... Rosalía aparece como una figura capaz de sobrevivir al paso del tiempo gracias a la fuerza desgarradora de sus versos. En ellos no hay artificio gratuito, sino una verdad íntima que nace de su sufrimiento, de su lucidez y de la realidad que le tocó vivir. Algunos podrían interpretar su obra como una literatura nacida de las penas del alma, del dolor físico y del desasosiego psicológico; sin embargo, en su caso la realidad supera cualquier ficción literaria. Por eso aceptamos sus textos como una expresión verdadera, escrita con una belleza sobria y una sencillez tan intensa como la vida misma de quienes habitan esa Galicia nublada, cargada de niebla, donde el pueblo sobrevive con dificultad, pero sin renunciar nunca a la lucha.
No
estoy seguro de si este texto debe considerarse un libro o, más bien, una
acumulación de pesares nacidos sobre una tierra musgosa, junto a una fuente de
agua fresca y cristalina, rodeada de robles y eucaliptos. No pretende ser un
libro de historia, aunque las fechas y los lugares respondan a una realidad
concreta. Tampoco es una biografía extravagante ni insensata, sino una
aproximación emocional a una mujer marcada por una región antigua, llena de
desasosiegos. Una vida vivida no siempre es una vida lograda: puede ser también
una existencia insuficiente, áspera y mezquina, atravesada por adversidades
difíciles de describir, por la desolación y por una amargura persistente.
Esa
necesidad de comprender lo trascendente se desarrolla en una Galicia extensa,
llena de iglesias y conventos donde se conserva un saber acumulado durante
siglos. Sin embargo, esa riqueza espiritual e intelectual no siempre se traduce
en prosperidad para el pueblo. Salvo en círculos muy reducidos, apenas se
percibe una verdadera abundancia cultural o material. La gente, por muy
luchadora que sea, permanece al margen de los beneficios del conocimiento y
sobrevive en la necesidad. Allí, las campanas rompen el silencio como quejas de
insatisfacción, mientras muchos viven de oficios imprescindibles, mal pagados o
recompensados en especie. ...
Fragmento de mi último libro "La hija de la niebla".