martes, 17 de noviembre de 2015

A escondidas

Hoy toca hablar de Andreu. Se llama igual que mi vecino. El maestro de escuela jubilado que se pasa el día pintando el tiempo. Ya he hablado de él en otras ocasiones. El Andreu que hoy presento también está jubilado. De pescar. Pero sigue diciendo que es pescador.
Su barca está amarrada en puerto. No puede con los aparejos porque la edad le ha deformado las manos. Y el tiempo también. Tiene nostalgia. Ser amigo del mar tiene ese inconveniente. Mucha añoranza. Por las noches antes de acostarse se pasea por el muelle. A veces lo hace antes de amanecer. Porque el mar es más grande que la tierra.
Cuando caen cuatro gotas lo mira desde el porche. Una casita casi al borde del acantilado. En la Isla siempre caen cuatro gotas. O diluvia para inundar. Estos días toma café con nosotros y cuenta historias. Las nubes vuelan bajo. Las mira y sabe el tiempo que hará. No ha perdido el olfato marinero.
La vida se le va sin que lo note. Le abandona como a todos. Casi a escondidas. Él se refugia en el mar porque está para siempre. Es como los gallos que no sueñan porque están pendientes del amanecer. Que los dioses que habitan el mediterráneo tienen el sueño profundo. El mar, por cierto, llega a todas partes.
El dato histórico de sus años no le quitan sabor a la vida. Porque todas las mañanas amanece. Tiene su vida íntima y la otra. La de compartir con los demás. Dice que su horizonte sigue estando lejos. Cada mañana coge aliento y vive.
Es el cuarto y último hermano. Nació fácil, pues. Cuando su madre rompió aguas dijo aquello de "tranquilos que hay tiempo". Nació en el pasillo que lleva al paritorio y cayó al suelo. Todavía se acuerda de esa caída que le cambió su vida. No sirvió para estudiar y tuvo que ser marinero y pescador.
Ha fotografiado su vida con los ojos. Ahora los mantiene medio cerrados. Tanta luz le molesta a estas alturas. Descendiente del mar y heredero de su magia. En las tormentas y en la calma.
Todos los pueblos necesitan tener un héroe. Nosotros que vivimos en un pueblo costero tenemos a Andreu. Hace unos años que está raro. Por lo del nacer precipitado y de malos modos que tuvo. Dicen.
La cuestión es que le diagnosticaron una ideación delirante de tipo místico religioso cronificada y con repercusión emocional.  Las adherencias al tratamiento han sido irregulares por lo que ha precisado de reajustes constantes en su medicación.
No hace mucho, desde su jubilación, tuvo un ingreso urgente después de que tuvieran que desalojarlo de la iglesia parroquial. A la hora de cerrar no quiso salir y se enfrentó al párroco. Mantenía una conversación con Dios y no quería ser interrumpido. No lo entendió así el cura.
Ahora toma una medicación excesiva que no le dejan pensar. Mira el mar y balbucea cosas. Que sin ser yo un santo soy su amigo ateo y conversamos lo que podemos. Si queréis saber algo más del mar se lo preguntáis. Porque estamos en otoño y el mar está cambiando. Salud.

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