lunes, 21 de julio de 2014

Una piedra en el camino

Respira el tiempo para no morir.
Sin espacio entre segundos.
Y cuando ya no queda aire.
Sigue pasando el tiempo.
 
Los silencios entre palabras.
Las palabras entre silencios.
La vida mientras tanto.
Entre instantes y momentos.
Inventando sucedidos.
Llenando la historia.
De palabras, silencios y acontecidos.
 
La palabra que se piensa
no siempre es la palabra que se dice.
No sé cual es la verdadera.
Si la que se piensa no es la que se dice,
muere una idea.
El corazón sufre aunque la boca no.
 
La memoria en la oscuridad.
No recuerda. Tampoco olvida.
Simplemente espera la luz.
Palabras imposibles. De momento.
 
Los límites del tiempo.
Ni el viento los conoce.
Porque son invisibles.
Porque no tiene límites.
Pero el hombre si.
O quizá tampoco.
 
No me importa la duda.
No poderla resolver, si.
Es un tiempo sin palabras.
Una boca vacía y una lengua quieta.
Yo soy una duda
que intento resolver a diario.
Limitado por los sentimientos.
Por la palabra y por el tiempo.
 
Mi sombra se quedó quieta.
No supe porqué.
Será porque me paré a mirarla.
Entonces seguí caminando.

martes, 15 de julio de 2014

Viento

Era un atardecer. Un atardecer bastante atardecido. Pero todavía con luz. Tenue. De un sol acabado. Ligera brisa marina casi fresquita de las que te invitan a pasear. Callejear, mejor dicho. Y es lo que hice. Calles y más calles hasta perderme. Anduve igual que un perro que no sabe dónde está. Mirando con atención y afinando el olfato. Intentaba reencontrar la senda adecuada mientras la luz menguaba. Luego, ya, de farola en farola. Con referencias desconocidas y saludos ajenos correspondidos. Me alié con el destino en eso de a verlas venir.
Doblé una esquina y me encontré de frente con el viento. Le pregunté por el camino de regreso y otras cosas que venían a cuento. Él recorre todo y lo sabe todo. Ya no me veía capaz. Sólo de llegar al mar siguiendo el ruido de las olas y el olor que desprenden. Me encontré con un viento receptivo. Con ganas. Lo seguí calmadamente. Sin prisas. Nos dio tiempo de hacer amistad. Una experiencia de lo más agradable.
Le pregunté por la tierra en general. Por lo que pasa en otros sitios. También le pregunté por ti. Si, no te escondas. Él va y viene en un momento y lo sabe. Además te conoce. Le pregunté por civilizaciones antiguas que fueron y que ya no son. Por las gentes. Por cómo son los pueblos costeros parecidos al mío. Al viento, cuando le tienes confianza, le puedes preguntar de todo. Te contesta como un silbido que al principio cuesta de entender. No quiso entrar en ningún sitio porque no le gusta estar encerrado. Ha conocido a mucha gente y ha vivido muchas historias. Sabe sucedidos que nadie más sabe. Me cuenta cosas increíbles que no contaré aquí porque nadie se creerá que me lo ha dicho el viento.
Luego, incluso, preguntó al mar y a la noche para asegurarse. A la luz y a la oscuridad. A los árboles. A las nubes y a los pájaros. No quiere malos entendidos. Se explica como un libro abierto. Que no siempre encuentra a alguien capaz de escucharle. Aunque se haya perdido como era mi caso. Se ha soltado, vaya. Aunque parezca mentira a veces exagera. Pero que no se entere. Lo sé porque me tira el sombrero y me despeina. Yo no digo nada. Pocas veces puede estar uno con el viento y mantener una conversación con él. Me dice que vive en la tierra de los sueños incumplidos. Todos los días atraviesa el desierto y levanta polvaredas. Atraviesa el mar y provoca oleaje a su paso. Atraviesa la montaña y arma un revuelo entre las ramas y los pájaros. Luego recorre las calles como un perro perdido. Como yo ahora.
Cuando llega la noche se amaina y se convierte en aire. Menos las noches de tormenta. Cuando ya es sólo brisa sale del mar y mueve las barcas. Termina en la terraza del bar de Pepe para refrescar a la peña que alarga los minutos apurando un mojito. Y se queda a escuchar música. Así todo el verano. Que en invierno es otra cosa y se comporta distinto. En un momento el viento atosiga unas nubes para que se aparten y podamos ver la luna.
Es verano y de día el sol golpea fuerte y deshidrata la tierra hasta que se agrieta. Luego llegarán las primeras lluvias de finales de verano. O ya en otoño. La tierra beberá hasta encharcarse. El viento también seca la tierra en verano. En invierno, no. Resulta entretenido el viento cuando le coges confianza. Si lo notas a la cara, a lo mejor es porque te está hablando. Salud. 

martes, 8 de julio de 2014

Tumbona

Amanece vagamente. Como muchos días este verano. En apariencia, diría yo. Pero amanece. Es verano. Hace calor. De buena mañana estoy en la tumbona del porche intentando perder el tiempo. Y ya de paso pillar un poco de fresco que la brisa marina trae. En uno de estos momentos que te asombran y que sólo pasaban en un pueblecito galo. Aparece la penumbra. El sol desaparece y el día se oscurece. Casi de noche y de repente. Como si todo el pueblo fuera un patio interior de una casa alta.
Siluetas y rostros sin identificar. Pasos de gente que se aproximan. Pasan cerca del porche. Y se alejan. Como corriendo. Alguien enciende las farolas a destiempo y el paisaje cambia. Lo banal y las banalidades, en verano, tienen poca importancia. Pero esto es diferente. Viene y lo aceptas. Como cuando naces. Aceptas la vida que te ha tocado porque no hay otra.
Como era previsible cae una tromba de agua que impresiona. Consulto con el viento por si tengo que preocuparme. Pero no me contesta. Esta ocupado en provocar desastres. Abre y cierra puertas y ventanas. Levanta cortinas. Algunas las arranca. Levanta el polvo. Mueve con ganas las ramas de los árboles. Las rompe y las pasea por las calles. Y esas cosas de tormenta de verano.
Los mosquitos se concentran alrededor de la luz de las farolas. Que es donde habitan. Menos uno que vive en mi habitación y puedo demostrarlo. En un espacio breve de tiempo la tormenta se aleja. Se apagan las farolas. Vuelve la luz del sol. Se hace otra vez de día. Disfruto de un segundo amanecer. El viento se amaina y vuelve a ser verano. Abro puertas y ventanas. Vuelvo a sacar la tumbona al porche para terminar de perder el tiempo.
Dos situaciones totalmente distintas en poco tiempo. La vida se vive en dos partes. Como cuando fríes una tortilla de patatas. En algún momento tienes que darle la vuelta. Tú eliges el momento. Si lo haces pronto la tortilla estará poco hecha y será jugosa. Si tardas más se habrá resecado pero puede estar igual de buena. Cada uno con sus gustos o necesidades.
Pongo música de la mía que tengo almacenada en una memoria externa. Boleros, Luz Casal, Habaneras, Jazz y Mari Trini. Básicamente. El vecino no está. No sé a qué vienen estas risitas. Me encuentro en una situación cómoda y fácil de vivir. Sólo hace falta un mínimo esfuerzo que el mismo verano te proporciona.
Justo cuando empieza el acantilado hay una encina centenaria que ha crecido en libertad. Mira hacia el mar. Tiene una papada de ramas que llegan hasta el suelo. Donde el viento del mar no le llega. Es una zona para siestear, pensar, meditar, leer o escribir. Cuando la naturaleza diseñó la tierra la dibujó expresamente para mi. Es lo que tienen los veranos. Que envejecen con uno.
Y en la tranquilidad de ese lugar la pluma mira al papel en blanco. Se inquietan y yo con ellos. Es el momento de desplegar la vida de los recuerdos y escribirlos. Sujetados con cuatro piedras para que el viento no se los lleve. Que dije que lo haría. Escribí momentos. Instantes. Medios días y días completos. Semanas, meses y años.
Junté conversaciones, miradas y silencios. También escribí algunos olvidos porque tenía especial interés y días de fuerte viento que eran importantes para mi. Me entretuve describiendo las circunstancias. Algunas ruinas y desperfectos ya recuperados.
Intenté separar las realidades de las ficciones. En algunas cosas creo que me equivoqué. Pero nadie se dará cuenta. Escribí sueños de cuando duermo e imaginaciones mías de cuando estoy despierto. También hubo confusiones que nadie se dará cuenta.
Pensamientos de cuando tengo el entendimiento en remojo de mojito. Todavía está todo mojado de la tormenta veraniega. Pero el sol lo secará rápido. Porque es de verano y calienta en serio. El mar mediterráneo no lo secará. Es el mar de Ramón Llull, Villalonga, Costa, Alcover, Quadrado, Bonet, Chopin, Graves, Sand, etc. El mar de romanos, bizantinos, musulmanes y aragoneses. Es mi mar.
Esto pasa cuando bebes agua fresca a la sombra de la papada de ramas de una encina centenaria que hay subiendo por el camino de L'Archiduc. Con vistas al mar y a su horizonte limpio. Bien de mañana y en verano. Como muestra la foto, no sé si el sol es el de arriba o el que está medio metido en el agua. Salud. 

viernes, 4 de julio de 2014

David

Creo que todo el mundo conoce la historia de David y Goliat. Porque está escrito. David era el menor de varios hermanos. El rey Saúl se puso enfermo de una tristeza que le impedía tener sosiego y le aconsejaron que escuchase música. Además de tomar unas tisanas y otras cosas. David era pastor pero además había perfeccionado el arte de tocar el arpa. Por eso fue llamado a la corte de Saúl , el cual quedó prendado de sus cualidades artísticas. Además de deleitarse escuchando música lo tomó como escudero. Por todo esto tuvo que dejar el rebaño al cuidado de uno de sus hermanos.
Había, por aquellos tiempos, otro pueblo de los filisteos que estaban en lucha con el ejército de Saúl a propósito de unos terrenos. Un valle y una montaña que eran apreciadas por sus riquezas en agua, madera y otras cosas. El valor estratégico no era el menos importante. Los filisteos, dice la Biblia, reorganizaron su ejército y fueron a la lucha. Era muy conocido y temido de entre ellos un soldado al que llamaban Goliat. Era grande como un gigante. Un bocazas que todos los días retaba a cualquiera a luchar contra él. Con su armadura de bronce. Una gran jabalina y una espada tan grande como él.
Los ejércitos estaban apostados en los lados de las montañas. Goliat salía cada mañana hasta el valle y retaba gritando y atemorizando al resto de soldados. Un día David vio y escuchó lo que ocurría y fue a su encuentro para luchar. Quien de los dos ganara tomaría la tierra en cuestión y el otro ejército pasaría a ser esclavo. Saúl había prometido a su hija y la exención de tributos al que ganara a Goliat. Ved que la prevaricación y el fraude fiscal ya estaban de moda.
Se pusieron uno frente a otro. Goliat con su armadura. Su espada y su jabalina además de un gran escudo. David llevaba una honda de pastor en su mano derecha y una bolsa con varias piedras del tamaño de un puño. Mientras Goliat gritaba para atemorizar. Movía la espada en círculos y hacía ademán de embestir. David colocó una piedra en la honda y empezó a girarla con velocidad. Lanzó la piedra certera guiada por un ente superior hacia la frente de Goliat. Impactó entre los ojos y quedó incrustaba en el cráneo. Goliat perdió la conciencia y el equilibrio y se cayó al suelo agónico de muerte. David se acercó hasta él. Cogió su espada y con grandes esfuerzos le cortó la cabeza. Eso y el resto ya lo conocéis.
Pero resulta que esta es una de tantas versiones manipuladas que circulan según quien haya traducido y según los intereses de cada cual. Hay un eminente profesor y estudioso de la Biblia al que he conocido recientemente y me ha dado su versión que dice que es la verdadera. Es una traducción sin interferencias y respetando el espíritu del original. Poco se parece a la versión oficial.
Parece ser. Dice mi amigo. Que un tal David se habría molestado con otro soldado conocido como Goliat. Pertenecían al mismo ejército puesto que no había otro. Tuvieron unas palabras a propósito de un acontecido que pasó entre ellos dos sin más relevancia. Cuando en las escrituras se atribuye a Goliat que era grande y fuerte no se refieren a lo que se interpretaría normalmente. Es una especie de metáfora referida a que era inmensamente más sabio e inteligente. Cosa que le generaba gran envidia a David. Éste último tenía un rango superior y puso mucho empeño en echar fuera del ejército y de la ciudad a Goliat.
David hizo un escrito a Saúl para conseguir esta finalidad. Goliat se enteró e hizo lo propio. Escribió entre otras cosas que David era un fascista de lengua marrón. Un minusválido intelectual que está permanentemente en contra de la libertad de expresión de sus subordinados. Añadió que David es un desestructurado cultural a pesar de su cargo en el ejército. Sigue Goliat en su escrito que David es un homínido bípedo al que Dios nuestro Señor le ha negado la evolución y se ha quedado en homo antecesor. Que vive en un submundo de atraso mental constante y que actúa por impulsos de represión. Cosa conocida por los otros miembros del ejército. Saúl, de todas formas, conocía este extremo.
Escribe Goliat otras menudencias sobre los genes de la maldad de David para explayarse y dar a conocer su incompetencia como soldado y más. Todo esto escondido por el cargo. Cuando Saúl recibió los escritos de ambos, y teniendo predilección por David, mandó a uno de los sumo sacerdotes (un enteradillo de nada) de su confianza a que investigase los hechos y decidiera unas medidas oportunas y adecuadas para poner fin a la rivalidad entre ambos. Con una resolución que simplemente pareciese justa. Así ocurrió y el sacerdote enteradillo ocupo un espacio de tiempo algo superior a dos años de los de ahora en resolver. Como quiera que David estaba en posición dominante e influyente no es de extrañar que el sumo sacerdote concluyera que Goliat había dañado el honor de David con sus escritos a Saúl.
El investigador sacerdotal enteradillo tenía total libertad para resolver y decidir el futuro de ambos. Encontró un castigo adecuado, oportuno y equilibrado a la ofensa. Se resolvió que Goliat permaneciera en el ejército pero que fuera expulsado de la ciudad por el espacio de tiempo de una semana y que durante este tiempo viviera en el desierto a pan y agua. Sin ayuda de nada ni de nadie. Que por aquellas fechas el sol era de verano. Así se hizo y David y Goliat nunca más fueron amigos ni se saludaron.
Esa parece ser la verdadera historia que se nos ha ocultado por algún motivo que desconozco. No tiene fundamento que dos ejércitos estuvieran enfrentados permanentemente. Que unos de ellos tuviera un gigante de soldado y otro un pastor que tuvieran que decidir el futuro de los dos pueblos. Pero si alguien no cree esta historia es muy libre. Yo tampoco me creo la otra y nadie me lo ha recriminado. Cada uno es muy libre de apreciar la verdad donde quiera que se encuentre. De la nueva historia con la cual he querido ilustraros para vuestro conocimiento he de concluir que Goliat encontró un oasis en su estancia de una semana en el desierto. Pero lo ocultó y David nunca se enteró. Salud.

martes, 1 de julio de 2014

Instante

Esta mañana me he levantado porque he terminado el sueño. O porque ha amanecido. No estoy muy seguro. Lo cierto es que he tomado café y he salido a patear calles y plazas. Y a saludar a las personas. En una pared casi blanca de una callejuela estrecha he visto algo escrito. Casi borrado por el tiempo. El sol y la lluvia. Sólo recuerdo algo así como que los instantes aparecen y desaparecen siguiendo la belleza de los hechos más insignificantes de la vida. Son estos instantes que vienen con el tiempo y que se van con el tiempo. Sea cual sea. Reconocerlos y ponerse a escribir es lo que importa.
En un entorno idílico en el que me encuentro ahora mismo he llegado a la conclusión de que seguramente el cielo no es el paraíso. Será un sitio importante para las personas que creen en esto. Pero el paraíso es mucho más que un trozo de cielo. Lo sé porque ahora estoy en él. Está en la tierra y lo puedes disfrutar si tienes la capacidad de emocionarte con las pequeñas e insignificantes cosas que la vida te proporciona.  
He estado sentado debajo de una higuera. Haciéndole compañía a la sombra. A ciertas horas centrales del día la sombra también se cobija debajo de las higueras. Huye del sol. En verano la libertad creativa se encuentra en estos sitios. En el porche con la tumbona. O tomando el fresco de la noche en la terraza del bar de Pepe. Y el mar en calma al fondo. Susurrando olas. A saber lo que dicen pero algo habrá de verdad. Quién podría decir que de un mar en calma surgen las tempestades. Y las peores tormentas nunca antes vistas. Si eres libre para pensar llegarás a la sabiduría que precisamente te hace libre. Para escribir. He leído que los sicomoros también procuran buena sombra. Pero aquí, en la Isla, no tenemos.
Mientras tomo el café en el porche no paro de dar los buenos días a las personas. Todos ya están en el pueblecito costero y pintoresco que ya conocéis. Los chavales tienen vacaciones escolares y el tiempo está de su parte. Ahora toca fresquito. Luego ya veremos. La gente trajina sus pensamientos a cuestas y yo con los míos. Son instantes que se suman para formar el día. Fran me ha dejado la prensa y todas las miserias que lleva escritas. Las noticias no suelen ser buenas. Nunca lo han sido. Es una buena escusa para vender. El sol está bastante alto pero el ramaje del porche no le deja entrar en casa. El viento también recorre las calles. Viene del mar y trae su aroma. Y algún otro que no es de mar. Me gira las hojas del libro que tengo que sujetar con dos pinzas de tender ropa.
A todo esto que se para el marido de doña Maruja. El filósofo, escritor y profesor de universidad. Que además da conferencias. Hoy viene decidido y fino porque el amanecer ha sido como se había imaginado. Me explica que le está dando vueltas a si fue primero el hombre o el lenguaje. El hombre lo utilizó porque ya existía o tuvo que inventarlo para comunicarse. No lo tengo nada claro y el calor, ahora mismo, no me deja pensar. Le contesto. Pues piénsalo y volveré por la noche para hablarlo. Pues si que estamos jodidos hoy. Utilizo la yema de los dedos para frotarme los párpados. El viento me ha resecado los ojos. El filósofo interpreta que estoy pensando. Pero no.
Su alegría insólita contrasta con mi instante de no pensar. Aprovecharé el amanecer de mañana para abrir mi pensamiento a estas cosas. Se lo puedo preguntar al cura. Puede ser que maneje información divina que a mi se me ha negado por ser ateo. Esa gente dice y hace cosas distintas. Por algo será. El filósofo se dirige al puerto a ver lo que han traído las barcas. Yo me quedo desganado y con la radio a punto de terminar una tertulia. Dice uno de ellos que la Biblia fue la primera novela de corte fantástico. Viene bien la mañana pues.
La constancia callada puede hacer mella. Ser constante en el silencio puede llegar a poner nervioso a más de uno. Lo he comprobado. Incluso te puede conducir a la victoria. Como un perfume o una mirada. Este verano ha llegado sosegado y mágico. Con tormenta nocturna incluida. La luz de la noche es tenue para poder dormir. El tiempo pasa y nosotros también. Por culpa de acumular años. Ahora una nube y cuatro gotas mal contadas. Es un gesto veraniego para aplacar el bochorno. Los niños piensan que las olas siempre son las mismas. Algún día alguien verá llegar la última ola.
La rutina distinta de cada día. En Vicens -mi vecino del gallo- ha visto mucho mar. Pero nunca lo ha navegado. No quiere. Paseando pensativo y dubitativo
. Mañana tengo que dar adecuada contestación al filósofo sobre el hombre y el lenguaje. Salud.