lunes, 21 de enero de 2013

Mar del norte

A veces tengo la sensación de que esto de la escritura puede llegar a ser peligroso. Que es muy absorbente. No es inocente ni pasajero. Es un continuo pensar y darle vueltas a las cosas y a más cosas. De querer plasmar todo lo que veo y siento. Un buscar palabras adecuadas. Frases con sentido. Párrafos que hagan pensar. Me absorbe la vida. Como si la vida misma  fuera literatura. Me convierto en un libro abierto y giro páginas mientras los demás leen.
Aquí. En la orilla del mar del norte. Mirando y pensando. Imaginando con los ojos cerrados. El mar es como una voz dentro. Un eco en la lejanía. Un mar con mucha historia que cuenta su experiencia de mar, de ola y de espuma. Cada ola trae un mensaje que se explica con la espuma al romperse. Olas que vienen y van. Mareas que suben y bajan. Inquietante ese mar. La recompensa emocional del despertar de un sueño creativo. Un sueño denso de aguas color turquesa, azul y verde. Emociones turbulentas como el mar cuando está revuelto. Bravo y bravucón. Relato prometido y necesario de este mar del norte. Me lo llevo dentro de mi. Forma parte de mi vida. Que cada mañana entra en mi habitación para despertarme. Cada ola viene con un nombre de persona o con una historia. Mientras lo miro desde el paseo marítimo bromeo con el sirimiri hasta decirle basta porque estoy empapado.
Luego camino abandonado a dónde me lleve el paseo. Hasta que mis pies no soporten los zapatos. Hasta el peine de los vientos que me despeina sin sentido mientras el mar me salpica el rostro. Narrativa cuidada como el pueblo que me acoge. Tengo ambición de tiempo que parece pasar más rápido de lo normal. Está celoso. Pero bueno, sólo quiero respirar hondo la brisa marina de la mañana y mirar el mar fijamente para conocerlo mejor. Un mar que se comporta a su manera. A ratos alucinógeno, a ratos hipnotizante. Busco y rebusco palabras en la mente para describirlo. Me comporto como un arqueólogo de las letras. Tengo que describir este mar que no tiene fin antes de irme. Me sumerjo en él como buzo experimentado para conocer su intimidad. Experiencias y aventuras que el mar del norte me va dando a cada momento, a cada ola, a cada mirada, a cada inmersión, a cada subida de la marea.
Isleño y bien conocedor del mar. Pero este del norte es distinto. Coqueteamos. Nos decimos mientras nos miramos. Pero sin perdernos el respeto. Aguas con historia y mucha literatura. Historias con final feliz y otras desafortunadas y trágicas. Historias reales y de cosas de ficción. Este mar que me trae mensajes de maderas, de trozos de cuerda y de algas. Hasta la orilla. No puedo vivir al margen del mar. El mar vive en mi. Estoy en el lado adecuado. A lo lejos parece tranquilo y manso. A medida que se acerca eleva las olas. Hasta lo más alto. Las dobla y las inclina hacia adelante para tirarlas con fuerza y romperlas en mil espumas que se deslizan hasta la orilla. Se recoge ella misma y vuelve mar adentro porque vendrán otras. Sin parar. Porque así es el mar. Pero el mar del norte se lo toma más en serio. Este mar que es el mismo de siempre porque no envejece. Que se mantiene en forma. Sus olas laten con el sentido de la vida. Te atrae y te hipnotiza.
Por la noche, este mar del norte, esconde el sol en las profundidades hasta apagar el día y quedar a oscuras. A la mañana lo devuelve a la superficie y lo deja amanecer. Sale majestuoso y deslumbra con su luz. Cada día lo mismo. Y no se cansa. Cambia los colores según el lugar y la profundidad. Hace juego con el color del cielo porque quiere agradar. Hay que olerlo con los ojos cerrados. Huele a mar. A brisa. Te impregna y  acompaña. El mar como metáfora de soledad, me dijo uno. Usted no conoce el mar, le contesté. Es compañía porque estimula los sentidos y el espíritu. Te regala paz interior. Está forjado en grandes tormentas. En tempestades de alta mar y en bravuconadas costeras. Así forja su carácter. Golpeando con fuerza los muelles donde se ocultan  las barcas. Así fortalece el carácter de los marineros y demás gente de costa. Muelles repletos de barcos. Algunos se niegan a ser desguazados porque quieren seguir meciéndose en las mareas. Aunque sea en puerto.
La literatura le exige historias de aventuras fantásticas. El mar tiene estas historias. Algunas con final trágico. Hablar del mar no es un logro literario menor. Los niños saben de sus historias porque los mayores las cuentan. Se acercan a la orilla. En la arena. Hacen volar sus cometas aprovechando el viento que el mar les trae. Los niños, en la orilla y sobre sus tablas, se enamoran del mar. Cuando sean jóvenes vendrán a enamorarse en silencio tumbados en la arena y cogidos de la mano. Este mar que tiene un impresionismo natural con determinación cultural. Arte se mire como se mire. Columna vertebral de historias literarias. Nexo de unión entre pueblos y culturas. Lugar para navegar a placer y para las batallas más atroces. Es la nota de color de los pueblos pesqueros que se mantienen a resguardo de su furia. Poderosa presencia que impone. Es el mar del norte. Este que se adapta a ti cuando lo miras. Estuve y lo ví. Es como lo he contado. Salud.