lunes, 16 de febrero de 2015

Cristal

Hoy es un domingo como otro cualquiera. Me he levantado de buena mañana y me he abandonado al día de domingo. He llegado a la plaza de España y me dispongo a desayunar en el Bar Cristal. Esquina con las avenidas. De las antiguas cafeterías con encanto que aún quedan en Palma. Apenas unos rayos de sol tímido de mes de Febrero que entran por un gran ventanal. Se quedan dentro y propician una atmósfera adecuada. Puedo observar el cine Avenida y la estación del tren de Soller. Pues, un café y una ensaimada. Por favor.
En la pared de enfrente hay un espejo enorme. De punta a punta con vista panorámica de toda la cafetería. Un reloj digital parado a las 08:53 del lunes 6 de Diciembre. A saber de qué año. Una emisora de radio y música a un volumen de susurro. La puerta está abierta y el camarero tiene facilidad para entrar y salir a servir a los fumadores. O a los que les gusta pasar frío. Como se quiera. Wifi Free Zone. Gente con móviles, tabletas y portátiles. Lecturas de prensa y libros. Y tertulias entretenidas de las de no tener prisa. Como he dicho, es domingo.
Los días también se reúnen en el Bar Cristal para pasar el tiempo. Sobre todo en los inviernos fríos. Y en los veranos calurosos buscando el fresco en la terraza. El tiempo está en el bar a disposición del cliente. No es el bar de Pepe. Aquí no se ve el mar ni el amanecer. Escucho susurros de palabras y música. Los que están fuera tienen la compañía de las palomas. Muchas menos que hace años. Es un punto de encuentro. Un referente en Palma. Te citas y luego te quedas a tomar algo y a consumir tiempo. No es un sitio de prisas.
Ya he dicho que es domingo. Eso significa que sólo estamos los madrugadores. Los que tenemos un vecino que tiene un gallo que nos despierta por las mañanas. Los que tienen un perro que sacar a pasear. Y los madrugadores por naturaleza. Los demás están desaparecidos. Escondidos en sus casas o en sus camas. Algunos ya habrán cogido coche rumbo a la montaña. Que tenemos nieve y hay que aprovechar. Hoy, para mi, es un día de interiores. De lectura y de calentarme al calor de unos rayos de sol. Para otros será un día de exteriores. Lo digo por lo de la nieve y porque es domingo. Un día completo de posibilidades por explorar.
Por cierto que vuelvo a mirar el reloj digital y son las 09:18 del mismo día de semana y mes. Nada coincide con la realidad. A lo mejor está hecho aposta por algún interiorista que se preocupa por lo que haces y no por el tiempo que tardas en hacerlo. Aunque el día pueda ser inmenso tengo la sensación de que es provisional. Un día sustituto de otro. A la espera de otro día que sea definitivo. El tiempo acorta la mañana de interior que llevo porque es domingo. Llegué temprano y ya no lo es. Luego me iré a un paseo lento junto al mar. Con las olas vagabundas.
Llegan unas señoras de edad adulta que vienen de misa. Dicen que el cura hoy no se ha lucido en la homilía. Las misas en latín eran más largas. Son conversaciones de domingo. Yo prefiero seguir escribiendo. No me fio del reloj y el tiempo se me echa encima. Salud.



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