viernes, 5 de octubre de 2018

Recordando Formentor III

Este relato no estaba previsto. No debía de existir. Otro ocuparía su lugar no sé qué día. Pero tengo unas amigas que me inquietan por varios motivos. Elena anima. Aída provoca con otros textos. Gloria desafía con descaro y me veo obligado. Ángeles no se rinde. Luego hay otros que sé que me leen y me motivan a seguir en el intento de seguir diciendo. No puedo nombrar a todos, pero venga.
Después de repasar las anotaciones hechas en mi libreta he sido consciente de que he hablado poco de Mircea Cartarescu. Se merece más. Recuerdo que al comunicarle el Premio Formentor de las letras pensó que seguramente se debería a una confusión. Es un grán premio destinado a un escritor consagrado. Esas grandes plumas para los cuales existen los premios. 
Dijo públicamente que ser escritor no es una profesión. Uno sólo puede escribir de la vida como una religión practicada con devoción y desde la soledad en la búsqueda de uno mismo. Lejos de la notoriedad y la gloria. "Nunca quise ser escritor. Sólo quiero escribir". Fue tajante en su discurso de agradecimiento. 
Su idea, desde siempre, era abdicar de todo y sentarse en una mesa con papel amarillento y lápiz. Pensar y escribir. En una habitación íntima donde el sol entrara por la ventana y llegara hasta la mesa y un poco más. Escribiría un manuscrito infinito que duraría toda la vida alimentado por los fantasmas de su mente. Sin necesidad de publicar. Y al final el papel sería devorado por los insectos que viven de comer hojas. Pero la realidad está siendo otra.
"Me consideraré un amateur dotado de genio como tantos otros. Pero con suerte. O no. No sé qué es la suerte". Seguramente no existe la suerte. Es posible que la vida se reduzca a un complicado algoritmo matemático que nadie ha podido descifrar. No lo sé. "La gente se conforma en leer copias de un original". Piensa que quizá tendría que hacer como Virgilio que pidió que quemaran la Eneida a su muerte. 
"Somos una civilización centrada en la cultura, una cultura centrada en el arte, las artes centradas en la literatura y la literatura centrada en la poesía. El núcleo de la poesía es el núcleo de la condición humana. El núcleo de la humanidad". Así piensa Mircea Cartarescu y así lo dice en voz alta para que todos le entendamos y tomemos conciencia. 
Añadió algo que me cautivó. Soy facilón en ciertas cosas. Ya lo sabéis. "La casa de su infancia estaba pintada de color azul intenso. En ciertos momentos del día, cuando el cielo adquiría el matiz exacto del azul del revoque, la casa se fundía en el azul universal y se volvía completamente invisible". Una genialidad irrepetible. 
Se muestra humilde y mortal. Admite que en su adolescencia era muy pobre y no podía comprarse libros. Del dinero que su madre le daba para el bocadillo lo guardaba y cada cinco o seis  bocadillos equivalían a un libro. Y con cien bocadillos no comidos se compró una estantería donde empezó su biblioteca. 
En otras ocasiones de esos días compartidos en Formentor ha dicho cosas interesantes. Le preocupa y destaca que "cada día que pasa la belleza es más efímera hasta el punto de ser algo marginal. Se ha abandonado el humanismo y la gente se muestra más agresiva". Ya cuesta distinguir la poesía de una noticia falsa. La gente vive de escuchar bulos. Se ha rendido a Formentor porque aquí las letras de la literatura y la poesía siguen vivas. 
Los dioses fueron benévolos con el clima en el sentido más amplio. Temperatura adecuada. Brisa marina suficiente para anular el calor. Aroma a pino y salitre y otros olores diversos que llegaban de los jardines. El color del mar y el color de algunas nubes de paso a juego con las letras y la calma. Todo es lo mismo y todo es rompedor. La literatura sobrevuela sin fronteras. El paraíso terrenal antes del pecado. Salud.  

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