viernes, 6 de junio de 2014

Escribiré

Un día escribiré sobre todo esto.
Sentado en una roca al lado del mar. Mientras espero que amanezca despacio. Relajado. En silencio. Escribiré sobre nosotros, sobre ellos y sobre todos. Sobre la estupidez, la fealdad y lo contrario. Y algo más.
Con los pies descalzos sobre la hierba. Para sentir la tierra de la que formo parte. Escribiré sobre la vida y sobre  la muerte. Sobre dónde reposan los huesos y dónde descansan las almas. Quien las guarda. O quién las recicla. Qué hacen y a qué huelen. Sobre los perros que siempre ladran y sobre los que siempre callan y jadean a la luz de las farolas.
Un día escribiré sobre todo esto y un poco más. Con las letras afiladas. Usaré palabras trasparentes. Que relajan cuando las lees. Pero ahora no. Ahora toca pensar sobre todo ello. Pensar primero.
Y mientras va llegando el verano. Después de que pase el invierno. Porque en verano amanece antes de que me despierte. Y en invierno me despierto antes de que amanezca. Son cosas del tiempo y de relojes cambiados para confundir. Esa hora de más o de menos que el reloj no puede decidir.
Desnudaré el lenguaje pomposo hasta dejarlo llano. Un lenguaje de zapatillas de andar cómodo. Evitando las piedras para no tropezar. Y recordaré lo vivido y lo que pienso que me queda por vivir. Pensaré en otras cosas. Y mientras dejaré que la pluma escriba libre.
Dice el poeta que me inspira que los recuerdos son propiedad de la vida pasada. La vivida. Con permiso del olvido. Los recuerdos son de barro y están detrás de la memoria.
Una mañana después de desayunar y tertuliar escribiré de todo esto y algo más. De cuando nací y crecí. Y de cómo pasó todo. De lo que aprendí de mis progenitores, de la montaña y del mar. De lo que el bosque me enseñó. De porqué algunos perros ladran confusos y no se les entiende. De cuando el camino se divide en dos. Que a veces pasa. Y te desconciertas porque temes coger el equivocado. Siempre cojo el de la izquierda.
Mientras escriba de todo esto el sol vendrá del este y se moverá hacia el mar. Será el momento de escribir de mis experiencias dentro del útero de mi madre. Y mis paseos junto al mar. No hay tanta diferencia. De lo que sentí cuando la comadrona cortó el cordón umbilical. Me provocó una angustia que me hizo llorar. Y lloré abundantemente. Hay cosas que intuía en el útero de mi madre. Nada parecido a la realidad. Ésta última me supera. Hay cosas que no se olvidan. Yo estaba allí. 
Cuando me canse de estar sentado en la roca, caminaré. Mientras las ramas me protegerán del viento y otras cosas y el sol moverá las sombras a mi alrededor. Incluso la mía. Escribiré a que huele el mar, el bosque y la vida. La hierba y las piedras de la tierra. A qué huelen las gentes. Y cuando ningún perro ladre a la tormenta tragaré saliva porque el que estará asustado seré yo. Estaré en la penumbra para ver y no ser visto.
El día que los gatos no estén en los tejados las noches de luna llena. El día que las ratas no escriban desde las cloacas. Cuando las bestias se cansen de estar paradas y empiecen a embestir. Será apocalíptico. Como cuando naces como requisito previo para luego poder morir. Un imperativo vital.
Una tarde escribiré sobre todo esto y algo más. Sentado a la sombra de un olivo centenario esperando el atardecer. Cuando los lobos salvajes empiecen a sentir frío. Regresarán al bosque en busca de cobijo. Enseñando dientes feroces y aullando a la luna aunque no esté. Y si se hace de noche y no tengo sueño, también escribiré sobre todo esto. Del vecino al que no le gusta Mari Trini. Del gallo que me despierta todas las mañanas. Porque aunque no duerma la noche pasará. No se detiene para esas cosas. Y escucharé las voces de la noche. Que son otras. A veces me hablan a mi. A veces me hablan de ti.
Un día que tenga tiempo escribiré de esas cosas y algunas más. De los que escriben. De los que hacen posible los libros. De los mendigos con carrera y de los intelectuales que firman manifiestos. De los farsantes que rigen mis destinos desde que nací. Y cuando lo haya escrito se lo leeré al mar. Sentado en la arena. Con las luces del alba y las olas medio dormidas. Si el mar me autoriza lo publicaré. Dejaré pasar el tiempo entre suspiros. Luego regresaré a casa antes de que llegue la tormenta y se ponga a llover.
Porque los días siempre comienzan de noche. En primavera las noches son cortas. En verano alargamos los días hasta las tantas. Tomaremos el fresco  y nos iremos a dormir porque será hora de acostarse. Cuando sólo quedan cenizas. La gente llorará de noche porque resulta más poético. En silencio y en la intimidad. Y si las lágrimas van al mar no se notará. Los buenos ladrones también roban de noche. Los que roban corazones prefieren la penumbra. Escribiré sobre esto para los supervivientes de la vida. Con mucho dramatismo y valentía.
Escribiré algún día que hay peces entre las rocas del mar. Que se mueven con la misma libertad que los gorriones entre las ramas del bosque. O la libertad de mi pluma sobre una hoja en blanco. Tengo viejos escrúpulos igual que tengo viejas heridas. Escribiré que me protegen como las escamas de un pez. O como la corteza de un pino. Tienen el mismo encanto horrible que las arrugas del cansancio. Algún día escribiré sobre todo eso y algo más. Salud.

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