sábado, 2 de enero de 2016

Dos mil 16

Dice el poeta que la historia se escribe sola. No la puedes manipular. Siempre te quedará la posibilidad de contarla de otra manera y que te crean.
Se ha hecho de noche y la oscuridad no me deja distinguir la realidad de lo demás. Pero podrías ayudarme.
Hay días que contienen una pequeña porción de la felicidad que nos toca en toda la vida. A veces llega con vientos insuficientes. Por eso la felicidad puede llegar a ser efímera. En cambio la artrosis es para siempre.
La oscuridad atrae el silencio. Menos en las celebraciones jubilosas y las fiestas de guardar. Luces y ruido.
De repente han llegado unas nubes negras y se ha hecho de noche. Me he puesto a pensar en días remotos en los que hay que conjugar en pasado.
Al principio del día me siento rodeado de indicios. Luego serán verdades o ficciones. Es cuestión de ser precavido y preventivo.
Llegados a final de año hay gente con prisas para ser el último en morirse. A principios de año hay gente con prisas para nacer el primero. Pero un día se acaban las prisas y buscas lentitud.
Cuando intercalamos momentos innecesarios en la vida. Al poeta no le gustan los rellenos.
Y la vida también cumple años con un corazón que late sangre anónima. Cuando ya no existamos hablaran bien de nosotros y en pasado. O no hablarán de nosotros. Seguramente no lo sabremos.
El marinero se puso a llorar porque el mar dejó de mandar olas. El mar suele guardar las olas para el amanecer. Al sol le gusta ponerse con el mar en calma.
Para dormir tengo la costumbre de desalojar el cuerpo. Me quedo inerte. Es la mejor forma que conozco de poder soñar. En serio.
Huyo de las tonterías que están de moda. Y de las que ya no lo están. Piso caminos y calles como evasión del hastío de ciertas cosas.
Si no entiendes lo que te digo es que no comprendes los gestos del silencio. Pueden ser los miedos del invierno o del pasado. De las tormentas infantiles.
Cuando las perezas de la noche persisten durante el día. Me refugio en el mar y le pido consejo.
Es casi mediodía y algunos árboles del bosque siguen estremecidos por la escarcha. La noche llegará despacio y el día llegará sin prisas.
Hoy donde me lleve el camino. Por cierto que me ha venido a la cabeza que anoche me quedé dormido sin darme cuenta.
He visto que alguien ha hurgado en mis tuits. Mientras yo hurgaba en los libros. Los amaneceres fríos también son lentos.
Con la mirada puesta en el mar amaneció primavera y anocheció otoño. El poeta encantado de todo esto porque se siente libre.
Cuando conseguí entender el mar me sentí capacitado para navegar entre olas. Tampoco puedes estar navegando todo el día por mucho que te guste el mar.
Dice el poeta que no podemos estar huyendo siempre de la lluvia. No pasa nada si nos mojamos. Tenemos que aprender a secarnos.
Que el tiempo es pequeño y la vida es grande. A todas horas el viento entre las encinas y los pájaros entre los pinos.
Le pregunté quién era y me respondió que un recuerdo de la noche. Quizá un sueño.
El poeta vive la melancolía en los jardines. En las playas sin olas. Entre las humedades de una bodega.
Cuando termina el día algunas flores son antiguas. Esperan la tormenta. Que las flores hacen bonitas las tumbas. La muerte está dentro y el sufrimiento está fuera.
Desde el alba hasta que sale el sol el cielo permanece espeso y exagerado. De un rojo subido.
He pasado el día juntando soledades mientras los sueños esperaban en la trastienda de la noche.
Te espero donde empieza la oscuridad y donde se escuchan los latidos. Donde forjamos nuestra historia.
Dice el poeta que el mendigo de la calle siempre ve la madrugada. Resistiendo o sucumbiendo.
Ahora lo veo. Lo daba por perdido. Un extraviado pensamiento flotando en el mar. Lo que nos hemos dicho ha sido bonito. Que no lo olvidemos.
Cuando la historia se parece a otra puede confundirnos. Cuidado con la hojarasca del bosque que oculta las piedras que pueden hacernos caer.
Momentos de vida retrospectiva. Salud.