viernes, 15 de septiembre de 2017

Crecer

Un día que amaneció gris y no vi el mar. Enseguida me puse a dibujar olas. No fuera a olvidarlo. 
He oído un portazo. Alguien ha cerrado la puerta de forma brusca. Pero no hay nadie dentro ni fuera. Habrá sido el viento. Las cosas pasan para no volver si no es en forma de recuerdo. La vida se camina a cada minuto. Pero no se desanda. Todo queda. Tal cual según quien lo interprete. Por eso valoro la importancia de cada segundo y de cada momento. 
Pero me doy cuenta que vivo situaciones confusas. Como envueltas en celofán. Hay distorsión. Y me preocupa lo que quede y cómo quede. Lo importante, pues, no será tanto el objetivo sino lo que haga y viva para llegar a él. Se llega relajado y nunca con desespero. Lo dice el poeta. 
Hay quien está privado de libertad. Otros en libertad vigilada y la libertad dubitativa. La eterna metáfora de la vida y de la época de las tecnologías. Grave problema tiene el que no sabe qué hacer con la libertad. Si supieran los que vigilan la mía cuanto me preocupa o lo poco qué me importa. Recuerdo que en mi infancia tuve una libertad cómoda, protegida. 
Pienso que no todo lo que parece bueno lo es en realidad. 
Frédéric Chopin vino a Mallorca a curarse los pulmones. Vivió el peor invierno que hemos tenido en la Isla y casi se muere. Por escuchar consejos. El Archiduque Luis de Austria llegó y le gustó. Se quedó y vivió a todo trapo. Le estamos agradecidos a su mama que es la que pagaba.
Por cierto. Que una cosa lleva a la otra. Como siempre. Y me acabo de acordar que de pequeño tuve varias cometas. Mi padre me enseñó a hacerlas. Me dijo que les soltara hilo para que volaran libres. Ahora, a mi edad, pienso que no eran libres toda vez que las tenía atadas con una cuerda. O si. Depende de cómo se mire. A vueltas con la filosofía. Estaban manipuladas por mi mano y la cuerda y por el viento. 
En un pequeño salón hay un mueble repleto de fotografías. Percibo el pasado. La foto representa el pasado para recordarlo en el presente que pasa a ser pasado en el minuto siguiente. Es un círculo. Tengo que pensar más al respecto. Porque algunas son actualizables pero otras no. No se si me interesa.
Todo lo que vivimos pasa. Lo definitivo está por llegar. No hay prisa. Y por eso he decidido que ya estoy viviendo lo definitivo. Es la ventaja de los que carecemos de fe. Pero a conciencia. Tomando nota de los fallos. No fuera que no tuviera razón y hubiera una segunda parte y más. 
Pensando en lo que estoy escribiendo. Tengo cientos de fotografías de amaneceres y puestas de sol. No sabría contestar porqué las guardo. Cada día se repiten y las puedo contemplar en directo. Todo esto es el resultado de una tertulia mañanera de café descafeinado con dos terrones. Hablar con Eugeni o con el poeta no hace más que crearme más dudas.
Algún día formaré parte del mar. Y viviré en un vaivén de olas. Me desplazaré desde la playa a mar adentro y viceversa. Conoceré acantilados y dormiré en puertos. Los días de ocio me acerco a la playa y me dejo despeinar por la brisa refrescante. Si no puedo ir me imagino un mar relajado. El paraíso de la biblia está en el cielo. Pero no tiene mar. No será el paraíso verdadero. 
Después de todo eso me he tirado en el sofá y he puesto la canción Amores de Mari Trini. Que también habla de una barca y de unos remos. De la vida y del amor. Salud. 

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