jueves, 19 de diciembre de 2019

Hipocondríaco


¡Hola, me llamo Antonio y soy hipocondríaco!

Desde hace un tiempo asisto a sesiones grupales de mejoras de calidad de vida y apoyo psicosocial para personas con baja autoestima.

Yo, que estoy enfermo y no he podido curarme ni con ayuda profesional doy consejos a otros que tampoco se han curado ni con ayuda profesional. Y viceversa.

Ser hipocondríaco viene a significar que pienso que padezco de todo cuando en realidad no tengo de nada. El médico que me lleva sabe que no tengo de nada y cada vez que me visita me pide de todo. Los resultados siempre son normales.

Visito las urgencias con regularidad. El médico que sabe que no tengo de nada me solicita de todo con regularidad. Esto es ser hipocondríaco. A veces pienso que está peor el médico por hacer lo que hace que yo por pensar en lo que no tengo. De momento progreso adecuadamente. O sea, sigo igual de lo que no tengo.

Ahora que ya conocéis parte de mi vida sana pero que me mantiene constantemente enfermo os cuento mi última visita a urgencias. Todo lo que cuento es así. Cuatro horas y pico de espera porque me han asignado un nivel cinco. Aprovecho para relacionarme con otros sufridos aspirantes a ser visitados por un especialista.

¿Qué tal estamos, Antonio?

Creo que tengo una enfermedad nueva.

¡Tranquilo! Seguramente no será nada. Odio esta frase. Nunca es nada. Tenía un amigo que no tenía nada y hace una semana lo incineramos.

Ahora mismo, en camillas, llevo un camisón enseñando el culo. Sé que soy hipocondríaco y que no tengo nada. Pero al pedirme pruebas, pienso que tengo algo y me pongo más enfermo de lo que no estoy.

Un neceser. La Nintendo, la play, la Tablet plus, el móvil, la consola XP y una bolsa de cargadores.

¡Antonio, a ecos!

¡Antonio, le vamos a sacar sangre!

¡Antonio, a RX!

¡Antonio, necesitamos que orine!

¡Antonio, le llaman del TAC!

¡Antonio, túmbese para un electro!

Así no se puede vivir. Es imposible curarse de lo que uno no tiene con tanto ajetreo. Un día pides -por favor- si te puede ver un médico.

¡Antonio, un poco de paciencia! ¡Sólo lleva tres días! Le daremos unas pastillas para ser feliz. Y a las dos de la madrugada, una para dormir.

A esta hora estoy durmiendo. No se preocupe. Le despertaremos.

¡Antonio, ha tenido suerte!

¿Me visitará un médico?

¡No!

Le hemos encontrado una cama. Estará contento, ¿no?

Enseguida estaré preparado.

¡Tranquilo! Primero tienen que bajar al difunto y luego limpiar la cama y la habitación.

¡Oiga, que soy hipocondríaco, carallo!

Al día siguiente todavía estoy en camillas.

¡Antonio, el médico ha decidido darle el alta! Un ingreso innecesario siempre provoca un trauma psicológico de consecuencias impredecibles. Si el médico que nunca me ha visto ha decidido que me vaya es que estoy mucho mejor.

No Antonio, usted está igual de bien. La sanidad está peor con los recortes.

¡Vístase y que vengan a buscarlo!