viernes, 11 de noviembre de 2016

Intermedio

Hay un científico, que además es un intelectual, que habla mucho por la radio. Habla por los codos, como diríamos. Hace un rato ha dicho que tiene la certeza de que los sueños, a la mañana cuando uno se despierta, se van a un mausoleo. Y ahí se quedan. Hay miles de millones. Es comprensible.
Que todo lo de Freud y lo de interpretar los sueños son tonterías. Nadie puede saber el significado de los sueños. De lo contrario no serían sueños y habría que llamarlos de otra manera. Cada uno podría interpretar sus sueños según acontecimientos pasados o futuros. Es una cosa íntima y privada. Es algo muy serio.
Yo, de momento, estoy a otras cosas. Tengo poco o nulo interés en saber el significado de cada cosa soñada. Tengo conciencia de que tengo un sueño profundo cuando puedo y uno superficial cuando es el caso de estar en las trincheras.
De momento voy de la mano de la memoria. No vayamos a perdernos. Y dice el mencionado científico que los que roncan cuando duermen no pueden soñar porque es algo incompatible. Por no sé qué interacciones químicas que actúan en el subconsciente. Como estar en sociedad y echarse un pedo. No se puede.
No quisiera saber más que el científico intelectualizado pero creo que no lleva razón en esto último. Conozco uno que ronca cuando duerme y también sueña. Y ahí lo dejo que no quiero profundizar en eso para no crear controversia.
Pensar te provoca cierta trascendencia. Pero no pensar en nada, también. Yo soy de los que piensan mucho o demasiado. Reflexiono las cosas de la vida. Porque también son las mías. Pero sin urgencia. Siempre con nostalgia cuando es algo pasado. Siempre respetando la sobremesa y la siesta que es un tiempo indiferente en la vida de uno. Pero necesario.
Luego está el tiempo de las dudas razonables. El limbo de las ideas. El momento indigente del pensamiento. Y el tiempo de crear.
Dice el poeta que todo a su debido tiempo. Nunca amanece por la tarde y nunca anochece cuando empieza el día. Todo a su debido tiempo y apechugando con las consecuencias que se deriven. Las emociones y los sentimientos a veces explotan sin que haga falta pólvora o detonante.

Basta un aroma o una música.
O una voz susurrada.
Porque los jardines están marchitos a la hora de la siesta.
La que no se sueña.
Las manos estaban con ganas de pluma.
Y de otras cosas que tú sabes.
Sedientas de noche y de labios.
De sábanas calientes y sudadas.
Y de esas cosas íntimas que tú ya sabes de cuando nadie nos ve.
De viento que silba a través de las ventanas.
Madrugada fresca.
Gotas de rocío en las hojas.
Olvido de amarguras.
De bellezas ocultas.
De imaginar.

La noche que nos fuimos en la barca hasta la gran luna acurrucada sobre el horizonte. Mar inquieto de otoño. Los peces por la noche son más fáciles. Pero no íbamos a por peces. Fuimos a cumplir un sueño. Hacía frio y nos tapamos. Por eso la gente no quiere naufragar de noche.
Después el alba y con ella la vida seria y monótona. Un amanecer débil para un café fuerte. Y mientras hay gente que habla de Arturo y sus géneros. Es lo que hace entre bronca y bronca. Pero he pactado un día de quietud. No me han robado la noche y tampoco me robarán el día. Un día entre paréntesis.
Hoy toca caligrafía de clásicos. Prosa y verso. Ahora ya no se escribe así. Dice un contertulio que no entiende que se inventara la mentira porque siempre se sabe la verdad. Salud.

sábado, 5 de noviembre de 2016

62 agradecimientos


La Isla que habito,
la que me vio nacer,
la que ha visto pasar mi vida.
El mar y la montaña, indistintamente.
Los días de sol y las noches de luna,
con tormentas y calmas.

Empecé esta andadura sin experiencia,
por un camino a veces complicado
que cada día he de descubrir porque es nuevo,
aunque sé dónde me lleva.

He saboreado el fruto soñado
porque me viene a la memoria,
desde las raíces.
Y tú has irrumpido en mi.
Compartiendo amaneceres,
atardeceres y otros momentos importantes.

Horas vagabundas y horas trasnochadas.
Calles estrechas y calles con acera.
Momentos de niñez superada
y minutos de adulto que piensa y escribe.

Pues por todo eso mi gratitud.
A la vida, a todos y a todos.
Llevo cicatrices y rasguños,
nada importante aunque la cosa va en serio.

Con toda la libertad de que dispongo.
Sin ataduras.
Con el mar por testigo.
Quedo AGRADECIDO.

No me extiendo más porque tengo que seguir viviendo,
leyendo y escribiendo.
Que el tiempo apremia. Salud.