jueves, 5 de mayo de 2016

Turaida 1

El título se corresponde con el nombre de una niña que el tiempo convirtió en una bella joven y que, como en tantos cuentos o leyendas, terminó sus días de una forma trágica.
Quiero hacer una aproximación a Umbral cuando dice que ha revisado su vida y ha descubierto que ya es mucha aunque las pruebas médicas dicen que está bien y el médico así lo ha firmado. A mi me pasa lo mismo. Y como quiera que esto es así intento aprovechar el tiempo al máximo. Casi hasta la esclavitud. Mientras el tiempo sea mi aliado quiero aprender y conocer mundo y culturas.
Recientemente he estado por unos lugares fríos. Tirando al norte de Europa. O más o menos que para contar una leyenda o una historia no importa tanto el lugar sino lo que realmente dice la gente qué paso.
Es un lugareño atento y vestido de negro con gorra incluida. Mano temblorosa y voz potente de fumador de toda la vida. Buena memoria que suele ser imprescindible para esos menesteres. Niveles de cerveza en sangre adecuados para la ocasión.
Dice Vladimir que eran dos pueblos con sus respectivos reyes, señores y vasallos. Ejército y pueblo deprimido por todo tipo de carencias típicas de la época. Una amistad frágil por imperativo de la supervivencia.
Un día un mal entendido. Y decidieron cambiar el curso de la historia a través de las armas y la sangre ajena. Invadirse mutuamente para aclararlo todo. Reunieron a sus generales y a su ejército. Prepararon la tropa. Entrenaron a los jóvenes para la lucha pero no para la muerte. Y consultaron a sus dioses para ser bendecidos por lo que pudiera pasar.
Buscaron un lugar adecuado para hacer una guerra como dios manda. Los días más propicios ya estaban señalados. Los dos se sabían vencedores en el menor tiempo posible. Ninguno fue a pensar que el que gana también pierde mucho.
Fue un día cualquiera, dice Vladimir, que decidieron dar voz a las armas. Día gris con viento y nieve que habitualmente suele darse por esos lugares del norte de Europa. La guerra sólo duró meses. Entre batallas y descansos retiraron los muertos y los heridos. Prendieron fuego a las casas y a los sembrados. Hubo pánico entre el pueblo sufridor y superviviente.
Al final, como siempre, el ganador quedó totalmente diezmado y sometió a los pocos que quedaban del otro pueblo. Un día el rey vencedor se paseaba por entre cadáveres y heridos que gritaban el dolor entre la niebla impregnada de humo. Se escuchó el llanto de una niña. La cogió en brazos y se la llevó a su castillo. No tenía descendencia y adoptó a la niña como a su hija legítima.
Fue educada como se merecía. Creció y se convirtió en una bella joven. Admirada por todos y pretendida por muchos. Ella entregó su corazón a un joven aprendiz de jardinero de palacio. Todo se llevaba con gran secreto. La joven princesa rescatada de los brazos de su madre muerta en la plaza de un pueblo en llamas fue bautizada con el nombre de Turaida.
Un influyente general la pretendía para convertirla en su esposa. Solicitó la aprobación de un rey muy mayor y decadente que dio su consentimiento. Salud.