miércoles, 7 de marzo de 2012

Anti-Disturbios

Grupo de elementos que con la excusa de evitar un presunto disturbio generan uno mayor y de consecuencias importantes. Al mando, seguramente un descerebrado con bigotito franquista que calienta a estos elementos y los incita a la brutalidad. En un despacho, al estilo Barby, la delegada del gobierno de turno con resentimiento caciquil porque nunca consiguió terminar una carrera por sí misma y si lo hizo fue por las influencias de sus progenitores. Está donde está porque tiene carné que ha heredado de su papa.
Andan con paso firme porque se sienten protagonistas de una novela de terror o novela negra. Ninguno de ellos leerá esta entrada porque sólo aprendieron tres vocales y cinco consonantes. Aquí hay más y están mezcladas. Putada pues. Disfrazados como robots son pura anécdota de la historia, de la vida y de la realidad. Son pinceladas abstractas que reflejan un momento. Sus movimientos son aleatorios y sin orden. Lo repugnante es que dicen ser los defensores del estado del bienestar.
De pensamiento nulo y desconocedores de la palabra intelectualidad, sentido común o libro. Su vida se resume en una recopilación de anécdotas que no interesan a nadie. Sin biografía destacable y sin expectativas de futuro. No aportan nada a la cultura del país. Pura colección de sucedidos. Patético. Los instintos más básicos cuando se mezclan con las emociones y los sentimientos primitivos generan problemas de carácter ético. Atacan en grupo porque un adolescente estudiante con un libro en la mano resulta un peligro y es considerado un enemigo. Saben que hay una ley contra el maltrato pero la ignoran. No controlan su adrenalina y pierden las formas.
Puedo imaginar cuando llegan a casa después de un día agotador en la universidad o delante de un colegio tratando con estudiantes cultos. Huelen a testosterona y a buen seguro someterán a su mujer en la cama para luego quedarse dormidos. Es lo segundo que mejor se les da. Salud.