martes, 24 de noviembre de 2015

Despertar

Por un momento he percibido una extraña sensación de bienestar. De felicidad. Simplemente amanece. Antes he soportado la angustia de pensar que el amanecer se retrasaba. La infelicidad suele llegar a lo largo del día. En todo caso hay tiempo.
Dice uno que escribe denso y bien que cuando uno muere cierra los ojos. Parece que no interesa observar el momento de morirse. Parece normal. Tienes que concentrarte con lo del túnel y la luz y esas cosas que dicen que pasan. No es cuestión de poner aditivos cuando no sirven de nada.
Es curioso que quienes dicen lo que he dicho en el párrafo anterior todavía no se han muerto. Eso significa que improvisan. Un hablar por hablar. Meterte miedo o esperanza. Si es que en esos momentos hay miedo o esperanza.
Por cierto que me ha llamo un amigo. Me pregunta que quién soy. ¿Es que no sabes a quién llamas? Le digo. Me dice que como tengo una voz de presentador de programas de radio había pensado que se había equivocado al marcar. Lo he catalogado como un cumplido y una posible alternativa laboral. Tal cual están las cosas nunca se sabe.
Se pregunta Masoliver si en el cielo se habla o sólo se piensa. Dará por seguro que le va a tocar cielo. A mi me da lo mismo lo que me toque. En el paraíso ya estoy. El infierno lo contemplo casi todos los días. Yo lo único que quiero es poder pensar con serenidad en un lugar tranquilo. Donde sea que eso esté.
Tengo incertidumbres y pocas confianzas en esas personas que hablan de esos temas tan a la ligera. Me consta que nunca han estado en esos sitios. Y si alguien ha estado no ha tenido narices de volver para contar algo. Por poco que sea.
Y estaba pensando que si no hay noches tampoco debe de haber sueños. Si tampoco hay días no habrá amaneceres ni puestas de sol. Sólo de pensar esas cosas ya me estoy cargando de buena mañana. Igual ni siquiera hay mar. Vamos a otra cosa.
Si eso de la vida es un trámite o una cosa de pasada tendríamos que saber lo que nos espera después. Que nuestro comportamiento sería uno u otro según quisiéramos estar luego. Sin engaños ni sobresaltos. Sin malentendidos. Que todos sabemos que no nos podemos llevar nada.
Después de un rato que ha durado el alba ha salido el sol. He visto el sol y las dudas se han disipado. O más o menos.  Un sol muy débil. Enfermo de otoño. Con un poco de viento del norte que hace refrescar. Y los días así y con estos pensamientos uno pilla nostalgia.
Ahora en el coche estoy en un atasco. No suele ser normal en la Isla. Son los operarios del ayuntamiento que colocan adornos de Navidad en la calle. La nostalgia se cronifica. Ahora cuando llegue a la tertulia en el bar de Pepe tendré que disimular mi estado de ánimo. Vaya despertar que llevo hoy.
Pero Pepe nos pondrá a Mari Trini y no nos pondremos nerviosos. Será un desayuno como otros. Voy terminando porque algunos de vosotros no me leéis porque escribo largo. Lo sé. Un tertuliano ha dicho que está preparando un viaje al fin del mundo. No sé que ha querido decir. Estaré preocupado todo el día. Salud.


martes, 17 de noviembre de 2015

A escondidas

Hoy toca hablar de Andreu. Se llama igual que mi vecino. El maestro de escuela jubilado que se pasa el día pintando el tiempo. Ya he hablado de él en otras ocasiones. El Andreu que hoy presento también está jubilado. De pescar. Pero sigue diciendo que es pescador.
Su barca está amarrada en puerto. No puede con los aparejos porque la edad le ha deformado las manos. Y el tiempo también. Tiene nostalgia. Ser amigo del mar tiene ese inconveniente. Mucha añoranza. Por las noches antes de acostarse se pasea por el muelle. A veces lo hace antes de amanecer. Porque el mar es más grande que la tierra.
Cuando caen cuatro gotas lo mira desde el porche. Una casita casi al borde del acantilado. En la Isla siempre caen cuatro gotas. O diluvia para inundar. Estos días toma café con nosotros y cuenta historias. Las nubes vuelan bajo. Las mira y sabe el tiempo que hará. No ha perdido el olfato marinero.
La vida se le va sin que lo note. Le abandona como a todos. Casi a escondidas. Él se refugia en el mar porque está para siempre. Es como los gallos que no sueñan porque están pendientes del amanecer. Que los dioses que habitan el mediterráneo tienen el sueño profundo. El mar, por cierto, llega a todas partes.
El dato histórico de sus años no le quitan sabor a la vida. Porque todas las mañanas amanece. Tiene su vida íntima y la otra. La de compartir con los demás. Dice que su horizonte sigue estando lejos. Cada mañana coge aliento y vive.
Es el cuarto y último hermano. Nació fácil, pues. Cuando su madre rompió aguas dijo aquello de "tranquilos que hay tiempo". Nació en el pasillo que lleva al paritorio y cayó al suelo. Todavía se acuerda de esa caída que le cambió su vida. No sirvió para estudiar y tuvo que ser marinero y pescador.
Ha fotografiado su vida con los ojos. Ahora los mantiene medio cerrados. Tanta luz le molesta a estas alturas. Descendiente del mar y heredero de su magia. En las tormentas y en la calma.
Todos los pueblos necesitan tener un héroe. Nosotros que vivimos en un pueblo costero tenemos a Andreu. Hace unos años que está raro. Por lo del nacer precipitado y de malos modos que tuvo. Dicen.
La cuestión es que le diagnosticaron una ideación delirante de tipo místico religioso cronificada y con repercusión emocional.  Las adherencias al tratamiento han sido irregulares por lo que ha precisado de reajustes constantes en su medicación.
No hace mucho, desde su jubilación, tuvo un ingreso urgente después de que tuvieran que desalojarlo de la iglesia parroquial. A la hora de cerrar no quiso salir y se enfrentó al párroco. Mantenía una conversación con Dios y no quería ser interrumpido. No lo entendió así el cura.
Ahora toma una medicación excesiva que no le dejan pensar. Mira el mar y balbucea cosas. Que sin ser yo un santo soy su amigo ateo y conversamos lo que podemos. Si queréis saber algo más del mar se lo preguntáis. Porque estamos en otoño y el mar está cambiando. Salud.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Formentor IV

Dice uno de los contertulios que "las apariencias sí son lo que parecen". Si uno parece que es imbécil es que lo es. O cualquier otra cosa que parezca.
El mal o la maldad en la literatura se remonta a los principios de la escritura. O antes si consideramos escritura a ciertos dibujos y otras cosas. Lo importante es que el malo termine mal. Si no es así el autor tendrá que convencernos de las bondades de la maldad. Todos coinciden en que es bueno exagerar lo malo.
En esto estábamos cuando empezó el otoño en Formentor. Se notó porque no hacía viento ni frío. Un solecito de sentarse en los porches a contertuliar y a consumir el tiempo con un café. Yo diría que el plato fuerte se dejó para el último día. Como suele ser una costumbre.
En la antigüedad alguien dejó para el final el mejor vino. Cuando ya todos iban empapados. Los católicos me habréis entendido a la primera. Los demás procurad hacer un esfuerzo, por favor. Las maldades en la literatura son obra del autor, del actor o de los lectores. O varios al mismo tiempo.
Hay una maldad que sobrevuela Formentor. No tiene nada que ver con la literatura. Las moscas sobrevuelan los espacios y nos llegan a poner de los nervios. Nos inducen a hacer cosas malas. Descubro para mi asombro que soy capaz de hacer varias cosas al mismo tiempo. Escuchar, pensar, escribir, sujetar la libreta y espantar moscas. Según criterios científicos alguna de esas cosas no la hice bien.
La maldad es algo exclusivo del demonio que encarna el mal. Por tanto cualquier actor malo es el mismo demonio. O quizá Satán sea el escritor. Ahí queda eso. Incluso se comenta que podamos ser los lectores los malos. Los que vemos maldades en los actores de forma equivocada. Pues no lo se.
Uno defiende que el infierno está en el fondo de las profundidades. Bajo tierra y con un fuego abrasador. Además no se puede salir nunca de él. Otro entiende que el infierno y sus maldades están en la tierra. Entre nosotros. Que es algo reversible pero hay que luchar por ello. De esa manera se va forjando la literatura más mala del mundo.
Carme Riera habla de Manuel Machado. El que defiende que se puede morir por unas ideas pero que no se puede matar por ellas. La maldad está en los lectores que dan por malo lo que escribe Machado por ser lo que fue en los tiempos que vivió. O sea que se puede ser bueno o malo según le gustes al régimen de turno.
La maldad, en la literatura, también puede venir de la naturaleza. Enfermedades de los actores. Catástrofes naturales y esas cosas. Habrá que saber a quién le damos la culpa. Incluso ante esos extremos algunos lectores podrían dar lo malo por bueno. Salud.

 

sábado, 10 de octubre de 2015

Formentor III

Hoy toca profundizar en planos filosóficos y metafísicos. Resulta que estamos en la cultura de lo desconocido y del desconocimiento. Y en la sabiduría de la casi nada. Es extraño. Al final del café de la mañana he llegado a la conclusión de que el sol sale para los lagartos y los guiris. Los isleños consumimos sombra y aire fresco que despeja mas.
Me llama la atención cómo huele la naturaleza de fuera. Mar. Aire. Pinar. Montaña. Luz y colorido pintado acertadamente. En el salón Orfeo huele a perfume multimarcas que la gente se ha puesto para la ocasión. Dicen que la atracción de juventud es pura química hormonal. En la edad adulta es otra cosa. Son muchas cosas.
Pasamos de algo primitivo y casi instintivo a otra cosa madurada. Los personajes literarios también pasan por esas etapas. Y aparece la maldad. Otra vez. Va de esto.
Dijo Umberto Eco. "Desengáñate. El lector sólo entiende un veinticinco por ciento de lo que escribas". Los neurólogos han demostrado que tenemos problemas para interpretar lo que leemos o se nos dice. Tenemos un sistema cognitivo sin actualizar. Nos cuesta reproducir lo que leemos.
Asumimos que los lectores mienten cuando dicen lo que leen y cuanto leen. El panorama es desolador para los escritores. Habrá que escribir poco y bien. Sencillo y ameno. Leo el ciego en la ventana de Masoliver y es denso. Cada frase es un pensar largamente. Prescinde de aditivos. Importa lo breve y bien cargado. Como un café y un brandy. Sus personajes mas que ser malos tienen un punto de amargura y mala leche.
Personajes malos y muy malos. Crueles a veces. Y si son importantes mejor. Ya no nos sirve un personaje literario malo y mediocre. Casi nos convencen de que no compramos libros para leer. A veces quizá sea mejor releer. La importancia no estará tanto en entender sino en la capacidad de imaginar.
Escribir para estimular nuestra mente y nuestra imaginación. Entonces cada libro serán tantas historias como lectores tenga. Si las instituciones no cubren las necesidades básicas del pueblo entonces habrá malos. Y los escritores escribirán de ellos. Los malos de la sociedad y con los cuales convivimos son los personajes de los libros.
El escritor incorpora personajes reales a sus libros de ficción. Malos de verdad. Pero el lector lo podrá hacer más malo todavía o empatizar con él. Según nos convenga o entendamos. En literatura ser malo puede ser tan bueno como ser bueno. O viceversa. Hay maldades que un lector puede justificar.
A todo esto se ha hecho hora de almorzar. Me acerco al puerto de Pollensa. Junto al mar. Sobre la arena. Un chiringuito de esos que te permiten ir descalzo. Buen provecho. Salud.



 

sábado, 3 de octubre de 2015

Formentor II

Quienes conocieron a Ricardo Piglia hablan de él. Todo son alabanzas. Como si ya estuviera muerto y necesitara un homenaje. Pero sólo está ausente. Con algún problema de salud que no afecta a su inteligencia.
El autor escribe. El editor edita. El librero vende y el lector lee. Entre todos está el agente literario que gestiona la obra del escritor y parte de su agenda. El de Piglia está y habla. Esto toca en las Converses Literàries a Formentor. Paro antes de llegar paro el coche y miro el mar bien de mañana. Y el cielo medio tapado. Las olas siempre llegan a la orilla.
El mar también trae susurros que a ver si serán verdad. Algunas higueras, entre pinos y matorrales, van perdiendo las hojas porque ya dije que estábamos en otoño. Ahora tocan castañas. Piglia no quiere escribir según le dicte su editor. Escribe según le vengan las ganas y la necesidad. Ahora, medio impedido, tiene más tiempo. Y corregir.
Dicen que está informado de todo. Le mandarán el premio y un resumen de lo acontecido. Le dirán que el aire venía del mediterráneo y era de fiar. Hemos gestionado bien el tiempo porque no nos ha faltado. Hoy he dejado el cansancio en casa. Sólo me lo pongo para dormir.
He llegado con la radio de la música. No pongo la de las noticias porque es complicado de llegar a Formentor tan de buena mañana. Un madrugón porque hay gente que necesita la carretera para montar en bicicleta. No sé para qué puñetas hicimos el Palma Arena con mangoneo incluido.
El salón Orfeo está lleno y callado. Escuchamos la maldad en la literatura. Hay malos para todos los gustos. Autores con maldad y protagonistas de libros que hacen el mal. Con tanta maldad literaria el aire queda viciado de letras. Hasta que llega la oscuridad del anochecer. Esas Converses son una especie de monstruo de muchas cabezas. Perfidia. Espanto. Crueldad. Infamia. Desprecio. Las maldades son muchas.
El poeta insiste en que en un mes las tumbas lucirán flores y el cementerio será camposanto por unos días. El anochecer es pura sabiduría porque tiene experiencia del día. El amanecer, en cambio, es un estrenarse constante. El día ha pasado rápido o ha sido breve. No sabría matizar. Ficción y realidad académica. Poca naturalidad o improvisación.
Realidades extravagantes sobre autores y actores. Que la maldad parece no tener límites. No se puede hablar de sueños. Son para los que duermen o escriben cosas románticas. Que bien suena el órgano del pueblo. Lo sé porque se oye desde fuera.  
Protagonistas locos, extravagantes y estrafalarios. Como algún autor que se cita. Perdidos de la vida. Sin sentimentalismos que no hay que influir al lector. Uno no deja claro si empezó a escribir para hacerse escritor o se hizo escritor y empezó a escribir. Pero es igual para el caso.
En Formentor todos estamos bajo sospecha porque todos parecemos malos. No se habla de otra cosa esos días. Queda claro que no se escribe sobre lo que ocurre sino sobre la memoria y los recuerdos de lo que ha pasado. Finalizamos con un cóctel infinito de exquisiteces y en compañía de la gente de letras que en el fondo es buena gente. Salud.


 
 

jueves, 1 de octubre de 2015

Formentor I

El mes pasado estuve en las Converses Literàries a Formentor. Escuché a los que tenían cosas que decir. Me relajó la proximidad del mar. Y escribí en torno a un café. El aire transitaba tranquilo en cualesquiera de los lugares del Barceló Formentor. Sus jardines y sus porches. Su escalinata y su Orfeo.
Esta podría ser la crónica de las Converses. Pero en todo caso no es la oficial ni es la autorizada. Es la mía. Es literatura de bloguero donde tienen cabida todos. Desde los clásicos hasta los más contemporáneos. Narrativa, poesía, ensayo, artículos de opinión, anécdotas y palabras rebuscadas. Importa el contenido como una historia paralela.
Nos quedó claro desde el primer día que hay más escritores que lectores. Eso parece. Se edita demasiado si nos comparamos con otros países de nuestro entorno. No se puede cambiar todo un escaparate cada dos semanas. El que escribe piensa que lo hace bien y debe ser leído. El que edita piensa en lo que la gente busca y en que sea beneficioso. Siempre la dificultad de encontrar la armonía.
Seguramente hay gente que miente cuando dice que lee mucho. O bastante. Que lee lo suficiente. En todo caso, si esto es cierto, los ciento diez mil nuevos títulos que se publican cada año son demasiados.
No podemos obviar el dato siguiente. Además de los libros hay revistas culturales semanales, quincenales, y mensuales que aportan artículos buenos. Algunos escritores y otra gente interesada en este mundo literario prefiere la revista.
Yo me apunto a eso. Un buen relato corto o un artículo de opinión. Quizá un ensayo breve. Algunas de esas cosas que se leen bien y dan mucho más qué pensar que un libro. A veces. Son cómodos de imprimir y contienen diversidad. Son accesibles a un gran público. Pocos gastos de producción y de distribución.
Creo que ha llegado la hora del blog. Escritos con inteligencia. Con letra entretenida y que no necesita diccionario. Que trasmite como un sirimiri y penetra profundo. Es un café que saboreas con calma y te deja con ganas de más. Siempre hay riesgos. Con la crisis hay más. Esto justifica mi exposición que vendría a ser la opinión de todos los implicados en el mundo de la literatura.
Si todo lo dicho resulta caro nos quedan las bibliotecas, las salas de espera, las cafeterías y lo último inventado que son las librerías donde tomas algo, contertulias y puedes leer cada vez que acudes porque una parte de los libros están al alcance como si de una biblioteca se tratara.
La educación desde una edad temprana a la cultura de la lectura. Los clásicos desde un profesorado selecto que no permita que se aborrezca la lectura. Y unos impuestos altos a esos libros basura que están escritos por los mismos que hacen la tele basura y demás tonteces de la vida.
A todo esto se hizo de noche y se entregó el premio Formentor a Ricardo Piglia. Mientras la brisa marina impregnaba el ambiente y entraba, sin darnos cuenta, el otoño. Sin lluvia, sin viento, sin frío. Luego compartimos la noche hasta las tantas. En buena compañía. Salud.

  

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Bochorno

Yo vivía y me crucé con la literatura. Los tebeos y las vidas ejemplares. El capitán trueno y Astérix. También Mafalda. Luego las fantasías de Julio Verne y otros. Por fin la literatura de la escuela. Homero, Cervantes, Bécquer y los clásicos obligados del régimen. Ahora los míos. Los que mi voluntad elige sin más.
Atrapado en las aventuras y desventuras de cada libro y sus estilos. La vida y sus formas de vivirla. Emociones en estado salvaje y sentimientos domésticos. La historia o la biografía de la vida. Las formas de unos y otros.
Contar la vida vivida, imaginada o escuchada. Pero con elegancia. Que siempre hay alguien que lee. Mi amigo Julio, por ejemplo. Ha cumplido años y el estado le ha regalado tiempo remunerado. Gestiona todos los minutos de cada día sin tener que dar explicaciones. Hasta que la muerte los separe como dicen. Que esto ocurre.
Cada mañana se repone del silencio de la noche. Se levanta con la oscuridad del nuevo día. Madruga, para entendernos. Se ha unido a las tertulias del café con leche en al bar de Pepe y los otros jubilados. Del amanecer junto al mar mientras el resto del pueblo duerme.
El momento gratificante de las primeras olas que llegan. Vete a saber de dónde. De mar adentro o de la otra orilla. Se quedan un rato por la playa y luego aparecen por el acantilado. Se rompen en espuma y esparcen el eco. Para que todo el mundo lo sepa.
Yo espero y Julio también. Que al otro lado está la impaciencia. Y ya no le consiento a nadie que me quite la calma a ninguna hora del día. A veces no es obediencia. Es convencimiento. Que para ver el día hay que atravesar la penumbra sin miedo. A mediodía el sol que las encinas dejan pasar es agobiante y genera bochorno.
Las rugosidades de la voz aparecen con la edad. Pero se llevan sin complejos igual que las desmemorias y todo eso. Por muchos años que pasen siempre queda algo del cordón umbilical. Que hay puentes que duran toda una vida. Ahora mismo he cruzado uno que está seco. Pero vendrán más lluvias y me quedaré quieto mientras veo pasar el agua. Porque el agua tiene prisa para llegar al mar. En cambio hay zonas en las que el agua se estanca.
Estoy corriendo el riesgo de llevar una vida normal y justificada. La vida no supone un peligro porque no tiene secretos. Como tampoco lo tienen los libros abiertos. Y la agonía de la letra justo antes de que la lleve el olvido. La vida normal no hay que justificarla. La otra tampoco.
Que por cierto. El otro día le repliqué un tuit a Don Arturo. El que fuera condenado por la Audiencia Provincial de Madrid por plagio. El que se despacha a gusto con majaderías. Pues resulta que el que incuba en el asiento te mayúscula me ha bloqueado. Pues nada. Como decía antes, bochorno.
Salud. 

miércoles, 12 de agosto de 2015

Ahora mismo

El aire también nos acompañó toda la tarde. Hasta que en el paraíso terrenal se hizo de noche. En la mochila llevábamos literatura y agua. Un viaje literario decía Paolo. Total era subir el acantilado para ver la puesta de sol.
Cada día igual. Mil fotos habré hecho y ninguna igual. Ni el color, ni la forma, ni el aroma. Detrás del horizonte del mar o detrás del horizonte de la montaña o el campo. Dice Paolo que el sol cuando se pone se queda en su purgatorio hasta que se hace de noche. Ves la luz pero el sol ya no está.
Y quiero concentrarme y escribir. Las anécdotas se convierten en historia, leyendas o relatos breves. Pero no me puedo concentrar. Tengo en la mesa de al lado a un capullo con un móvil que llama y llama. No para. Compulsivamente marca y pregunta "qué hase"? Dice "ajá" y cuelga. Luego llama a otro y a otro. Quizá otro día esté libre de capullos ociosos.
Paolo me espera al comienzo del camino. Es tortuoso y empinado. Pero el viento corre y refresca. Subimos a la sombra de las encinas y de algún pino desubicado. Paramos en un recodo para mirar el mediterráneo y beber un poco de agua fresca. El silencio estremece.
Le queda poco al sol para ponerse. El mismo tiempo que tenemos nosotros para llegar arriba del acantilado y sentarnos para verlo. Otra gente hace lo mismo. Seres humanos sensibles que venimos a deleitarnos. A que se nos ponga la piel de gallina. Ese momento supera al amanecer. Paolo piensa igual. Luego de todo bajamos con el estado de ánimo tranquilo.
En el pueblo nos esperan otros en el bar de Pepe. Que son las fiestas patronales y hay verbenas y entretenimientos. Grupos musicales que amenizan la noche pero que no ponen canciones de Mari Trini. Los medio adolescentes están semisentados sobre sus motocicletas. Vaso en mano y un pie sobre el casco. Un pamboli y una cerveza. Ya hablé del paraíso.
La vida en verano, a veces, sólo es eso. Y ya es mucho. Salud.

sábado, 1 de agosto de 2015

Contrastes

Lo ha dicho Jaume esta mañana en la tertulia. La de cuando todavía no ha salido el sol pero se insinúa. La tertulia del café con leche. La de cada día distinto pero que se parece al anterior. Ha dicho Jaume, decía, que esta noche ha soñado que era sombra. Que ha recorrido la oscuridad de las calles. Ha estado con el silencio del pueblo.
Ese silencio que hacen cuando duermen la gente y los perros. Hasta que los gallos anuncian el alba. Jaume duerme lento y los sueños le duran más. Es lo que tiene.
Ha dicho el poeta que esta noche ha soñado que se moría melancólicamente y con ganas de rima. Ha subido al paraíso y ha conocido a San Pedro. Lo ha visto muy mayor. Son años. Le ha pedido el certificado de defunción que no llevaba. Es que mucha gente quiere colarse en el paraíso y eso no puede ser.
San Pedro ha consultado papeles y después de mucho tiempo de espera le ha dejado entrar. Las puertas del paraíso han tardado todo un día en abrirse y otro en cerrarse. Son grandes y pesadas y no hay otra forma de entrar. Una vez dentro ha vivido la rutina del paraíso. No le ha gustado pero era un sueño y se ha despertado. Dice que es empalagoso.
Lo he visto preocupado. A ver si será verdad. Prefiere el paraíso terrenal donde están sus amigos.
Sebas ha dicho que una noche también soñó. No quería ser menos. O una tarde de siesta larga en la tumbona del porche. Navegaba con su barca rumbo al horizonte. Cicerón estaba sentado en la proa con el viento de cara. Les gustan esas cosas a los perros.
Tardó toda una vida en hacer la travesía. También duerme lento. Es una costumbre. Una ola movió la barca desde la amura y la transportó al otro lado del horizonte. De donde ya no se puede regresar. Pero despertó sudando y con la tensión alta. Ya no está para según que tipo de sueños. Habrá que seleccionar.
Fran dice que hay que tener mucha imaginación para vivir sin sobresaltos. Cuanta más imaginación menos se sueña y más se duerme. Tiene buen olfato y sensibilidad para disfrutar de la literatura. Los sentidos poetizan la vida. También los sueños. Pero sin pasarse. Es que la belleza sólo existe si uno la puede ver. O no.
A todo esto el profesor de filosofía que tiene por esposa a Dña. Maruja no tiene nada claro esta mañana. Escucha pero no piensa. Los mosquitos no le han dejado dormir y está traspuesto. El mundo está lleno de ocasiones perdidas y momentos desaprovechados, dice. Se refiere a su caso.
Pepe sonríe, como siempre, y le ha puesto música a la tertulia. Nada menos que a Celine Dión. Enseguida nos hemos amansado. El sol todavía estaba detrás del acantilado pero se podía ver su luz. Ese crepúsculo que altera la sangre en verano. El mar está de vacaciones y remolonea sobre la playa. Sin más.
No me molesta empezar un mes de Agosto así. Todo el pueblo durmiendo y nosotros con las ideas por las ramas del pensamiento y de los sueños. Es el ocio dice uno. El aburrimiento y la rutina, dice otro. Seguramente es el calor y el bochorno pegajoso. Pues así era el paraíso ha añadido el poeta.
Fran se ha ido el primero. Dice que tiene que abrir el quiosko. Que el fulano del reparto le ha dejado la prensa y otras cosas en la acera.
La penumbra también se va y aparecen cosas que no estaban visibles. Aparecen los primeros rayos del sol. Pepe ha montado una sombrilla enorme. El aire corre entre nosotros y refresca. No se puede devorar la vida. Hay que degustarla. Encontrarle los sabores. Los contrastes. Como un día de mar revuelto y otro de mar abandonado. O una calle vacía de domingo y otra calle de feria llena de gente.
Unas letras dormidas en las páginas de un libro olvidado en la estantería y otras en la punta del plumín a punto de ser escritas en una hoja. Saber observar los contrastes de la vida y disfrutarlos.
Si vives a contracorriente como los salmones puedes perder la vida. Déjate llevar manteniendo tu criterio. Pero necesitas sosiego. Busca sosiego. Vive en el sosiego. Sobretodo en verano. Cuando las vacaciones. Y el calor. Y los amaneceres de tertulia. Que la vida tiene secretos por descubrir. Salud.   

viernes, 24 de julio de 2015

Luis María

Luis María lee en verano. Lo ha escrito él. Y ha dicho a quién lee por aquello de quedar bien. Dice que lee, a quién lee y que le ha gustado mucho lo que ha leído. Aunque podría ser que nada fuera verdad. O si. Vete tú a saber. En unos días le llamarán para darle las gracias.
A esto se ve Luis María porque nadie le da conversación y nadie tiene interés en sus escritos. A nadie le importa su vida actual. Ni la pasada. Está solo. Pero le dejan que se explaye escribiendo cosas interesantes. Como decir que lee. Que ya es mucho. Seguramente le funciona.
Ha escrito que es consciente de que la edad no perdona. Pero lo ha dicho sin matizar. Quiero pensar que se habrá portado mal y lo sabe. El tiempo se le acaba y ha decidido convertir sus sentimientos en reflexiones profundas. Eso es bueno si es verdad. Y si no tienes a nadie que te escuche lo escribes. Que alguien lo leerá aunque sea sin querer en la consulta del dentista.
Pero cuando no ha habido sentimientos no puede haber reflexiones profundas ni interesantes. A no ser que te las inventes. Eso dicen las malas lenguas que ha hecho Luis María. Escribir relatos cortos para leer en verano. Tumbado en la hamaca de la playa y con los auriculares puestos con música de las experiencias religiosas de Enrique Iglesias.
Se me antoja una buena combinación. Verano, calor, bochorno de chorrear sudor, arena, moscas y eso. Los escritos breves en clave de reflexión profunda y música del tal Iglesias. Es todo un chollo si hacemos caso de las estadísticas que dicen que el autor más leído en verano junto al mar o a la piscina es Kent Follet y Pilar Urbano. No todos podemos llegar a estos niveles.
Al final todo el mundo sabe que la literatura está hecha para leerla. No debería de importar dónde. Sé de gente que también lee en el metro. Entre abrir y cerrar de puertas y voces que te indican la próxima estación. O sea. Sin olvidar al cantautor de turno que ameniza el trayecto. Cada autor es responsable de lo que escribe y el lector es responsable de lo que interpreta.
Pero qué pasa cuando el autor ha carecido de sentimientos y se ha inventado las reflexiones profundas. Pues eso. Carece de importancia. Lo utilizas para llamar la atención de Morfeo tumbado en la hamaca playera. Y la música de Enrique con sus experiencias religiosas.
Y en esto estaba yo, amigo lector virtual y no tanto, cuando me di cuenta de que el sol estaba a punto de ponerse. Se resistió lo que pudo. El viento soplaba desde el horizonte del mar. Pero el sol pesa mucho a ciertas horas tardías. El agua del mar le atrae. Contra esto no se puede luchar.
En ese momento observé una puesta de sol digna y bella. De estas que conmueven. Una estampa de paraíso. Un sueño de verdad. Y es cuando llegas a la conclusión de que Luis María nunca ha visto una puesta de sol. Si lo hubiera hecho tendría sentimientos y los podría escribir en forma de reflexiones profundas. Y las leeríamos sin necesidad de la música del Tal Iglesias. Salud. 

miércoles, 15 de julio de 2015

Pensamiento

Yo no debería de estar aquí ahora. O si. La verdad es que con ese calor tampoco podría dar una respuesta seria. Podría ser que fuera una circunstancia adecuada, o errónea. Un nacer antes de tiempo o fuera de plazo. Pero resulta innegable que estoy. O no. ¿Y tú. Cómo lo llevas?
Este es un pensamiento que me ha venido a la cabeza mientras el peluquero me corta el pelo. A tijera, por favor. Este pensamiento no es poético, pero es filosófico. La filosofía, como muchas cosas de la vida, se presentan sin avisar. También podría ser que la peluquería estuviera ligada con la filosofía. Por aquello que te masajean la cabeza. Y las ideas que hay dentro.
Tengo tiempo para pensar. El peluquero Joan es de pocas palabras. Yo, en esto, estoy a la altura. Incluso puede ser que le supere. Saoner nunca nos habló del dualismo peluquería-filosofía.
A lo mejor estoy fingiendo y no deberías tomar en serio lo que pienso y escribo. Una especie de broma. Se me acaba de ocurrir que quizá quiera asumir la responsabilidad de un liderazgo y lo quiera compartir. La vida, he dicho antes, no te consulta sus cosas. Ocurre. Puedes ponerte a favor o en contra. Yo voy a lo fácil que no quiero problemas. Siempre a favor.
Igual es el destino que ha decidido que esté aquí y ahora. No. No creo. El comienzo de algo grande o el final de una tontería con categoría de sueño. He oído decir que el universo es grande. Y nosotros pequeñísimos comparados con el universo. Y yo dejándome que Joan me corte el pelo. Es que ahora mismo no tengo otra cosa más importante qué hacer. La verdad.
Tengo asumido que yo soy yo y que estoy aquí. Ahora me hace falta saber para qué. No sé si dejarlo para otro día. Pero me preocupa estar para otras cosas de las que realmente hago. A eso se le llamaría perder el tiempo, pues. Por si acaso aprovecha la ocasión por si no se repite.
Mientras, Joan termina. Yo sumergido en esa especie de luz crepuscular que el sol deja cuando ya se ha puesto. Que ensilueta el horizonte del mar y el acantilado. Una filosofía básica y simplona. Porque el día ya está herido de muerte. La belleza del momento dura hasta que la oscuridad se interpone.
El peluquero Joan me dice, ¿Cómo lo ves? La pregunta de siempre. Yo creo que es un pasaje literario que le gustó y que me repite siempre. Significa que ha terminado. Como un día la adolescencia. Que cuando se termina también se acaba lolailear. Como dicen los jóvenes, hay que levantarse, pagar y abrirse.
Ha llegado el momento de tomar un café y pensar en si lo que pasa es real o una alucinación que se repite. Si vengo cuando salgo de las trincheras me quedo dormido. El sueño también aparece sin avisar.
Que ya dijo el poeta o el filósofo que la vejez no sólo es cuando te salen pecas en el dorso de la mano. También cuando observas unos claros en la cabeza después que el peluquero termina su trabajo. Me voy a seguir viviendo. Aquí o dónde sea. Sea yo u otra persona. Sea real o no.
¡Ah, se me olvidaba! Le pide un adolescente a Joan que a qué edad empieza uno a afeitarse. Eso si que es filosofía de doctorarse. Salud.  

sábado, 11 de julio de 2015

Estudios

Uno de los jubilados sacó el tema y lo comentó. Yo escuchaba atentamente y me hizo pensar. De buena mañana y fresquito. El café con leche de cada día. Y tuve que ensayar una sonrisa.
Decía el anciano Andreu, que de niño, cuando iba a la escuela, tenía un maestro. Nada nuevo porque los allí concentrados eran de su misma edad. Más o menos. Lo repitió para darle importancia. Un maestro para todo. Todos los días el mismo y durante todos los años que fue a la escuela. Todos sus estudios los hizo con el mismo libro y un cuaderno cada año. Así sin más.
Mi biografía, en este punto, es casi parecida. Por eso me hizo pensar. En primaria tuve dos monjas de maestras. Sor Juana y Sor Catalina. Que ya he hablado de ellas en otras ocasiones. Las mismas monjas para toda la primaria. Un solo libro para toda la primaria y que luego heredó mi hermano. A todo esto un cuaderno por curso.
Sobre los nueve años se hacía una especie de curso puente que llamaban "ingreso". Luego de esto venía el bachillerato que duraba hasta los diecisiete años. El PREU que se reconvirtió en COU. Durante el ingreso sólo teníamos un libro que englobaba todas las materias. Un maestro y un cuaderno.
La empatía entre maestro y alumno era singular. Algo más que el señor que realiza la enseñanza académica. Algunas veces tenías dudas importantes sobre la vida. Los padres de todos nos recomendaban este clásico, "pregúntaselo al maestro". Él sabrá.
Un estudio basado en la comprensión del alumno. En la capacidad de explicar y darse a entender del maestro. En los ejemplos de a diario. Preguntas de pensar y respuestas razonadas. Era un estudio simple. Sin complicaciones. Adecuado. Válido para después de los estudios. Ameno e interesante.
Con el bachillerato dejé de tener un libro y pasé a tener uno para cada asignatura. Todo un derroche. Un cuaderno para cada asignatura. Y lo más importante, dejé de tener un maestro y pasé a tener un profesor por cada asignatura. En casa tuvimos que anotar en una hoja todo este batiburrillo. Días, horas, aula, asignatura y profesor.
Pero no aprendí más ni mejor. Simplemente aprendí distinto. Disciplina y respeto mutuo. Alguna colleja de dar ánimos o de rectificar actitudes. Y lo realmente pedagógico era escribir cien veces "tengo que estudiar más". Así las cosas. Salud.
  

miércoles, 8 de julio de 2015

El asunto

Volviendo al asunto que nos ocupa... Esa es la frase que digo mil veces cuando contertulio con varias personas al mismo tiempo. Es lo que tiene. Empiezas un tema de conversación y salen varios asuntos de conveniencia que tienes que tratar aunque sea por educación. Cuando ya estamos por las ramas de los asuntos toca bajar y reconducir. Volviendo al asunto que nos ocupa...
Echo de menos las discusiones. La edad adulta está domesticada y le damos la razón a cualquiera aunque no la tenga. Por no discutir. Un peligro primitivo que acumulas con los años. Por eso practico el razonamiento en privado o con gente a la altura. Razonar aunque al final te des cuenta de que no llevas razón.
De joven luchas y tiras piedras. Gritas para ser oído. De adulto te juegas el alma porque la tienes asegurada. Me da miedo volverme más mayor. A ver si terminaré pisando iglesias y escorado a la derecha.
Hoy el tema era concreto y estaba bien encaminado. Si aquí decimos que tenemos una ola de frío polar o un calor africano en el polo o en África deben decirles que tienen una ola de tiempo típicamente español. Y de repente uno le ha querido dar una pincelada abstracta. El asunto se ha ido al garete.
Porque el de las pinceladas abstractas tiene una lengua bífida y una capacidad de razonamiento escaso. Además no sabe pintar. ¿A qué venía esta intromisión en el asunto? El asunto, que se suponía de gran calado, se ha disuelto en ocurrencias y tonteces de primaria. Se ha desinflado. O mejor aún, se ha derretido. Le hemos dado la razón y nos hemos quedado sin asunto.
Eugeni, que estaba sentado al lado del poeta, ha intentado salvar la tertulia y ha querido hablar de la soledad del mar. Esos inmensos océanos intransitados donde el tiempo parece que no pasa. Todo lo contrario de ese mar de costa y playa que se llena de barcas y bañistas. Hemos terminando hablando de tomateras. Como siempre.
El mes de Julio viene con un "Caloret" sofocante, de bochorno inhumano. Asfixiante. Esas temperaturas que no te permiten pensar ni a primera hora de la mañana. Por eso hemos decidido hacer como en la tele. Repondremos asuntos ya tratados. Con otro enfoque, si cabe. Conocemos el guión y lo readaptamos. A ver.
El poeta ha dicho que la vida es obvia. Cortamos y pegamos los días. Los caminos a seguir también son obvios. Es cuestión de no equivocarse de vida ni de camino. Es la dosis filosófica de buena mañana. Que también es un asunto. Salud.   


miércoles, 1 de julio de 2015

El olivo / L'olivera

El olivo de siglos que aguanta las tormentas. Que se mueve tranquilo cuando escucha la voz del viento. Vive en la pendiente desde los tiempos inmemoriales. Retuerce su tronco áspero en su lucha por sobrevivir en la vida.
Un pintor se acerca y monta un caballete. Coloca el lienzo. Prepara los lápices y los pinceles. Mira el olivo una y otra vez y lo imita con sus pinturas. Desde la tierra hasta las ramas de más arriba.
Luego llega el poeta y se sienta enfrente. Prepara su pluma y su papel. Una mirada cómplice en un silencio que acompaña.
Después de pensar un rato se pone a escribir. Es importante que el olivo rime con el paisaje. Pero le cuesta escribir los años de un tronco hueco y retorcido.
Así el olivo, este día de verano, quedó pintado y escrito. Como tantas veces en su vida.
Pero ni el pintor ni el poeta supieron reflejar el aire que le envuelve. Ni el aroma que desprende. Ni la sabiduría que trasmite. Ni tampoco el sosiego de su ancianidad.
Sólo unas pinceladas y unas líneas de quietud en la pendiente que llega hasta el mar. Salud.  
 
 
L'olivera de segles que aguanta les tempestes. A les possessions de la costa Nort. Amb cases grans, olivars i tafona. Que es mou tranquil-la quan escolta la veu del vent.
Viu en una pendent des dels temps immemorials. Retorça el seu tronc aspre en una lluita per sobreviure a la vida. Oli i olives.
Un pintor s'acosta i munta un cavallet. Col·loca el llenç. Prepara els llapis i els pinzells. Mira l'olivera una vegada i un altre i l'imita amb les seves pintures. Des de la terra fins a les branques de més amunt.
En acabar les feines una rentada de mans i una mica a la cara per llevar la suó.
Després arriba el poeta i s'asseu davant. Prepara la seva ploma i el seu paper. Una mirada captivadora en un silenci que acompanya. Després de pensar una estona es posa a escriure.
És important que l'olivera rimi amb el paisatge. Però li costa escriure els anys d'un tronc buit i retorçat. Així l'olivera, aquest dia d'estiu, va quedar pintada i escrita. Com tantes vegades en la seva vida.
Però ni el pintor ni el poeta van saber reflectir l'aire que l'envolta. Ni l'aroma que desprèn. Ni la saviesa que transmet. Ni tampoc el sossec de la seva ancianitat.
Només unes pinzellades i unes línies de quietud en la pendent que arriba fins al mar. A aquestes hores del capvespre i molt aprop d'un dels miradors de l'Arxiduc. Gairebé sol post. Salut.

domingo, 21 de junio de 2015

Oratorio

Desde el pueblo costero donde Pepe tiene el bar y yo la casita con un porche hay  un camino tortuoso de montaña. Subes por él y justo antes de llegar al acantilado cruzas un pequeño bosque de árboles viejos. Diríamos que son mayores pues ello implica intelectualidad y experiencia. Su sombra anciana es distinta. Se disfruta más. No es difícil encontrar ese tipo de árboles en la Isla. Encinas y olivos. Higueras que crecen en los torrentes de la Sierra.
Los pinos son otra cosa. Altos y perfumados y rodeados de arbustos. Quedan muchos tirados desde la última tormenta de viento de hace unos años. La grandeza de la muerte que los pudre para abonar a los otros. A la intemperie. A la vista de todos. Al paso de los senderistas.
El oratorio de Ramón Llull que se encuentra mirando el mar entre s'Estaca y Miramar sigue roto por un rayo de la misma tormenta. La dejadez de los que gestionan estas cosas enfurece al pueblo y a los que acudimos a menudo. Porque el mediterráneo está a los pies y todo en su conjunto evoca nostalgia.
El bosque es antiguo. Pero de entre sus árboles crecen otros en busca de luz y vistas. Esto que escribo es cultura. La fiesta de la naturaleza con todo su brillo y su aroma de sabiduría. Los escritores que son escritores andan esos caminos para escribirlos. Los pintores que se precian acuden con sus paletas y pinceles para inmortalizar.
Las piedras se están quietas mientras cuentan su experiencia. El mediterráneo se recoge en sus calitas de color azul turquesa y transparencias. La cultura milenaria te presta aire para respirar y te relaja. Cultura atrevida de vida y muerte. De días de viento y días de calma. En este lado de la Isla el sol sólo viene a esconderse detrás del horizonte. Porque es norte y oeste.
Los días que se alargan y las noches que se acortan. Y viceversa, que también ocurre. Simplemente se vive distinto. Cuando me asomo al acantilado el viento me golpea la cara. Me obliga a cerrar un poco los ojos y de ellos sale una lágrima. Será la emoción.
Por eso quise ser poeta y vivir una locura de pasión con el mar. En una barca. Navegar de la orilla al horizonte y regresar antes del anochecer. Según le venga al viento y a la marea. Y escribir versos cuando el mar está en calma. Pero no me sale la rima.
Tengo un amigo del que dicen que es poeta porque es poeta. De los de terraza de bar y parques tranquilos de ciudad aromatizados de Tilos y Eucaliptos. Que valora la palabra escrita sin razonar. Tal cual sale. Conoce a los clásicos y vive los minutos como si fueran días. Que ahuyenta los miedos con sus lecturas y sus estrofas.
A venido a la Isla para quedarse. Prefiere el sol de diciembre al de agosto. Disfruta mucho de una buena lluvia sentado en el porche de casa. Mira el agua cuando está sentado en la tumbona. Y respira hondo. Mi amigo el poeta confunde la realidad mientras argumenta la vida. Porque sabe rimar. Salud. 
 

miércoles, 17 de junio de 2015

Sant Llorenç

Primavera fugitiva rural i marinera
que neix, floreix i se'n va.
Consciència de temps savi i impacient
que fuig amb els seus vents
i les seves tempestes de llum i de renou.

Un dia d'aquests arribarà el sol d'estiu
i olvidarem els somnis de nits de primavera
amb el vi melancòlic
d'una primavera fermentada.

Sercarem camins de muntanya
de pedres, mala herba i ombratjes,
i l'endemà trepitjarem l'arena fina
banyada d'onades lliures
al final d'un mar immens.

Quan les campanes de l'alba
toquin a estiu a sol intens i airet fresc
escoltarem cançons a la meva manera
baix un cel ploramiques
de llàgrimes de Sant Llorenç.

Cançons per a l'ànima
lletres per a la ment
aire de mar per a la vida.
Un dia d'aquests quan arribi l'estiu .


@antoninegre

San Lorenzo

Primavera fugitiva rural y marinera
que nace, florece y se va.
Conciencia de tiempo sabio e impaciente
que se pierde con sus vientos
y sus tormentas de luces y ruido.

Un día de esos llegará el sol de verano
y enterraremos los sueños de primavera
con el vino melancólico
de una primavera fermentada.

Buscaremos caminos de montaña
de piedras y maleza y sombras de arboleda
y al día siguiente pisaremos arena fina
mojada de olas libres al final de un mar inmenso.

Cuando las campanas del alba
toquen a verano, a sol intenso y brisa fresca
escucharemos canciones a mi manera
bajo un cielo llorón de lágrimas de San Lorenzo.

Canciones para el alma
letras para la mente
aire de mar para la vida.
Un día de esos cuando llegue el verano.

Nos quedaremos en las terrazas
hasta las tantas.
Hablando de nuestras cosas
y de las de los demás.

Veremos el sol cómo se pone
bailaremos las verbenas
el mar susurrará habaneras
Hasta que llore San Lorenzo.

@antoninegre

jueves, 11 de junio de 2015

Gijón

Dije que escribiría sobre esa tertulia que nunca tuvimos la oportunidad de mantener Umbral y yo. Fue a mediados de primavera. Un mes de Mayo de un año del señor. Habíamos quedado a una hora temprana. Casi mediodía, para entendernos. Umbral era un ser nocturno, básicamente. De los que trasnochan en casa o fuera de ella.
Escribía a la luz de un flexo o tomando algo cerca de una luz de neón. Luego aparecía el sueño, o no. Y madrugaba sobre las once de la mañana. Pues entre que te arreglas y esas cosas de la rutina de la vida apareció por el café Gijón a desayunar a la hora del ángelus.
Tengo que escribir todos los días. No podría no escribir. Soy como un reloj que lleva el tiempo dentro y debe estar funcionando constantemente. Resulta angustioso un reloj parado con todo ese tiempo dentro. Yo llevo la prosa dentro y la escribo cuando mejor me convenga.
Así es. Nos hemos sentado en una de las mesas de casi al fondo. No quiere estar al lado de la ventana porque se distrae. No ha venido a mirar. Está para su café con leche y hablar de lo suyo. Después habrá paseo y fijarse en la vida misma y la vida que hay a su alrededor. Las personas y las cosas. Que todo en su conjunto genera prosa y comentarios.
Pone un azucarillo con delicadeza en el café y empieza a mover. Tranquilo. A conciencia. De la taza sale un hilillo de humo. Es el aroma que sube para que podamos olerlo. Saca la cucharilla de la taza, la sorbe y vuelve a introducirla para seguir moviendo. Mientras habla y escucha.
La prensa hay que ojearla y leer algún artículo de opinión. Siempre presumía de ser uno de los mejores y prolíficos columnistas. Le interesa la información más cercana porque recoge lo último. Su curiosidad periodística es innata. Pero mantiene distancias porque a veces se magnifica y otras no se llega. Tiene la columna de la última hoja. La gente puede leerle sin necesidad de abrir.
Desplegar un periódico es como desplegar una vela marina. En las páginas está la pluralidad de la vida. Los titulares, sus fotos y todo eso que se acumula en los faldones. El día que me despierte sin ganas de leer el periódico es que me habré despertado muerto. El olor, el tacto del papel, el tipo de letra. De eso se trata.
Yo sí que he madrugado y ya es hora de almorzar. Mientras él termina su desayuno. Su caótica vida con sus caóticos horarios me tienen confundido. Es su vida y la vive a su manera y con sus formas. El camarero le trae un vaso de agua fría. La bebe a sorbos cada vez que necesita humedecer la boca. Que se seca de tanto hablar.
De repente para. Me mira. Medio tose una carraspea. Activa su voz de cuerdas vocales desafinadas y boca llena y dice. Hace unos días tuve la ocasión de leer un párrafo de uno de mis libros en la pared del retrete de un bar. Al principio me molestó. Luego pensé que la cultura no tiene fronteras. Ni lugares, ni espacios, ni tiempos. Alguien se había molestado en escribirlo. Un mecenas anónimo.
La cultura, entre el pueblo, a veces, se expande así.
Nunca he visto párrafos de la biblia, ni cosas de Quevedo, ni trozos de la Regenta. Ni siquiera de Homero. Tampoco de Ansón el de la Real Academia. Había llegado con abrigo y bufanda. Ahora estaba con camisa y americana y pañuelo al cuello. Es una primavera ausente. Disfrazada de invierno cruel y despiadado. Ese frio me obliga a carraspear.
Disfruta lo mismo de la calidez de las multitudes que la frialdad de la noche vacía. Madrid los domingos es para los domingueros. Un Madrid vacío y complicado de encontrar. A la ciudad hay que conquistarla. Su clima y sus espacios. Sus calles y sus bares. Es la única forma de construir literatura real. Que la ficticia la puede escribir uno en el claustro de un convento. Salvo que te llames Forcades o Caram.
Pues así sin más. Sin rodeos ni tapujos. Que Umbral es así. O hubiera podido ser así si alguna vez hubiésemos mantenido una tertulia en el Café Gijón. Qué no daría yo. Parte de lo que aquí se ha escrito es suyo aunque no vaya entrecomillado. Que luego no se diga. Salud.



martes, 2 de junio de 2015

Realidades

El poeta, esta mañana, ha tenido una buena ocurrencia. Ha dicho que "el tiempo me está matando". No le falta razón. Mientras vive y sueña. Pasea por el bosque y mira el mar. "Que me siga matando, pero poco a poco". Que le de tiempo a vivir tranquilo. El poeta es así. Qué os voy a contar que ya no sepáis.
Dije en otra ocasión que había momentos innecesarios en la vida de cada uno. Y momentos insuficientes. Ambos generan sufrimiento. Por estar o no estar. También están los momentos imprescindibles. Los de disfrutar del exterior de uno. Lo que rodea. Hasta ir con la carne de gallina o los pelos de punta.
La soledad de un poco antes de amanecer. La quietud de un poco después de ponerse el sol. Cuando las ideas no te dejan tranquilo y lo escribes o se te olvida. Realidades que superan los sentidos de andar por casa. Los de a diario. Pues a esos me refería.
La certeza del error y la rapidez en enmendarlo. Porque la edad adulta es así. Pequeños placeres entre grandes achaques. O era al revés. Grandes placeres entre pequeños achaques. Suena mejor. Debería ser así. Seguramente es así aunque siempre hay quejicas. Y cada día resulta más profundo que el anterior. Como una sensación adolescente que no te deja dormir de noche.
Ajustar lo que escribo a la realidad. Vivencias y pensamientos. Batallas ganadas y batallas que te enseñan. Aunque sólo sea a pensar. Es la cursilería puntual que llega todos los años por estas fechas. Finales de primavera y periodo vacacional. Cuando los sueños se dejan tocar y acariciar. Aunque sea de día y en plena siesta.
Con las primeras luces del día puedo observar el camino que hay que seguir. Espero al poeta y empezamos a andarlo. Nos refugiamos junto al mar que es el que mejor nos comprende. Porque entiende de poesía. Y de otras cosas.
El cementerio de Deià tiene encanto. El poeta razona contra la muerte. Porque busca la vida. Pero son las flores las que hacen la tumba bonita. Dentro no hay nada. Ni conciencia ni sufrimiento.  En los sueños no hay miedo. En las pesadillas si. Los sueños están hechos de esperanza. Las pesadillas son malos momentos que regresan por la noche.
Pero el sol se pone y llega la calma. Llega el descanso y la lectura. Llega la copa y las palabras sabias que han esperado todo el día. Así nos hemos metido en Junio. Con temperaturas de casi verano y recogiendo brisa marina en el porche. Salud.

lunes, 18 de mayo de 2015

El asunto

Me he levantado cuando se ha hecho de día. Tengo cosas que hacer y me han dicho que me tiene que sobrar tiempo. Esto es novedoso. Vivir la vida tal cual y que me sobre tiempo. Si esto ocurriera, ahora mismo, no sabría que hacer con el tiempo de sobra. A ver si no.
Que me sobre tiempo tiene que ser una metáfora y no sé de qué. Y mira que llevo un rato pensando. El trigo la cebada y otros cereales se han hecho mayores y hay que segarlos. Como resulta que ha hecho más calor de lo normal han madurado antes. Van a segarlos antes de lo previsto. Les ha sobrado tiempo, pues. Igual empiezo a entender y no me doy cuenta.
Las aves migratorias que recalan en la Isla han llegado antes debido al buen tiempo. Han hecho sus nidos y se han apareado. Los huevos han eclosionado antes de lo habitual. Pues también les sobrará tiempo. Podría observar lo que hacen e imitarles. Es que le doy vueltas al asunto sin saber qué hacer si es que me llega a sobrar tiempo.
Foto: Toni Negre
De cómo se detiene el tiempo junto al mar
Supongamos que realmente me sobra tiempo. Hoy y otros días que haga las cosas rápido. Podría prorrogar eso de hacerme mayor. Pero me dicen que la muerte va por libre. He comprobado que, incluso sobrándome tiempo, el sol se ha puesto a su hora. Y al día le he contabilizado veinticuatro horas. Dónde estará el tiempo sobrante, me pregunto. Me impresiona que a estas alturas de mi vida esté pensando en estas cosas que ni siquiera me producen felicidad y no sirven para curriculum.
El poeta me ha contado que no se puede vivir más rápido de lo normal. Pero me han pedido que me sobre tiempo. Esto es un lio. Y me confunde. Si me acomodo en la tumbona de pereza que tengo en el porche a lo mejor resulta que pierdo el tiempo. O lo aprovecho para pensar y descansar. Y va un vecino y me dice que se nota que tengo mucho tiempo porque estoy en la tumbona. Estas cosas me alteran y me crean desasosiego. Menos mal del viento. Pero no entiendo el susurro de las olas.
Acabo de llegar de un viaje y estoy impregnado del espíritu de los hombres perfectos y herejes. Me he sentido identificado en muchas cosas. Utilizo mi mente para transportar las ideas de un lugar a otro. Y pensarlas cuando tenga tiempo. Mi vida es mía y la comparto con quien me da la gana. Que de eso soy libre y no tengo conciencia de ir sobrado de tiempo.
He preguntado a algunos de mis compatriotas humanos cómo llevan lo del tiempo. He recopilado respuestas de todo tipo. Sólo del grupo de jubilados he recogido que "ya no me queda tiempo" y "tengo todo el tiempo del mundo". Son raros estos bípedos con bastón y años acumulados. Y a pesar de todo les tengo un especial cariño. Desayuno con ellos y hago tertulia para absorber sabiduría.
Con los jóvenes me ha pasado casi lo mismo. "Tengo toda una vida por delante" y "si tuviera más tiempo haría muchas más cosas que ahora no puedo hacer por falta de tiempo". Ya casi me resulta evidente, a la vista de los resultados, que el raro soy yo. Que tengo el tiempo justo para todo y no voy sobrado de nada. Y por si no bastara resulta que no sé cuanto tiempo me queda. ¿Cómo me va a sobrar?
He decidido que sólo quiero lo
que me toque. Que no me falte pero que tampoco me sobre. Un tiempo para cada cosa. Quién me mandaría interesarme por la filosofía. Recuerdo haber empezado diciendo que me he levantado cuando se ha hecho de día. Pues ahora termino diciendo que se ha hecho de noche. El sol ya se ha puesto y he decidido acostarme. Y todo esto ha ocurrido en un día con el tiempo justo para todo. Ya veré lo que hago con el calor. Salud.

viernes, 1 de mayo de 2015

Reverso

Dice Caballero Bonald en un escrito que ha visto el reverso del aire. Que detrás del aire hay más aire. Seguramente lo ha dicho porque se ha fijado. Conviene fijarse en los días y en su reverso. Luego se habla y se escribe. Porque después de lo dicho y escrito habrá consecuencias. Tendría que ser así. No se si me he dado a entender pero eso quería decir.
El otro día amaneció. Me levanté y salí de casa para ir a otra casa. Era una hora temprana por lo que el día era reciente. Casi ni de día. Casi ni de noche. La otra casa es esta que está situada en un pueblecito costero y pintoresco y de la que ya he hablado en otras ocasiones. Le tenía ganas y el tiempo acompañaba. Unas temperaturas vacilantes de primavera y nubes y claros de temporada.
Me lo encontré casi todo igual como debe ser. En el apartado de mobiliario urbano y otros adornos había novedades. Como cada cuatro años. Que el alcalde parece que quiere repetir. He abierto la puerta y las ventanas. El aire ha entrado por las ventanas y ha salido por la puerta. Los aposentos, pues, se han ventilado. Es lo que hace el aire cuando le das margen. Esa noche hubo temporal y un mar picado. Dormí con la ventana abierta para no sentirme solo. Y me identifiqué con el viento.
He sacado la tumbona al porche. Me he sentado. He cerrado los ojos. He notado la brisa en la cara. He escuchado con atención el susurro de las olas. He oído sonidos lejanos de otras casas, cosas y sitios. Han pasado gaviotas hacia sus nidos en los acantilados del fondo. Me he fijado que detrás de las casas hay más casas. Detrás de las cosas hay más cosas. Pero detrás del pueblo está el bosque y el reverso es el mar.
Me he alegrado ver a mis vecinos de siempre y de casi siempre. Y a los más recientes. Eugeni estaba en modo stand-by y Pepe daba los últimos retoques al restaurante. Entre una ola y otra ola aguardaba el silencio. Igual que entre una palabra y la otra. Después de lo que se diga queda el silencio de pensar. O una pausa para escuchar. Pero el reverso de una ola es la misma ola.
El mar tenía un bonito color. El más adecuado de todos los posibles. Que puede cambiar muchas veces en un mismno día. Por eso siempre te sorprende. También por su aroma. Por su calma. Incluso por su brusquedad. He leído de uno de izquierdas que en el mar ya hay más muertos que en las cunetas. A los que mantenemos cierta sensibilidad nos impresiona. Como una alucinación.
El día ha sido rápido y el tiempo se ha hecho insuficiente. El café con leche de la mañana, con tertulia incluida, se ha alargado hasta mediodía. El momento café con brandy del almuerzo se ha alargado hasta la siesta. La siesta ha durado hasta el atardecer. Me pregunto cual será el reverso del horizonte o qué hay detrás del infinito. Pero no estoy para pensar la respuesta. Si el profesor Saoner estuviera entre nosotros nos ayudaría a resolver esto. Lo que hay detrás de esto. Y el reverso de esto.
El bosque y el mar son como la prosa y la poesía. Se complementan en las cosas que tiene la vida. Que después del tiempo hay más tiempo. Seguramente. Me interrumpe Eugeni para decirme que después de los días viene la muerte. Venga ya! Lo han dicho los obispos en su hoja dominical. Y además tendremos que afrontar un juicio final. Pues habrá que espabilar mientras dejamos pasar el tiempo. Lo sabe bien el poeta que continuamente coquetea con la historia.
Después de la memoria vienen los recuerdos. Aunque el reverso de la memoria es el olvido. Dicho lo cual me he planteado vivir espontáneamente y de forma muy seria. La rutina suple la planificación. Pero sólo me iré cuando sea noche cerrada. El reverso del día es la noche. Me marcharé cuando haya visto ponerse el sol. Detrás de la puesta de sol viene la oscuridad. Y los ladridos de perros anónimos. Quiero asegurarme de que las cosas siguen como siempre. La improvisación genera inseguridad.
Amaina el viento y el día, y el atardecer me seduce. Detrás de mi está la sombra que me sigue y las huellas que se quedan quietas. El reverso de la lectura es la reflexión y muchas cosas más. Una página colinda con otra y ésta tiene un reverso lleno de palabras por descifrar. Salud.



martes, 21 de abril de 2015

La ventana

Una mañana de estas. Creo que era la penúltima antes de que ya casi no las recuerde. Me interesé por la poesía nada más salir el sol. Salí de casa tan rápido como una tortuga por senderos de tranquilidad. Esos que van del bosque a la playa. Mañana intensa como una llovizna de sirimiri. Recuerdo que amaneció prosa y calma. Por eso me interesé por la poesía.
Miré la vida por el ojo de una cerradura y no lo vi claro. No es la forma más adecuada de mirar las cosas de la vida. Luego, pues, abrí la ventana, extendí los brazos y respiré profundamente. Fue otra cosa. Y es que la vida es como un ensayo. Un libro de autor. Con trazos poéticos, párrafos de suspense, fantasía, puntos y aparte y hojas todavía sin escribir.
Narrativa simbólica con mucha luz y plasticidad. Acontecimientos históricos, ficción de subconsciente y leyendas. Esas cosas de siempre. He empezado el día con compromiso. Con ganas ilusionadas de adolescente. Sorteando tonterías. Me he parado a beber agua y el corazón se ha desacelerado. Dice el poeta que la vida es una carrera de fondo con obstáculos. Y que algunos no los podrás saltar nunca.
La vida necesita sensatez para poder mirar por la ventana. Hay que controlar más las adherencias sentimentales. Los apegos y los sueños. La rutina y las costumbres. Y la magia del camino embrujado por el mar. Las tormentas domesticadas para que los días sean adecuados. Puedo hablar con el mar y con el viento porque no me son desconocidos.
La lluvia de barro que ha caido durante la noche lo ha ensuciado todo y ha dejado el camino resbaladizo. Piso con cuidado para no perder el equilibrio. Casi todas las olas que llegan son las mismas que otros días. Algunas son nuevas y delicadas. En la radio ponen "the way it is". No me supone un problema estar solo cuando tengo la cabeza llena de cosas en qué pensar. Igual que tampoco me supone un problema vivir rodeado de mar. Aunque no siempre haya olas.  
He abierto un libro con un comienzo clásico. De esos de "Erase una vez un bosque tan grande que llegaba hasta el mar..." La verdad es que erase una vez un mar tan grande que llegaba hasta el horizonte. Y mira que éste está lejos. La cotidianidad te hace ser más ágil cuando estás en la edad adulta. El poeta, como siempre, observa lo cercano, le pone rima y lo escribe. O sin rima.
Decía que llevo varias cornadas en el cuerpo. Gracias a ellas he descubierto los burladeros. Que la vida también tiene. Y cuando hay tormenta procuro no estar en el agua ni dentro del bosque. Que los rayos sólo quieren agradar y no entienden de destrozos. Ahora mismo lo que me llama la atención es la actitud de las olas. El sol seca la tierra y se vuelve polvorienta. Hace tiempo que no llueve y la tierra tiene sed. Todos tenemos sed pero no siempre tenemos agua fresca para beber.
Algunos días pasan como el sueño inocente de un niño. A medida que crece los sueños son más responsables y más comprometidos. Desde hace un tiempo hay un mirlo sobre una rama de laurel que le canta al amanecer. Antes de que salga el sol. Libré una batalla conmigo mismo. El ganador y el perdedor fueron el mismo. Mi parte ganadora estaba satisfecha y la perdedora también por lo que había aprendido. Y yo tan contento. Salud.


martes, 14 de abril de 2015

Brisa

Acantilados
que emergen del agua
danza de olas
remolinos de espuma
brisa orgullosa
horizonte de nubes
cielos ocultos
desaparecido infinito.
 
Instantes
barca varada
remos dormidos
senderos de agua
duelo de tormentas
vientos a la deriva
que agitan sus alas
moviendo la marea.
 
Pensamiento
siempre vivo
siempre libre
de día de sol
de día de lluvia
de noche de luna.
 
Oscuridad
cuando los sueños
sobrevuelan la vida. 

jueves, 9 de abril de 2015

Vértigo

Vertiginoso paso de los días. La libertad de las olas cuando llegan a la orilla y se esparcen por la arena. Para recogerse entre espumas mar adentro. Otra vez. El mar, desde la cima de la montaña, parece más grande. Y más sereno. Prisionero de playas, acantilados y continentes. La arena huele a sal y a cuerpo desnudo. A puesta de sol. Horizonte rojizo que el sol enciende al atardecer.
Y la poesía de Machado sabe de otra manera cuando las encinas te cubren de sombra. La del olivo centenario huele a sosiego y a tiempo perpetuo. No me olvido de la huella que hoy me toca dejar. Me preocupan las pisadas de ayer. No las encuentro. La fisonomía de la vida se parece a mi. Incluso los gestos que el escritor pone en prosa y el poeta pone en rima.
Hemos vuelto a las rutinas y a las costumbres. Hemos dejado atrás los tambores y las trompetas. Los pasos y las saetas. El incienso y los capirotes. El futuro se acerca rápido. Lo noto en cada amanecer. Otro día para seguirle la corriente a la vida. Toca aprender de las nubes y del viento. Interpretar el ladrido de un perro. Las miradas. Hoy toca aprender de la naturaleza.
Recuerdo ese día que Umbral entró en el Gijón. Tomó asiento y pidió un café con leche y una aspirina. Tenía un dolor de reuma insufrible. Comentó que debería culpar a Dios del sufrimiento. Pero esto sería otra forma de fe. Y habló de otras cosas. Como que crear el cielo y la tierra en siete días había sido algo precipitado. Ahora las consecuencias de los acabados.
Pero un poeta joven le replicó  que el sufrimiento está para poder buscar consuelo. Luego quiso hablar del futuro. Pero cuando se dio cuenta ya había pasado. Porque era joven el poeta. Además, en una cafetería no se debe hablar de sufrimientos ni de Dios. Sobre todo si te levantas antes del amanecer.
Yo no me cuestiono la vida porque existe el mar. Así, tal cual. Camino por entre la oscuridad como si fuera de día. Las ortigas de mar saben a marea. A olas y tormentas. A brisa de atardecer. A versos que transporta el aire. Para conocer el mar también hay que tener paladar. Ahora me iré caminando por la calle porque está tranquila de trajín de gente.
Ese vertiginoso paso de los días se nota en cada cosa. El membrillo ya está florido. El limonero y el cerezo. Y tantos otros árboles frutales. El aire ya viene caliente. Y el sol se pone delante de Miramar. Resulta complicado hablar de la vida y de los días. Pero a veces, no. Sobre todo si puedes contemplar la primera luna llena de la primavera. Salud.   


miércoles, 1 de abril de 2015

Florecer

Tiempo adolescente que no acaba de madurar. Primavera de mediterráneo. De cambio de hora. De tiempo inestable. De lluvias de entretiempo. De temperaturas que no son de fiar. Primavera de incienso y de procesiones. De florecer de lo árboles. La primavera de cada año que este año es más cálida. El sol aprende a ser primavera cada día. Desde que amanece hasta que se acuesta.
El tiempo se repite y nosotros con el tiempo. El sol se hace mayor para cuando llegue el verano. Gentes en sus días. Días con sus cosas. Siempre iguales y siempre distintas. En esas estamos de buena mañana. Y la tertulia que no falte. Un amanecer en falso porque el sol no está. Pero se le espera. La lluvia, mientras, lo moja todo. Y el bosque en su verdor. Igual que los campos con sus sembrados. El color del mar es distinto aunque no su aroma. No es cuestión de mojarse y ponerse enfermo. Al mar no le importa la lluvia.
Hoy toca hablar de desgracias y qué hacer con las pitadas. Pepe sube el volumen de la música vintage o antes de Radio Murta. Nos batimos en retirada y cambiamos de tema. Sacamos a pasear algunos secretos. Ya no volverán a serlo. Algún día serán olvidos o leyendas. Secretos de años pasados que agobian a los jubilados. Hablan en pesetas y me lían. Me queda claro que muchas pesetas son pocos euros. Los silencios son aprovechados para tomar el café. Que luego se enfría y ya no es lo mismo.
Ha salido el tema tabaco. Ninguno fuma. Su voz ya no es de nicotina. Han cambiado su paladar de barro por uno muy fino. Porque están jubilados y los minutos son más cortos. Y los días. Y los años. Los sentimientos también son reversibles. Pasan de la alegría a la tristeza y viceversa. De la desolación a la esperanza. Se puede hacer. Es una primavera de turismo de avalancha. De si se fuera a terminar el mundo. Ahora que hemos cambiado la hora tenemos más día y menos noche. Pero amanece más tarde.
El mar también nota la primavera. Sus olas son menos agresivas. Menos violentas. Llegan mansas de buena mañana. Se entretienen en la arena antes de recogerse mar adentro. Entre espuma y remolinos. La gente pasea y pisa las olas. El despertar del bosque también es distinto en primavera. Las gaviotas vuelan mejor porque el viento es más cálido. El otro se ha ido al norte. Ahora sopla del sur y del este. Primavera larga de mediterráneo. Puedes llegar al horizonte si tienes una buena barca y unos buenos remos.
Hoy a vuelto a llamar a la puerta un señor con traje y corbata. Me ha dejado un panfleto y me ha invitado a que el viernes santo vaya con ellos a celebrar el funeral por la muerte de Nuestro Señor. He declinado la invitación porque yo no voy a funerales. Eso son cosas de creyentes. Los ateos escuchamos las chicharras, por ejemplo. Tengo planificado una puesta de sol para el jueves santo. Desde Miramar de l'Arxiduc. Salud.

martes, 24 de marzo de 2015

Capvespre

El día es troba malalt de cansament.
Esperant la posta de sol
damunt uns penyals imposibles.
Abans uns ombratges
d'alzines i oliveres,
de pins, garrovers i figueres.
I un caminet de carro
vorejant la inmensitat del mar.
He baixat fins les roques
on les ones murmuren
mentres el sol va baixant dolçament.
Alguns instants després
el sol ja es post i queda una petita claror.
I uns núvols esperen sobre l'horitzó
abans que aparegui la foscor de la nit.  

jueves, 19 de marzo de 2015

Más comienzos

Pasó el tiempo entre papillas y arroces y otras cosas. Crecí y me hice niño. Fui escolarizado el día cuatro de Octubre del año del Señor de mil novecientos sesenta. A la edad de seis años, como estaba mandado. Me tocó en suerte, por vecindad, las monjas franciscanas de la Plaza Quadrado de Ciutat. Aquí empecé a tomar conciencia de que hay vida más allá de la familia y los amigos del barrio.
Al principio de convivir en la escuela con otros niños no resultó fácil. Un ambiente hostil del que sobrevives sin ayuda de los padres. Todavía tengo cicatrices que llevo con orgullo y dignidad. Aprendí lectura, escritura, matemáticas, artes plásticas, ciencias naturales y cosas del espíritu con Sor. Juana y Sor Catalina. También recibí collejas y castigos que forjaron mi carácter. Algunos reconocimientos fueron premiados con estampitas de santos. El Domund, el mes de María, los ejercicios espirituales y excursiones a Randa donde descubrí a Ramón Llull. 
Conviví con la adversidad y ahora aprecio la vida. De aprender a escribir y la caligrafía pasamos a las redacciones de lo que fuera. Un escribir la biografía a cada rato pero sin faltas de ortografía. O tirón de orejas. Mi mundo vivido y mi mundo escrito. Como diría Umbral "en el redondo de la luz de un flexo. El resto son círculos de sombra que están de incógnito". Mejor esto que los números. Ahora sigo escribiendo en las noches y en los amaneceres con el aire que respiro. La noche también se ha hecho para vivir de espaldas a la vida. Un día cambié los tebeos y las vidas ejemplares por los libros. El Quijote y el Decamerón. No digo más.
Seguí madurando en la niñez y con siete años -antes de hacerme ateo- me dieron la primera comunión. El mismo Padre Font que me bautizó. Ya puestos. La prosa de mi vida está encuadernada para que no se pierda ninguna hoja y ninguna palabra. Mi abuelo materno me regaló un reloj de pulsera de la marca omega. Como mandaba la tradición. También se abrió una libreta en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Palma de Mallorca. Empecé a perder niñez.
Será que me hago mayor pero mis letras respiran sinceridad como recurso innato. He andado mucho y lo que me queda. Procuro dejar huellas para que otros las vean. Pero me quedan dudas razonables e impertinentes que me rondan la cabeza. Desde siempre y cada vez más. Ahora repito aventuras porque le temo a las nuevas. El viento me viene de poniente pero me deja mirar al Este. A veces sueño que mis realidades han sido ficción. Y me despierto sudando. No quiero vivir mirando al espejo continuamente. El espejo es sólo para un rato. Cuando el olvido empuja.
El otro día he pensado en demorar algunas horas cada día. Posponerlas para más adelante cuando llegue al horizonte. Aprovecho los momentos que el día descansa para esconderme en el bosque. Ahora me doy cuenta de las calles se llenan de pisadas ya de buena mañana. De voces, susurros y silencios. El aire corre sin molestar. Personas anónimas con mentes ausentes en un despertar lento. Mientras camino las manos descansan en los bolsillos y el cielo amenaza lluvia. Todos los días es un envejecer y volver a la infancia y a la niñez.
El campanario de la iglesia va marcando las horas, los cuartos y las medias. Yo me vuelvo un poco más loco como instinto de supervivencia. El reloj fulmina el tiempo que hemos vivido y el que hemos perdido. Que no distingue. Las pisadas de la calle ya se superponen de tanto trajín de gente. Pero mi camino es silencioso y mis saludos son un movimiento con la cabeza. La alegría va por dentro igual que las ideas. El veneno va por la sangre pero lo llevo controlado. Un volver a la niñez cuando nadie nos ve. Escribo en la pizarra mil veces "el calendario no engaña", como si fuera un castigo. Salud.

sábado, 14 de marzo de 2015

Comienzos

Un grito desgarrador seguido de un llanto persistente se escuchó en las inmediaciones del número veintisiete de la calle Savellà de la ciudad de Palma en la isla de  Mallorca. Eran las seis y diez de un atardecer apresurado de otoño. Hacía un frío húmedo en las calles estrechas del casco antiguo. Este día y a esta hora nací yo y empecé a vivir mi vida extrauterina.
Era un día cinco de Noviembre del año del Señor de mil novecientos cincuenta y cuatro. Esta tarde otoñal anticipada, fría y húmeda, quedé marcado por el signo del escorpión y por el caballo chino. No haría falta que dijera más. Eso quisieran muchos. Pero lo haré. Sin ánimo de ofender.
Llegué al mundo sin crear problemas. Diríamos que los justos. No soy de molestar porque sí. Yo era el damnificado. Llegué sin pan bajo el brazo porque éramos pobres. Tampoco me trajo ninguna cigüeña de Paris porque no tenía dinero para pagarla. Lo sé porque soy el protagonista y hay cosas que no se olvidan.
Cuando la comadrona me dijo de salir al mundo no lo tenía claro. Al principio me resistí y empezaron los tirones, los forcejeos y las contracciones. Luché en en desigualdad de condiciones. Comprendí que no podría resistir mucho tiempo y me rendí. Tuve que nacer. O me nacieron, que se ajusta más a la realidad de lo que pasó. No hizo falta que me dieran en las nalgas.
Ahí fue cuando empecé a llorar desconsoladamente. Impotencia, añoranza y ganas de que el vecindario se diera cuenta. Lo conseguí. Sesenta años después no he cambiado de opinión y volvería a hacer lo mismo. No vi nada en la oscuridad y no escuché nada en el silencio del momento. Recuerdo que toqué a mi madre y me impregné del sudor de su sufrimiento.
Ella se dio cuenta del mío porque me lo dijo. ¡Gracias donde estés! Después de unos minutos me callé afónico y me dormí exhausto.
Todo lo que había imaginado dentro del útero de mi madre no tenía nada que ver con la realidad. Nací, pues, muy confundido. Lo reconozco porque no soy de valentías. Se me nota a la primera. En unos días comprendí que mi futuro inmediato estaría en manos de los cuidados de mis padres y del Generalísimo (que en gloria esté por suerte de todos).
No puedo decir que naciera libre porque todo pasó de forma involuntaria. Era rebelde y apuntaba maneras, como se dice. Desde el primer minuto empecé a llenar mi vida de contenidos. Que de eso se trata cuando quieres forjar un futuro prometedor. El resultado está a la vista. Me imaginé el mar y me enamoré de él.
Me precedían dos hermanas. Ángeles y Francisca. Ya sabéis que es de educados ceder ante las damas. Yo fui, pues, el primer varón y, por lo tanto, aunque el tercero de la lista, me convertí en el heredero universal de todos los títulos y bienes inmateriales familiares. Esta realidad ayudó a que fuera un poco más feliz. A pesar de los días malos que uno tiene incluso en edades tempranas.
Efectivamente he heredado las formas y los modales de la gente de bien. Después de mi vinieron Ana María, Miguel y Bernardo. La leyenda dice que hubo alguno más que no llegó a término. Así pues.
El día nueve del mismo mes y año del Señor fui bautizado, cristianamente, y de forma solemne, en la parroquia de la Almudaina (la Seo o Catedral), en una ceremonia íntima y emotiva oficiada por el Padre Guillermo Font Lladó C.O. Estaban mis padres. Bernardo Negre Canals y Ana María Colmillo Prats. Ambos naturales y vecinos de Ciutat. Me pusieron por nombre Antonio. Más tarde, y desafiando el poder infinito del Generalísimo, lo cambié por Antoni.
El día del bautizo también estaban mis abuelos paternos Antonio Negre Simonet y Ángela Canals Rotger. Mis abuelos maternos Miguel Colmillo Munar y Francisca Prats Biendicho. Actuaron de padrinos mi abuelo materno y mi abuela paterna. Fui el protagonista pasivo porque no tuve nada que ver con todo esto. Mientras me bautizaron no lloré y lo digo para que quede constancia de que a mi no se me acojona con un poco de agua bendita.
En cuanto he podido me he convertido al ateísmo, he apostatado en la intimidad y ahora estoy en lista de espera para ser excomulgado y condenado por la gracia de Dios a pasar mi eternidad a la deriva entre las olas del mar.  O más allá del horizonte que asusta más porque nadie sabe lo que hay. Salud.


sábado, 7 de marzo de 2015

La mentira

Tengo un amigo que tiene un vecino que tiene un hijo. He hecho referencias a él en otras ocasiones, creo. Pues ese hijo se ha hecho mayor, aunque tuvo su infancia. Como casi todos.
El hijo en cuestión nunca conoció personalmente a su abuelo. Murió de una de esas enfermedades que te matan cuando aún eres joven. Era policía municipal. En la casa del vecino de mi amigo siempre tuvieron una fotografía suya sobre una mesita en el recibidor. Enmarcada en madera noble que la resaltaba de las demás. Una foto de estudio con uniforme de gala. Chaqueta con botones relucientes. Corbata impecablemente colocada. Gorra de plato. La cabeza ladeada ligeramente y mirando a la cámara. Adornos de gala de cuerda blanca trenzada entre el hombro y el pecho. Insignias y reconocimientos colocados de forma adecuada. 
El hijo del vecino de mi amigo siempre ha visto esta fotografía en su casa. La tiene sobradamente memorizada hasta tal punto que cuando le piden lo qué quiere ser de mayor -que son muchas veces- contesta que militar como su abuelo. Llegó a ser una obsesión que quería vestir de militar y hacer la guerra donde fuera. A menudo imitaba la pose seria.
Esta especie de veneración inicial le llevó a una normal curiosidad. Ahora importaba saber dónde estaba ese abuelo de la fotografía que nunca había conocido en persona. Porque las guerras tampoco duran tanto y algún día hay que volver. Su madre para salir del paso y medio zanjar el asunto le dijo que el abuelo estaba en el cielo. Así sin más. Porque el abuelo había sido una persona buena y las personas buenas van al cielo. No pueden ir a ningún otro sitio. Era un orgullo haber tenido un abuelo militar que había hecho la guerra y que ahora estaba en el cielo por los siglos de los siglos. Amén.
Otro día, en otra ocasión, pasaron por delante del cementerio. Su padre, contestando a ninguna pregunta, le dijo que su abuelo estaba allí descansando en paz hasta el día del juicio final. El hijo del vecino de mi amigo se medio trastornó. Entró en una depresión infantil y casi pierde la razón. Sus padres le habían mentido con respecto al paradero de su abuelo. La gran mentira que precede a la confusión. O estaba en el cielo o estaba en el cementerio. Pero no podía estar en los dos sitios a la vez porque esto es imposible. Además él lo ubicaba en el campo de batalla. Le tenía mucho apego porque, entre otras cosas, siempre le habían dicho que se parecía mucho a él.  
No se pueden contar mentiras piadosas a los niños en su primera razón. Cuando están construyendo sus ideales. Cuando empiezan a aproximarse a la verdad con la información que reciben. Estas informaciones distorsionan y confunden y la mentira piadosa se convierte en una mentira capital. Ahora exige una verdad que no entenderá. Que no fue militar y que no murió en el campo de batalla. Que está en el cementerio y su alma de creyente y buena persona, quizá, esté en algún sitio como pueda ser el cielo. Siempre que se tenga suficiente fe.  
Han consultado con un especialista en estas cosas para que les ayude. Personalmente creo que han hecho bien. Porque cuando hayan solucionado esto vendrán los reyes magos, el ratoncito Pérez y a saber qué. Eso no ha hecho más que empezar. Salud.