que leen los titulares del día y miran de reojo o por encima del periódico. Hay que reconocer el ambiente antes de mover pieza. Información del evento. Llamadas de móvil para quedar o para decir que ya han llegado y están bien. Cosas, al fin y al cabo, que te permiten estar ocupado cuando quieres que estar desocupado pero no quieres que lo parezca.
En un apartado a la izquierda según se entra por la puerta giratoria que gira sola se encuentra la cafetería. Casi llena. De esas de camareros con delantal blanco hasta los pies. Camisa blanca y pajarita negra, lazo negro en el antebrazo izquierdo y visera. Mesas de hierro y mármol y sillería noble. Un lujo. Grandes lámparas de luz tenue que evita sombras y moqueta roja que esconde el ruido de las pisadas. Gran ambiente entre los asistentes que consumen cafés y bollería diversa. Chocolate con churros y otros combinados de colesterol y pecados de gula. Incluso algunos vacilan dieta con infusiones y tostadas. Todos han dejado claro que a una convención no se va con prisas.
Caras nuevas y caras conocidas. Los consagrados intentando mantener  nivel y los novatos buscando un hueco y una conversación para darse a conocer y, si es posible, impresionar. Algunos que ya están en retirada han venido para dejarse ver y conseguir alguna aparición mediática. Un final digno. Se ha venido a hablar de literatura basada en las humanidades. En la entrada hay un gran mural con el eslogan "La filosofía es una disciplina imprescindible para la iniciación del pensamiento creativo y positivo". Hoy se ha venido a hablar de eso. En el ambiente de muchos preocupa el hecho de que se utilice a la filosofía sólo para hacerse preguntas y que se delegue la respuesta en las ciencias. El sentir mayoritario es que, además de preguntas, hay que ser valientes a la hora de dar las respuestas adecuadas. La ciencia avanza con paso firme y sin parar. La filosofía y la literatura basada en las humanidades llevan un paso más lento y con el nuevo plan de estudios la van a finiquitar. Esto preocupa.
A la gente le gusta los corrillos que se forman. Se paran. Escuchan. Alguno se atreve a decir algo. Los pilares están bien fundamentados. La convención tiene historia. Todo se razona. Pero hay espacio para terreno resbaladizo. La ética y la moral son tentáculos que hace falta domesticar. Hay que tener dominio de la lengua para no decir incongruencias. El punto de vista de partida es especial. Se pueden confundir conceptos y entonces se evidencian disconformidades. Estas cosas dan vida a la convención. Ya no se lleva el "de dónde venimos y a dónde vamos". Ahora se llevan las conductas humanas en un mundo convulso y en crisis. El respeto por las personas y las civilizaciones. Hay margen para discutir y llegar a acuerdos. Doña Pilar es una señora madura que lleva muchos años en esto. Habla con madurez y con la sabiduría del sentido común. Los aistentes la buscan para conocer su opinión.
Doña Pilar toma una caña y unos cacahuetes. Nada de chucherías infantiles. Se concluye la jornada pasando a limpio lo hablado y escuchado. Hay que desechar los pensamientos inútiles, estériles y distorsionadores de la realidad humana a través de esa literatura basada en las humanidades y la filosofía. Salud.

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