jueves, 18 de julio de 2013

Historias

Cuento historias para entretener. A mi y a los demás. Para distraer los problemas de a diario. Así el día pasa de otra manera. Con otras preocupaciones. Nos comportamos como indigentes o mendigos apostados en las esquinas o en los portales de las iglesias con la mano extendida en espera de que algún buen samaritano nos deje una historia que contar. Hay días que son malos de pasar. Mi pluma, que lo sabe, se pone a escribir un combinado de verdades mezcladas hábilmente con invenciones. Se trata de escribir sobre las personas y su comportamiento. Somos bastante previsibles.
Aprovechando que la entrada va de historias que entretienen o distraen voy a contar que en el jardín de mi casa hay un pequeño estanque con seis peces de color rojo y unas cuantas plantas que se mueven al azar según el aire les lleve. Junto al estanque he puesto un banco de esos de sentarse cuando uno no quiere hacer nada y a lo más que aspira es a que el tiempo pase sin molestar. Pues de esos. Me siento en el banco y mientras el tiempo pasa yo miro cómo nadan los peces. Con total libertad y con arte. Nunca mejor dicho se comportan como peces en el agua. Pongo escamas de comida en la yema de mis dedos y vienen a comerla. Uno detrás del otro y sin molestar. Son silenciosos. Sólo escucho el agua que cae por una cascada. Sin parar. Y el ruido del agua nos habla a los peces y a mi aunque seguramente no interpretamos igual este sonido.
Tengo a mano unas hojas del suplemento cultural de un periódico no cualquiera, evidentemente. La oferta cultural es mucha y variada. Prima el teatro al aire libre. Es otra de las cosas que sólo sirven en verano. Cuando ya está anochecido y uno ha cenado. Pues eso decía. Un rato inexplicable sólo superado por la charla de después de la obra. Momento de ocupar una terraza y aprovechar el fresco que sale cuando el sol está durmiendo. Nosotros dormiremos de día porque estamos en verano.
Además del clásico se oferta teatro post-moderno. Con tintes de vodevil y cuya actriz principal lleva hábito de monja. Comportamiento estilo "lolailo" porque Dios es infinitamente bueno. Faltaría más. Ella hace de ella y está de gira en busca de ideas perdidas en la niñez. Es el otro teatro. El de cada día. El que se percibe en verano cuando el calor aprieta. Junto al mar. Chica revolucionaria que acata normas medievales. Anda el camino de un hámster. Da vueltas sobre un rodillo. Siempre anda el mismo camino pues.
Este año, entretener el tiempo, cuesta un euro cincuenta. Compras la prensa y te propones leerla. De lo que se entera uno. No todo son artes escénicas. Entretener y distraer al personal a través de las noticias forma parte de las artes mediáticas. De escándalo. Por todo ello me he convertido en un náufrago voluntario. Me he desconectado tanto como he podido. A primera hora de la mañana procuro distribuir la felicidad de todo el día para que no se acumule o falte en algunos momentos. Ni siquiera me molesta estar rodeado de mar. Y de noche, por estrellas. Las olas y la brisa me entretienen. Igual que el amanecer o la puesta de sol que observo desde la primera fila. En calidad de náufrago no tengo habitaciones con sábanas marchitas. Ni vacíos imposibles de llenar. Sólo dispongo de una sombra y es la mía. Disfruto de mar en calma con intervalos de pequeñas borrascas con olas encrespadas. Tampoco tengo recuerdos que desandar. Es lo que es y hay lo que hay. La vida se vive según se presenta. Salud.