viernes, 30 de noviembre de 2012

Diego

Tengo un amigo que es argentino. Lo digo tal cual porque es así. Además hace ya muchos años. Es fácil ser su amigo y más si le dejas hablar. Habla mucho. No para. Es una persona cercana que transmite confianza. Se hace querer. Es un buenazo y no se molesta por nada. Vino a España hace algunos años con otros tantos amigos de la infancia. En Argentina no había nada que hacer, ¿sabés? Aquí recién he tenido oportunidades y las he aprovechado.
Es inteligente y un bien cultural inmaterial. Lo suyo no es genético. Se lo ha currado. Viene de familia muy pobre pero es consciente -y así lo cuenta- que su familia (su abuelo primero y después su padre) tenían el trabajo más alto de su pueblo natal. Un pueblo pequeño a algunos cientos de kilómetros de Buenos Aires. ¿Y qué es eso de tener el trabajo más alto del pueblo? Eeete, muy sencillo amigo Toni. Eran campaneros. ¿Campaneros? ¡Sí! Tocaban las campanas de la iglesia del pueblo. Algunas veces al día y muchas más al año. ¿Vos sabés? Tenían que subir a lo más alto del pueblo que es el campanario de la iglesia. Era todo un arte. Jugar con varias campanas para comunicarse con la gente. Existía una combinación para cada situación. Podrías haber seguido la tradición y perpetuarla en tu familia. No. No tenía futuro. Vos tampoco lo hubieras hecho. Además es una posibilidad que no cabe en mi entendimiento. Recibió una buena educación. Aquella que consiste en proporcionarle a uno recursos para desarrollar habilidades y crecer sin rigideces hasta llegar a pensar por uno mismo. Es original hasta en lo cotidiano. Lo esencial es todo.
Ahora se dedica a trabajar lo mejor que sabe y puede y a robar. Lo dice sin ningún pudor ni remordimiento. Soy un ladrón serio. Sólo le robo a quien quiere y a sabiendas. Esto es nuevo para mi y me resulta difícil de entender. Pues es fácil. Me dedico a la construcción aunque eso es circunstancial. Tu me pides algo y yo te hago un presupuesto de lo que te va a costar. Las cartas boca arriba. Sin trampas. Del presupuesto, un treinta por ciento cubre gastos y el setenta por cien restante es lo que te robo. Pero tu tienes el presupuesto y eres libre de desecharlo. Incluso puedes compararlo con otros. Regatearme una u otra cosa e incluso el IVA. Si al final me lo aceptas yo te robo porque tu me autorizas. Firmas el consentimiento en el mismísimo presupuesto. Soy honrado incluso robando. Jo no soy el único -comenta-. Vos pagás el litro de gasolina a un euro y pico y vos sabés que setenta céntimos son impuestos. Pero vos va en coche sabiendo que el estado te roba. Con el resto de los impuestos igual. Pues será. Mirá el panorama político. Corrupción por todas partes pero, ellos no avisan.
Ser pobre no implica ser ignorante. Ser inmigrante no implica ser tonto. Es feliz así. Además el cliente no le percibe como un ladrón sino como un trabajador serio y honrado. ¿Y sabés porqué? Porque robo menos que otros. No tiene el trabajo más alto como sus antepasados ni el sueldo más alto. Yo llego a fin de mes y me da para más porque se administrar. Sus necesidades están cubiertas y todo lo que roba está escrito, aceptado, firmado y sellado. Sin trampas. ¿Os quedó claro? Es una forma particular de ver las cosas y de vivir la vida. Así lo entiende y así lo dice. Es mi amigo argentino. El que gusta de hablar de negocios y de robar honradamente. Con papeles firmados que le autorizan. Ni siquiera defrauda a la hacienda pública. En sus contratos no hay letra pequeña. Lo único que hay que hacer es anotar un margen elevado de beneficios. Mi amigo argentino se llama Diego. Salud.

martes, 27 de noviembre de 2012

Sebas y Cicerón

Mi contertulio de esta mañana es una persona madura, pausada y con un oficio envidiable. Se gana la vida leyendo mucho. Luego de leer escribe crítica literaria. Sí pero, esto implica una vida casi sedentaria y unos cuantos achuchones que tiene que cuidar. El médico  ha tenido a bien enumerarlos y asustarlo. El café corto y descafeinado. Sacarina, media ensaimada y un montón de pastillas de distintos tamaños y colores. Los años no padecen del olvido y ahora se lo recuerdan. Se cuida porque le tiene apego a la vida, a sus amigos y a su rutina. Incluso al trabajo y al ocio. Cuando terminemos se irá a caminar una hora. Callejear sin rumbo. Qué más da. Es sólo una hora que el médico también le ha recetado. Viene acompañado de Cicerón. Es un perro pastor. Estatura media de perro. También tiene un andar pausado y un carácter tranquilo. Su única preocupación es cuidar  y lo hace bien. No toma pastillas pero también anda una hora cada día aunque su veterinario no se lo ha recetado. Es así. Se cuidan el uno al otro y se hacen compañía. Es lo que toca. Esos día de otoño son largos. Como todos los días del año, pero con muchos momentos de penumbra. Amanece tarde y anochece pronto. Él lee sin parar y luego escribe su crítica literaria. Cicerón anda ocioso por la casa y se acomoda a los pies de mi amigo contertulio. Por cierto que mi amigo se llama Sebas. Muchas mañanas compartimos desayuno y tertulia. Siempre hablamos de literatura porque es su oficio y mi pasión. El resto de temas de actualidad no se tocan porque carecen de interés. Por lo menos a nosotros no nos importan. Tampoco lee biografías, política, religión, economía y fantasmadas varias. Me dice que esto no es literatura. Son libros escritos con la intención de adoctrinar o influir en mentes poco hechas.
Se explaya conmigo. Vive con su madre. Señora mayor de salud envidiable y que se dedica a labores del hogar. Con ella no habla de su trabajo ni de literatura. A mi me da poco margen. No para. Es orador nato y convincente. Cicerón descansa a los pies cuando escucha su voz. Le da la mitad de la ensaimada porque no está a régimen. Bien que le gusta. Es un consentido. Es su perro. Es su mejor amigo, pues. El que le hace compañía. El que anda una hora cada día porque no consentiría que Sebas caminara solo. Le acaricio la cara y él me lame la mano. Es un perro agradecido.
Anda metido en la lectura de un drama ambientado en la post guerra civil española. Una comunidad de vecinos y sus familias. Vencedores y vencidos. Rencores y apariencias. Engreídos y agradecidos. Es la herencia de una guerra. Pobres. Pobreza material y de espíritu. Sin trabajo y sin poder mendigar. Al lado de la comunidad hay un bar. Coinciden y aparentan llevarse bien. No quieren más castigos de la vida. Estar porque sí. Porque no hay otra cosa. Demostrar una habilidad especial para hacer durar un café varias horas. Hablar por hablar. Un criticar disimulado y en voz baja. Personas abatidas, grises, descoloridas. No tienen estado de ánimo porque también lo perdieron en la guerra. La sonrisa y las ganas de lo que sea. Su trabajo diario es sobrevivir. Complicado en estas situaciones. Es lo que lee Sebas. La historia de un pasado imperfecto y reciente que supura por las muchas heridas que tiene.
Me cuenta Sebas que el escritor es el responsable del color que tienen las letras. De la conciencia de la palabra. Del sentimiento de una frase. De la ética del párrafo. Del propósito del relato. De su moral y su sensatez. Las palabras deben tener pocos instintos y mucha razón. El libro tiene que poder ser debatido con lógica y significación de conjunto. Se ha escrito que el tirano se propuso ser el último hombre. El superviviente al final de todo. Por eso fué tirano. Su historia está escrita y encerrada en las páginas del libro. Antes de escribir la crítica explora la conciencia de los personajes. Mide mucho sus palabras conocedor de la influencia que pueden tener en el potencial lector.
Me convence de que su trabajo es complicado. Le digo que quiero relajar el ambiente y leo unas líneas sobre un sueño. Lo ha escrito @pjdar. "Nada más cerrar mis ojos...mi mundo de fantasía se inició caminando por una senda en busca de un instante de emoción. Aquella piedra en el camino y la intensa niebla me hizo reaccionar. Estuve a punto de caer...pero una imagen salida de la sombra me sostuvo entre sus brazos. Un fuerte viento disipó la niebla. Eras tú y mi corazón latió con fuerza". Le gustó mucho a Sebas y lo anotó. Sensible. Transparente.
La palabra tiene la responsabilidad del significado. El escritor tiene la responsabilidad de poner la palabra adecuada. Es un trabajo laborioso escribir. Medio abstracto pero con los detalles a la vista. Se levanta y empieza su hora de andar por el pueblo. Cicerón a su lado. Después se sentará y escribirá la crítica literaria. Salud.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Hoja caída en otoño

Otoño en su esplendor.
Frío arcoiris rojizo.
Buen día para caer.
Queda una hoja.
Quiere caerse del árbol.
Del que la ha visto nacer.

Sobre la mesa del poeta.
Todo el verano esperando.
Todos los días leyendo.
Se enamora de las letras.
Y del aroma del café.
De los versos del poeta.
De la hoja de papel.

Aguanta la respiración.
Del aire se deja llevar.
Sobre los versos y el papel.
Entre versos se ha posado.
Se fija el poeta.
Sobre su piel escribe.
Poemas de amor.
Para que no tenga frío.
Para que no pierda el color.
 
Fue a morir entre versos.
Y aroma de café.
Que bello final.
Contraste de colores.
Contraste de emociones.

Lo mejor que pudo hacer.
 Caricias piel con piel.
Sobre los versos del poeta.
Le cautivaron las letras.
Y empezó a leer.

El otoño llega a su fin. 
Emociones a flor de piel.
El contacto con las letras.
Y el aroma del café.
La hizo estremecer.
 


martes, 20 de noviembre de 2012

Desayuno con letras

Esta mañana -café en mano- he visto la mesa de escribir. Llena de letras, palabras, ideas, espacios, signos, sentimientos, miradas del papel en blanco y de la pluma y todas esas cosas que suelen abundar en una mesa de escribir. Mi mesa está desordenadamente ordenada. Trozos, situaciones y momentos de mi vida y la de otros. Todo un mundo en mi mesa que espera impaciente para que lo describa ordenadamente. Un universo literario en su camerino en espera de que le llegue el momento. Fuera, una lluvia insistente con ganas de penetrar en la tierra y un aire con ganas de mover las hojas en remolinos. Lo consiguen. Cielo encapotado color gris metalizado. Nubes oscuras ociosas pasando calmadas sin rumbo y otras haciendo una pausa en su camino sudando gotas de agua. Entre ellas, algún tímido rayo de sol se cuela despistado y se proyecta en mi mesa de escribir. Si va con segundas lo ha conseguido. He visto el desorden. Pero sé todo lo que hay y dónde está. Pues vale.
Estoy vestido de pereza y sin saber muy bien por dónde empezar. En el fondo queda bonito un caos sobre una mesa de escribir. Termino el café mientras observo las mil historias que hay y que debo ordenar para que puedan ser leídas. La hoja en blanco me sigue mirando de forma atenta. Y la pluma que ya se impacienta. Ansiosa y con ganas de empezar. Ahora hay que ponerle imaginación a todo esto. Lo hago. Escribo. Dejo reposar. Corrijo lo que escribí. Publico la entrada en el blog.
Emociona definir y conectar los momentos. Historia real dentro de la ficción. Creíble y poética. Estética. Predisposición previa y concentración. Pijama, zapatillas, batín, café, pluma, papel y actitud. Así se hacen las cosas que yo hago. Cada cual tendrá su ritual. Mi universo y mis historias tienen momentos inquietantes y otros carentes de interés que los tendré que hacer interesantes. Resaltar rasgos. Aclarar sucesos. Pintar un fondo. Introducir detalles. Romper silencios. Callar asuntos. Y otras pequeñeces que componen el relato. La historia, al final, terminará siendo escrita sentado en la mesa de un bar entorno a un café. Es el momento de los últimos retoques y pinceladas.
En el bar se escuchan susurros de personas en su fase lúcida del día. La tertulia. Otros ruidos indescifrables. Bustos parlantes en la tele a los que no pongo atención. Música callada de una emisora de radio que se entremezcla con los demás sonidos. Situación inspiradora de creación artística. Momento mágico en que los sentidos captan sonidos confusos. No hace falta más. Bien de mañana es suficiente. Cada uno a lo suyo y todos a lo de siempre. Temas de a diario y temas de temporada. Todo en su conjunto me sirve para crear el ambiente propicio para la escritura. Alguna risotada o palabra más alta hace que pare de escribir y mire al horizonte de la cafetería para, luego, seguir de inmediato. Es la vida cuando empieza el día. Incluso antes de amanecer. Es el momento multicultural de cada día y de cada persona. Sin todo esto, no habría ambiente y no podría escribir.
Cada momento sigue a otro momento. Afanarse por vivirlo intensamente porque sólo es un momento. La vida es la suma de ellos. Situaciones con afinidades poéticas. Hoy toca un clásico con una línea de pensamiento meditativo y reflexivo. Toca leer, pensar y sacar conclusiones. Luego, escribir. Al final son todo hechos cotidianos expresados de forma natural y casi familiar. Lenguaje social cercano. Que se comprenda. Que guste. Una escritura que explique la orfandad de muchas cosas perdidas entre recortes. Correspondencia literaria con la vida. Un reto apasionante que me permite sortear el estrés diario. Por eso hay que empezar bien el día. Cada mañana empieza la vida. La importancia de inmortalizar este momento en un relato. Gorriones y palomas que bajan hasta las mesas y se alimentan de pequeños trozos de comida que buscan entre las mesas y entre la gente. Gran contenido tienen estos momentos. Muchas cosas que alguna mañana no caben en el momento café con leche y ensaimada. Los pulmones se llenan de aire y la mente de ideas. El corazón las etiqueta. Conclusiones positivas.
Las palabras están inmóviles. Quietas en la hoja cuando han sido escritas. Ni siquiera el viento se atreve a moverlas. Sólo la lluvia sobre el papel es capaz de diluirlas y borrarlas. No me fío pues de la lluvia para estas cosas. El viento mueve las hojas y seca las palabras. Cada palabra con su significado según dónde esté escrita. Bien lo sabe el escritor que se esmera en ponerlas. El amor es tema. El que corre por las venas y el que se encierra en el corazón. El que habita en la mente y en el alma. El que se proyecta con los sentidos y se siente con los sentidos. A veces el vértigo de lo que escribo agita mi estado de ánimo. Procuro estarme quieto y el vértigo desaparece. Es la hora del desayuno. De empezar la vida de este día. Filosofar la vida. Queda atrás la soledad de la noche y su compañía. El bullicio de la mañana. Antes de que amanezca. Mientras escribo esta entrada. Salud.

viernes, 16 de noviembre de 2012

El Comercial. Paseo. Guindalera

A vueltas por la capital. Aprovechando esos puentes que me brinda el calendario y en busca de la cultura que se me niega desde mi comunidad. Teatro conciertos, exposiciones, tapeos, cafés, jardines y paseos que nunca podría disfrutar. Porque esto es cultura y la cultura está pensada para los cultos. Esto debe pensar mi Molt Honorable President. Él también va a la capital. Pero él no busca cultura -ya he dicho para quién está pensada-. Él va a visitar al jefe por lo de: "Qué hay de lo mio". De paso aprovechando para mirar pisos y lugares dónde montar una farmacia. Es lo que nos toca aguantar de momento hasta que escampe. Ahí sí que veo yo brotes verdes.
El día se empieza en @ElCafeComercial. Un café con leche bien calentito que te quite la pereza y el frío. ´"Las mesas de forja y marmol han visto pasar más de un siglo de intelectualidad. Tertulias de escritores, periodistas, directores de cine, artístas, músicos y tantos otros profesionales que se reunieron y se reunen para conversar entre la atenta y discreta presencia de sus espejos, mudos testigos del paso del tiempo. El café Comercial sigue escribiendo su historia, que es memoria y recuerdos de quienes lo disfrutan. Un símbolo de las tradiciones que nos identifican". Otro día vendré con @fernandoaltuna ha dicho que me invita. Mientras voy sorbiendo el café e identifico su aroma leo un trozo de página cultural de la prensa del día. Un escritor clásico y clasicista que manifiesta que la literatura está tocada y quizás se hunda. Además de publicarlo que se lo diga al ministro. A la cara. Que la literatura es demasiado importante para dejarla en manos de Amazon o de twitter. A él, de momento, le publican el papel y anda asesorado. Otros que se buscan la vida son más leídos que él. Le molestará pues al escritor clásico y clasicista que haya mentes privilegiadas que autopublican. Menos mal que está en retirada. En el ocaso de su carrera. Él y otros como él son un peligro cuando abren la boca y no es para comer. Dice que no lee a los noveles porque no tienen nada que decir. Tampoco tiene cuenta de twitter. ¿Cómo sabrá que son malos? Los compran porque son baratos, no porque escriban bien. Gracias por el detalle, maestro. Ni falta hace que nos lea. Casi mejor. Ahora sabemos que su crítica es un despecho, no un conocimiento. Le prohíbo que entre en mi blog. Y sigo sorbiendo el café. Lentamente. Mientras escribo algunas ideas sobre el escritor clasicista.
Este día, en la capital, toca  lluvia pertinaz  que te mantiene agarrado al paraguas. Un paseo acompañado por esa lluvia. Jardines y bosques. Momento de evocar momentos bellos de nuestra vida. Soñar que somos románticos al olor de árboles, arbustos y tierra mojada. A bosque de magnolios, pinos, sequoias, tilos y castaños. Pisar hojas humedecidas por la lluvia. Recuerdos de otoño. Crujidos de dolor en el aroma del aire. Un paseo adecuado para gestionar el mundo interior. En silencio. El aire recoge el aroma y te lo pone alrededor. Se hace corto el largo camino. Sobre todo cuando no hay prisas. Intentas sortear un charco y ves que todo se refleja en él. Quietud del agua. Mirada perdida. Estos paseos en días de lluvia son un refugio pensativo para el poeta y escritor inquieto al que le persiguen los versos y la pòesía y le revolotean las palabras mientras camina. Coges papel y lápiz. Sorteas el olvido. Escribes. Los pájaros, apostados en las ramas, te leen. A pesar de la lluvia.
A la noche, teatro, en @Salaguindalera. Precio más que asequible a pesar de los impuestos del ministro de petardos y festejos. El teatro es propagación de la cultura como lo puedan ser el cine, un libro, un cuadro o la música. "Sala Guindalera apuesta por la calidad artística y por el compromiso en la elección de temas y autores que estén a la altura del público que acude. Dicen que son un gusto teatral. Es cierto. Es un espacio pequeño que proyecta una grán dimensión en contenido artístico. Ofrecen obras que entretienen y que apasionan. Porque hablan de la condición humana. Textos sólidos que plantean interrogantes y respuestas al enigma de nuestra presencia en el universo. Guindalera se ha convertido en un espacio de culto. Un referente por la calidad artística de sus producciones. Apuestan por autores renovadores con intención pedagógica y formativa. Su capacidad para vincular el teatro con el entorno en el que se encuentra. Reivindican la imaginación compartida con el espectador. El público debe poder leer en los ojos de los actores. Escuchar cómo respiran. La proximidad lo favorece. Incluso el contacto directo con el público. Hoy toca "Tres años". La felicidad y la pretensión de alcanzarla mientras desperdiciamos lo que generosamente nos da la vida. La búsqueda de esta felicidad a través del amor y sus múltiples formas de manifestarse. Escenas divertidas y otras desgarradoras. Todo junto".
Este podría ser el mejor resumen de un día por la capital contado de forma artística. Sin presión. Sin ruídos. Sin manis. Sin sobresaltos. Sin coacciones. En libertad. Para estas cosas sirven los puentes del calendario. Habrá que volver. Salud.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El bosque en otoño

Las palabras del poeta inquietan.
Versos de otoño. Poesía del bosque.
Paisajes ocultos. Artísticos.
Poetizar el bosque. Y el otoño.
Oscuro con sombras.
 
Sentimiento de bosque.
Penunmbra de árboles.
Sol tenue que lo inunda todo.
Ilumina el paisaje. De sombras de árboles. 
 
El bosque en otoño.
Coquetea con la vida.
Atrapado en el presente.
Viviendo en libertad.
 
Bosque alfombrado de hojas.
Andar sobre ellas. Crujidos de dolor.
Húmedas de lluvia. De escarcha.
Se calientan del frío. De la mañana.
El ténue sol evapora el agua.
Sube humeante hacia él.
 
Arbustos creciendo de noche.
Buscan la carícia de la luna. 
Su deseo. Llegar hasta ella.
Ramas de árboles.  Ocultando estrellas.
Sé que están. Y la luna de otoño.
 
De noche los árboles sueñan.
El viento duerme en el bosque.
Y el silencio. Y la vida.
 
Se quieren los árboles. A su manera.
Acarícian sus ramas. Delicadamente.
El viento los separa. Carícias en silencio.
Se buscan y entrelazan. Con sus raíces. 
Amores ocultos.
 
El sol ilumina los troncos. 
Orgullosos de sus sombras. 
Los pájaros de rama en rama.
Atareados con sus nidos.
No hay rutina en el bosque.
En otoño.
 
Carícias escondidas. Cruces entre las ramas.
Hojas nuevas en primavera.
Estallido de amor. Fruto de la pasión.
Amantes entre silencios y susurros del viento.
Milenarios con el paso del tiempo.
 
 
@antoninegre @marconpi66

lunes, 12 de noviembre de 2012

El lector

He leído que Paul Valéry escribió en mil nuevecientos dieciséis: "No es nunca el autor el que hace una obra maestra. La obra maestra se debe a los lectores. A la calidad del lector. Al lector riguroso, con sutileza, con lentitud, con tiempo y armado de ingenuidad. Sólo él puede hacer una obra maestra. Exigir la particularidad, el cuidado, los efectos inagotables, el rigor, la elegancia, la duración, el impulso. Pero ese lector, cuya formación y cuyas fluctuaciones constituyen el verdadero objeto de la historia de la literatura, se está muriendo".
Este texto escrito hace casi un siglo ha sido rescatado y publicado para describir a un tipo de lector actual. A una mayoría, a los que se les ha venido en bautizar como "lectores de bajo coste". Sin necesidad de meterle mano a la estadística resulta evidente que hoy se escribe muchísimo más. También se lee muchísimo más. Es gracias a las nuevas tecnologías y en parte a que, ahora, la cultura es asequible prácticamente a todos cuando antes estaba reservada a unos cuantos privilegiados. Antes muchos eran analfabetos por obligación. Eran otros tiempos. Quiero destacar un dato en los momentos actuales y es que se lee sin leer. Se hace cómo si se leyera. Sin poner atención. Sin tiempo. Sin actitud. Se lee deprisa. Entre líneas. De forma superficial. Mientras andas por la calle y con un ojo puesto en la acera para no tropezar. Para no caerte. Para que no te atropelle una moto en un paso de peatones. En el metro con todo su ruido, vaivenes, entradas y salidas. Incluso con unos auriculares y música a tope. Todo esto, mientras lees. Pero esto no es lectura. Este lector no se entera porque no es posible tal agilidad mental.
Al final del libro opinas sin poder opinar. No sabes si es bueno ni tampoco si te ha gustado. Simplemente no te has enterado de nada. Opinas igual que aplaudes después de un concierto o una obra de teatro. Casi impulsivamente. Porque toca. Aunque sólo sea por el esfuerzo de los artistas y del autor. Al libro no le aplaudes cuando terminas ni a su autor. Pero lo puedes recomendar y explicar un poco de qué va el argumento. Pero ¿cómo se puede recomendar un libro que has leído en las condiciones que he descrito antes? Entre bocado y bocado de una tortilla de patatas. Con música puesta o el televisor con las noticias. Estando atentos a los transeúntes o a las paradas. Esta recomendación no es de fiar. No veo la posibilidad de que alguien pueda llegar a coger conciencia de lo que está leyendo en las condiciones descritas. Vistas así las cosas, a día de hoy, es complicado que un libro se pueda convertir en una obra maestra. A todo esto debo de añadir esta manía que tienen algunos autores de escribir muchos libros de lo mismo -las sagas- porque sólo tienen una historia que contar y no saben parar. En la cuarta entrega se puede leer lo mismo que en la primera pero el escritor no se ha dado cuenta porque lo ha puesto en boca de otro protagonista.
La relación autor, libro, lector no existe. Sólo existe una relación comercial entre el librero y el consumidor del libro. No del texto escrito en el libro. Interesa la trayectoria del autor. El porqué del libro. De su argumento. La historia que desarrolla. Sus pretensiones, preocupaciones e inquietudes. Con estos detalles, el libro se ve de otra manera. Ahora, esto, es posible. Hay medios. Revistas especializadas. Ruedas de prensa. Entrevistas. Autopromoción a través de las redes sociales. No me imagino a un escritor que se deja la piel escribiendo  y que luego observa atónito que su libro se lee andando y con música o entre parada y parada de metro. El lector de bajo coste que llega a la parada de bus y enciende el ebook y lee dos párrafos. Lo apaga y sube. Enciende y lee un párrafo. Lo apaga y se apea. Lo enciende y más o menos lee mientras anda camino del trabajo o de su casa. Esto no es lectura ni por aproximación. Publicar muchos títulos para esto.
Echo en falta al lector con tiempo. El que elige un libro a conciencia en la librería. Que lee algunos párrafos para aproximarse a la historia narrada. El que compra a un autor concreto por interés. El lector que lee sin interferencias. Que conoce al autor. Que gusta de hacer anotaciones al margen de aquello que le llama la atención. Que memoriza frases importantes. Que pone interés. Este es el lector que queremos los que escribimos. Después de esto no sé si el libro se convertirá en obra maestra, pero habrá sido leído a conciencia. Salud.

martes, 6 de noviembre de 2012

Poeta. Verso. Poesía.

La palabra quiere ser verso. Quiere ser poesía.
El poeta lo sabe. Domestíca la palabra.
A veces amarga. A veces alegre.
Siempre lúcida. Serena. Poética.
Palabra que brilla por lo que dice.
Que enamora por lo que calla.
Es jóven y vieja.
Es escritura melódica. Es verso.
Habla de la rosa. De las estrellas. De tí.
Es palabra de poeta. Versos y poesía.

La pluma se enamora de lo que escribe.
Lo sabe el poeta. Palabras simples.
Letras cultas con autonomía.
A veces riman. Otras, no.
Es palabra de poeta. Versos y poesía.
 
Describen los ojos. Las miradas. Los silencios.
El mundo del poeta. Noble. Cercano. Apasionado.
Letras privilegiadas. Palabras olvidadas.
Las crea y escribe el poeta. Para tí.
Es palabra de poeta. Versos y poesía.
 
Hace camino el poeta. En silencio. 
Piensa y busca. Se hace artesano de letras.
Moldea palabras. Escribe con pasión.
Sobre la vida. El amor. La lluvia y las estrellas.
Escribe versos el poeta. Escribe poesía.

Entrevista con Twittalk.net

Toni Negre

 
 
 
Toni Negre @antoninegre
 
 
Twittalk
Twittalk Twittalk_es
¿Cómo conociste Twitter y cuánto tiempo hace?
Vi la aplicación en forma de propaganda y me gustó. Lo utilizo para gestión literaria desde hace años.
 
Twittalk
Twittalk Twittalk_es
¿A quién recomiendas para seguir en Twitter?
A todos los que sigo. Se pasea verdadera cultura por twitter. Incluso algunos a los que todavía no sigo.
 
Twittalk
Twittalk Twittalk_es
¿Cómo explicarías Twitter en 140 caracteres?
Twitter es una tertulia literaria entre amigos que se conocen pero que nunca se han visto.
 
Twittalk
Twittalk Twittalk_es
¿Usas Twitter para tu trabajo?
En ningún caso.
 
Twittalk
Twittalk Twittalk_es
¿Cuándo y porqué nace http://www.sindudaalgunavale.blogspot.com.es?
Por la necesidad de escribir y compartir ideas e inquietudes con los demás.
 
 
Toni Negre
 
 
 

Toni Negre antoninegre
Bonita experiencia con la gente de Twittalk. Sinceramente agradecido.
 
 

lunes, 5 de noviembre de 2012

Rio

En lo alto de la montaña. En un paraje árido e incluso bucólico en cierta manera. Aquí. Justo aquí viene a nacer el río. Es un pequeño manantial que más abajo se hará caudaloso y partirá por la mitad pueblos y ciudades. Otros quedarán bordeados. Se hará lento y manso, pero también será rápido y bravucón. Según la zona y lo que toque. Al final, el caudal del agua del río, llegará al mar y se mezclará con éste. El dulce y el salado en una misma cosa. A su llegada depositará todo lo que ha ido recogiendo por el camino con la única finalidad de alargar el cauce y ser río un poco más. El trayecto es largo pero a su llegada se ha hecho corto. Zonas de remanso que permiten descansar del descenso. Otras pedregosas y rocosas que hay que sortear y pasar rápido porque se hace molesto.
En su nacimiento el agua brota de la tierra babeando. Lentamente. Poco a poco. No hay prisa. A gran altura donde nadie puede verlo. Es el nacimiento de un río. Todo un acontecimiento estremecedor por su ternura y su belleza. Grandes rocas alrededor se preocupan y cuidan de que nada moleste. El agua va saliendo por los poros de la tierra. Por cientos de ellos. Como si la tierra sudara. Las gotas se juntan formando río y cauce y empieza su andadura con la sola presencia del aire. Algunos árboles, milenarios todos ellos, que protegen el nacimiento extendiendo su ramaje tanto como pueden. Que nada moleste, si es posible.
Esa nube que se acerca y pasa. Mira y ve. Tal belleza cautiva a la nube que observa cómo el agua que brota acaricia la tierra mientras inicia un descenso de río. La nube, entonces, se detiene a mirar. Llora gotas de alegría que se mezclan con la tierra y forman parte del mismo río. El sol quiere acompañar y proyecta sus rayos directamente al nacimiento. Esas gotas de agua que llora la nube se entrecruzan con los tímidos rayos del sol y provocan mil colores. Encinas, robles y olivos se mantienen quietos junto a las rocas. Beben de esa agua que los hace fuertes. Todo en su conjunto es pura armonía. Tonos azulados manchados de grises. Verdes. Rojizos derrotados en el horizonte que el sol provoca antes de acostarse. Sombras que los arboles dibujan en el suelo. Que se alargan y acarician las hojas húmedas que cubren el suelo. El cielo ya no es azul de mañana sino un gris de atardecer. Casi un negro de anochecer. El río sigue naciendo y haciendo cauce para bajar hacia el mar. Colores ocres y crudos aparecen entre olivos milenarios que están aquí desde siempre. Hay sufrimiento, pero también hay alegría como en cualquier nacimiento.
El agua sale alegre y divertida. La tierra suda o quizás llora. Al final todo es lo mismo. Nace el río en lo alto de la montaña. Para ser río y hacer cauce dónde discurrir ladera abajo. El agua mueve tierra, arbustos y hojas. Los recoge y los desplaza en su camino. Los lleva flotando o arrastrando tanto como puede. Incluso hasta el mar, si se dejan.
El agua acaricia la tierra del cauce y resbala hacia el mar. Algunas piedras se interponen pero las bordea. O les pasa por encima. Se rompe contra ellas y le duele. Pero sigue porque es río y su final está en el mar. Se esfuerza en bajar bien. Cuando se cansa se queda quieto y deja que las hojas floten y se muevan en algún remolino. Luego sigue rápido porque hay que llegar a tiempo. Hay que llegar al mar. Momento extraño. El dulce y el salado en uno. Sensación contradictoria pero necesaria. La bajada no se hace monótona. Es cambiante. Día y noche. Amanecer y atardecer. Sol. Nubes. Lluvia. Viento. Niebla. El río siempre acompañado. Niños y mayores apoyados en el puente para ver cómo desciende. El río lo sabe. Se da cuenta. Y baja majestuoso según la ocasión. Con crecidas y desniveles. Gente que viene a quererse a los lados del río. No lo miran. Están a otra cosa pero oyen el ruido cuando baja hacia el mar y se mezcla con los latidos, con los jadeos y las carícias. Por esto se colocan junto al río. Para escucharlo. Es un sonido tranquilizador. Que no molesta. Que acompaña. Otros, en la margen del río, se disponen a leer. A escribir. A descansar. A conversar. Entre palabras y frases callan para escuchar. Vienen en busca de compañía.
Este sonido casi monótono es el río. Que nace en lo alto de la montaña y se va a morir al mar. Salud.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Escritura

Mi escritura es limpia. Sosegada y tranquila. Singular. No está subvencionada. No hay contaminación en ella. Es escritura para quién la quiera leer. Palpita y respira serena. Sin condimentos ni fecha de caducidad. Mi escritura no será superventas porque es gratuita.
Está escrita para mentes y pensamientos maduros. Refleja la vida y sus peripecias. Turbia y nítida. Fácil y difícil. Entera y troceada. Refleja luces y sombras apasionadas. Sueños hechos realidad y sueños imposibles. Destino. Azar. Complicidad. Felicidad y desdicha. Compañía y soledad.
Esta es mi escritura. Sin trampas. Sin información oculta. Ironía y humor suficiente pero en la penumbra. Verdad. El conocimiento de las cosas tamizado para evitar impurezas. Escritura limpia, sosegada y tranquila. La rutina de la vida es un arte menor. Pero es arte necesario.
Los complementos de la vida los ponemos nosotros. Es una decisión personal. Los detalles de la vida vienen con el aire y se quedan. A veces se diluyen con la lluvia. Pero yo escribo porque mi escritura es limpia. No le permito a ningún vocero que me dicte lo que debo de escribir o lo que debo de callar. Mis manos manejan mi pluma y mi mente le indica el camino. Un pueblo sobre una montaña al que se llega por un camino pedregoso y complicado. Peligroso a veces.
Personajes sencillos que la vida maltrata. No puedo ni debo cambiar su historia. Pero puedo cambiar el final. Esto es ficción y mi pluma escribe a mi dictado. Por eso mi escritura es limpia, sosegada y tranquila. Procuro una prosa impecable. Pero la piel tiene lunares, arrugas y pliegues. No siempre está tensa y lisa. Mi escritura es igual, pues.
El lector debe desplegar sus sentimientos. La escritura se ve. Se escucha. Se palpa. Se siente. Se olfatea. Se degusta. Se descubre. Es un proceso en el que invierte tiempo. Para escribir y para leer. Para reflexionar. Una obra creativa que se empieza de cero. De nada. Sensaciones agradables de poder escribir algo trascendente aunque luego no sea así. O sea menos. Evocar una historia sin imágenes. Una historia sencilla o complicada. Mi escritura es limpia y mis lectores tienen que implicarse. Somos dos que interactuamos, o somos uno. Desmontar tópicos y fortalecer otros. Temas que provoquen reflexión. Análisis. De esto se trata.
Pasión con delicadeza. Cualquier tema sirve si es capaz de generar ideas. Ensoñamientos en el lector. Es aconfesional. Segura. Abstracta y formal. Melódica. Es escritura limpia, sosegada y tranquila. Porque así percibo a mis lectores habituales. Ellos se lo merecen. Escribo para ellos. Sin duda alguna.
Las palabras se repiten. Pero no son las mismas. Son palabras recicladas.
Un lenguaje perseverante. Textos antiguos refundidos en escritura nueva y renovada. Las palabras recicladas ya tienen experiencia en decir cosas. Ahora lo dicen mejor y son más bonitas. No existe el miedo escénico. Ya estuvieron escritas en otros textos. Ahora se mezclan con palabras nuevas. Frases nuevas. La experiencia se mezcla con la inexperiencia de las palabras que debutan. Entre todas dicen cosas bonitas y auténticas. Pero en voz baja. Sin gritar. No hace falta.
Es escritura sencilla se lee en silencio. Como debe ser. Que penetra en cada lector igual que la lluvia persistente de otoño penetra en la tierra y la mantiene húmeda. El orgullo de ser letra y palabra escrita. Juntarse con otras en párrafos enteros. En relato corto. En entrada de blog. En libro. El oficio de saber decir cuando estás plasmada sobre el papel y adquirir significado. No cansarse de ser leída. Ya descansará cuando cierren el libro.
Y el que lee se emociona de leerlas. Las palabras nuevas aprenden de las más antíguas. Otro día formarán parte de otro texto y significarán una cosa distinta. Para no quedar viejas y perder el sentido. Todas quieren ser verso y poesía. Ahora llevan con orgullo ser prosa y narrativa. Y mientras escribo estas líneas la radio habla sola. La música se interpreta para nadie. No sé porqué lo hace. No le presto atención. Aunque reconozco que me hace compañía. La radio.
La pluma. El libro. El papel. El silencio. Tú. Guardo silencio un rato. La quietud se adueña de mí. Quiero escribir antes de que empiece a amanecer. Escritura límpia, sosegada y tranquila. Salud.