martes, 24 de diciembre de 2013

Interpretando a Umbral

Finalizamos año y esta entrada se convierte en la última publicación hasta Enero. Umbral es mucho y grande y cada vez que lo lees lo interpretas o reinterpretas. Más o menos así.
Entiendo yo que Adalía era una rezadora de mucho oficio pero de pocas o nulas consecuencias. Porque los caminos del Señor son inescrutables a la vez que no tienen final. Son tortuosos y complicados como un laberinto. Que parece ser que Adalía vivía en un convento de clausura donde se comía mucha verdura y fruta, y algo de carne en contadas ocasiones y que cuando éstas se daban se bebía vino en vez de agua para ayudar a la digestión. Luego en la capilla, los rezos se acompañaban de sueños. Soñaban con Dios porque era lo único que tenían permitido.
Vino a decir Umbral. Más o menos. Aunque seguramente con otras palabras. Que Adalía fue confundida por la incultura de un pueblo y la mala leche de algún ensotanado de la Santa Inquisición. También la envidia de los gobernantes. La cuestión es que fue declarada bruja y decidieron quemarla en la hoguera porque era mujer y para deleite de todos. Incluso de los niños aunque no entendiesen nada. Pero eligieron un mal día sin saberlo. Eligieron el día que menstruaba y esto dificultó la combustión. Mil veces encendieron la hoguera y mil veces ésta se apagó. Al final murió quemada y su alma subió a los cielos mientras que su cuerpo se quedaba en la tierra. Los mismos que ordenaron su muerte ordenaron que la enterraran en el mismo convento donde practicaba los rezos y la clausura. Además de la brujería, supuestamente.
Dicen los lugareños  más ancianos que desde entonces -y han pasado siglos- huele a carne quemada en la Plaza Mayor del pueblo. Huele a Adalía y a injusticia. Huele a Santa que rezaba y quizá huele a bruja porque quienes la deseaban no la tuvieron. Esa es la condición humana que interpreto de Umbral. Su recuerdo está presente desde entonces. El olor la perpetúa y los ancianos cuentan su historia para que no se pierda por las neuronas del olvido. Esta historia está escrita y guardada en el convento donde rezaba con oficio pero sin consecuencias y que ahora es museo de la Santa. Interpreto el morbo que tiene la cosa esta para Umbral periodista y pecador. Después de tantos años. En una callejuela contigua hay una casa cerrada y medio en ruinas que dicen que fue un burdel. Que Adalía era la más hermosa de las que allí vendían su cuerpo. Pero no era furcia ni bruja, sino monja de clausura.
Me dice el anciano. Mientras sorbe una copa de orujo del bueno. En lo que llevo de mañana he escuchado tres historias distintas. La de la monja. La de la bruja. La de la furcia. Cualquiera de ellas podría ser. O ninguna, porque yo no huelo a carne quemada por mucho que se empeñe el anciano. No termina aquí la historia. Que es más completa. Dicen que por las mismas fechas había un Don Juan muy famoso por mujeriego y ladrón. Que fue condenado a morir en la horca porque era hombre. Tenía derecho a un último deseo porque así estaba escrito en el libro de las leyes. Su última voluntad fue que quería gozar con la más hermosa del burdel que era Adalía. Así le fue concedido por ley. Pero con la sola idea de que iba a ser ejecutado, el mujeriego más famoso la tuvo pendulona toda la noche a pesar de los esfuerzos de la joven que bien que lo intentó hasta el amanecer. Silencios, sollozos y otros ruidos del gozar se escucharon. Así se pusieron los guardias de sólo escuchar y de imaginar. Que con la imaginación te puedes perder. Nada ocurrió. Pasó la noche y llegó el amanecer. Tres días estuvo su cuerpo colgando de la horca para escarmiento del pueblo.
Así se interpreta a Umbral. Directo y sin tapujos. Sin censuras ni extrañezas. Que así escribe uno o se calla. La historia podría no ser cierta y ser otra o ninguna. Que los ancianos cuando beben orujo del bueno se ponen a contar sin miramientos y con imaginación. Son mayores y utilizan una voz fatigada y con síntomas de asfixia. Así, de esta manera, la historia de la santa, la bruja o la putona se hace más creíble. Las palabras tienen significado más o menos acertado y hay que usarlas. Que uno que escribe no debe abusar de eufemismos porque puede confundir. Umbral es un ángel convertido en demonio cabreado que se dedica a escribir y a presentar sus libros en televisión a pesar de la presentadora. Y sus historias se reinterpretan por ancianos que beben orujo del bueno en la Plaza Mayor. Salud.


viernes, 20 de diciembre de 2013

Navidad 2013

Llegados a este punto he pensado que debo felicitaros la Navidad. Como cada año, claro. No estaba muy seguro de lo que tenía que poner. Lo que sería más conveniente. Lo que os gustaría más. O quizá algo tradicional al más puro estilo de los villancicos. Ante la duda razonable y razonada he consultado con Eugeni y le he pedido si quería involucrarse. Ha hecho unas muecas que no pienso traducir y le ha parecido bien.
Necesito el "Jalluga" (es mi barca). Me adentraré en el mar. Dirección horizonte. Con las velas hinchadas. Y cuando encuentre una ola que sea capaz de inspirarme escribiré. Volveré al anochecer. Después de que el sol se haya puesto. Me ha gustado la idea. Que es cosa importante felicitar una Navidad a los amigos. La Noche Buena es noche sosegada. Compartiendo mesa con buena compañía. Que no falte el vino, las palabras y la risa. Las miradas y la ternura. Noche de fiesta y abundancias de mejores intenciones. Esa noche en la que el viento se cuela por las rendijas y deja villancicos oportunos. Reivindicando generosidad. Nada de abusos ni extravagancias. Ni demasías. Haremos coincidencia de la Navidad con el recién estrenado invierno y la finalización del año. Muchas cosas juntas. Recuerdos y balances. Cosas buenas que habrá que repetir y otras que habrá que olvidar.
Todo sobre una mesa para ordenar. Lo que se hizo y se hizo bien. El porqué de lo que no se hizo. Crepúsculos y entre lunas. Soledades inciertas y difusas. Los que ya no están. Los que están de camino. Los que acaban de llegar. Asomarse a la Navidad para ver el Año Nuevo. Desde la orilla o desde en medio del océano. Ideas en la mente que alargan su sombra hasta la memoria. Papeles por escribir. Felicitaciones que dar. Trayectos que hay que andar. Caminos invisibles que hay que intuir. Tiempos apasionados de magias y hechizos detrás de un Avatar. Algunas pesadillas que el día borrará. Navidad blanca o del color que cada uno quiera. Con su aroma de turrón y a reunirse todo el día. Esos días en que las dudas brillan más que otro día y las certezas también. Errores y aciertos. Ecos de todo un año que retumban sin cesar. Días indecisos de bellos decorados. Sol, lluvia, nubes, niebla.
Los balances para los de ciencias. Las letras para mi. La rutina convive con la evidencia de lo nuevo. Tardes de chimenea con libros y letras. El tiempo que nos devora. O nosotros a él. Que ya no sé lo qué pensar. Que de tanto pensar tengo nublado el entendimiento. A todo esto, y mientras Eugeni está entre olas pensando y escribiendo, nos hemos reunido todos. Estos personajes inventados de carne y hueso que son mis amigos. Ya los conocéis. No pensé que fuéramos tantos. Hemos quedado para tomar una copa y algo de picar. Nunca habíamos coincidido todos en una entrada de blog. Éramos más que en el entierro del conde de Orgaz y en menos espacio. Casi tantos como en la rendición de Breda o en la batalla de Bailén. O sea, muchos. En Navidad estas reuniones son bonitas. Desde que se inauguraron pantanos y cunetas a partes iguales no se había visto tal concentración de gente. Hemos hablado de la Navidad y de libros y de pensar la lectura. Es tanto el placer que provoca la lectura de ciertos libros que cualquier día de estos los ensotanados lo declararán pecado.
En la copa ha venido la señora más jubilada de todo el pueblo. Una que va enlutada desde el siglo pasado. Usa una muleta porque está un poco impedida de una rodilla y de una artrosis de una cadera. La que va a misa primera todos los días y los de guardar. Que reza de pie y en latín que es lo que toca. Además comulga sin gluten porque tiene alergias.
Vale pues, Feliz Navidad y buen Año Nuevo. De mi parte y de Eugeni que es el responsable de organizar estos eventos. Salud.  

domingo, 15 de diciembre de 2013

El Blog

He leído que dicen de Umbral que tenía un cerebro imaginario. Seguramente tenía un cerebro lleno de experiencias. Una mano que sabía escribir así de bien. Y una pluma que le obedecía. Todo ello en su conjunto explica su prosa. Seguramente es eso. Así lo creo yo. Un torbellino de ideas acomodadas en las páginas de los libros de escribió. Como el mar. Que los días que sopla el viento lo contiene el acantilado. De lo contrario se saldría. Sólo se desborda por la playa porque le gusta el contacto con la arena. Igual que la sombra. Siempre a resguardo del sol o de la luz de las estrellas. Por eso es sombra.
Este blog tiene rostro, color y aroma. Y lo contrario. Cada cual que lo lee aprecia su rostro. Su silueta. Su aroma y su color. El blog que te mira aunque no tiene ojos. El que te susurra silencios al oído para que nadie más los escuche. El que dice con letras porque no tiene boca y no habla. El que tiene relatos breves. Historias pequeñas que se dejan ver entre la niebla. El que cuenta cosas que parecen verdaderas y a lo mejor no lo son. O son historias parecidas a algunas que nunca existieron. Frases que parecen absurdas si no las piensas bien. Este no es un blog. Es el Blog. El que lleva todo tipo de géneros literarios. Esto es lo que quería decir. Como lo que he leído que dicen de Umbral. Porque me gusta. El blog tiene miradas. Tiene vistas al mar y a la montaña. Tiene recodos para el descanso. Camino para caminar. Ideas para pensar. El blog que tiene silencios y espacios en blanco. Y que también dicen. Abierto de día y de noche. Las veinticuatro horas. Porque siempre es de día o de noche en algún sitio donde habrá alguien que querrá entrar y ojear. Incluso leer. El blog tiene vida propia y de otros. De lectura agradable y sencilla. Debe ser leído desde la tranquilidad y desde la sensibilidad hacia la letra escrita.
Por aquí han pasado poetas, filósofos, escritores, científicos, payasos, profesores, marujas y otros. Ciegos, cojos, jubilados y sin papeles. Todos han dejado una huella en quien los ha leído. Que lo sé. Incluso mi sobrina María Antonia que el año pasado nos felicitó la navidad. Cada uno con su sonrisa y su expresión cultural. Vecinos que pintan. Amaneceres y atardeceres. El sol, la luna y las estrellas. El mar y la montaña. Las piedras mudas y los árboles centenarios que sólo hablan cuando los mueve el viento. El horizonte y sus nubes. Y las lluvias torrenciales con su fango. El arcoíris. Las farolas de la noche que luchan contra la oscuridad. El indigente, el poeta y el músico de la boca del metro. Los sueños y desvelos. Las noches en blanco y sus días estresantes.
Ahora mismo cuando escribo esto y miro por la ventana veo al anciano jubilado de casi el anochecer con andar torpe y desorientado. Calle abajo con su perro amigo que conoce sus costumbres. Entre la oscuridad de la noche que llega y la luz de las farolas que acaban de encenderse. El jubilado mal pagado por culpa de la crisis. A estas horas ninguno de los dos lleva la sombra arrastrándose por el suelo. Ni por las paredes de las casas. El perro preocupado de sus cosas. El anciano preocupado de los dos. Héroe de la vida. Retirado de todo lo vivido y de lo que le queda por vivir. Pero ahora mantiene la dignidad porque es el protagonista de esta entrada del Blog.
Tocan ocho campanadas. La hora de la última misa. Antes de la cena. Él no asiste a lo primero. Lo de la cena será algo fugaz porque se lo ha dicho el médico. Ya no tiene edad ni estómago para según qué cosas. Luego música nostálgica para alimentar el espíritu y las ganas. Como en los buenos tiempos. Un poco de lectura de Umbral. Rojillo y putero. Dueño de la noche. De pluma que se desmadra. El municipal termina la ronda y concluye el día. Sin novedad que es lo que importa. El cura termina la misa y despide al monaguillo y a unas señoras abrigadas. Umbral no está porque era ateo. A estas horas estaría pidiendo cama y placer en alguna casa de señoritas y señoras que te meten mano.
La noche viene cargada de sueños. Que cada uno coja el suyo. No vale repetir ni copiar. Los sueños son de cada uno. Si acaso compartir en el calor de entre sábanas. Salud.  

lunes, 9 de diciembre de 2013

Poesía libre

Esta es mi palabra.
Libre y sencilla.
De corazón generoso.
De alma en apetito.
De poeta enamorado.
De mar en calma.
Y espuma en la orilla.
 
Palabra que no es muda.
Que ni turba ni espanta.
Palabra de poeta.
Que gime al viento.
Que mueve el aire.
Que busca fronteras.
Y las traspasa.
 
Palabra de buena mañana.
Tapada de escarcha.
Que anida en la soledad.
Porque se siente herida.
Que escucha y dice.
Una y otra vez con destreza.
Para que te llegue.
Palabra de poesía.
 
Palabras sin tristeza ni llanto.
De cuando la soledad es compañía.
Palabras esperanzadas.
Dichas con melodía.
Esta es mi palabra.
Libre y sencilla.
 
Palabras atormentadas.
Escritas en la niebla.
Una noche sosegada.
Con espinas de rosas.
Para que nadie las toque.
Simplemente las lea.
 
Palabras de gozo.
Acompañadas de vino.
Palabras que guardará el poeta.
Y que recitará cada día.
Hasta que se las lleve el olvido.
 


martes, 3 de diciembre de 2013

Woody

Leo un artículo sobre Woody Allen. Me atrae su personalidad. Su forma de expresarse y de hacer las cosas. Y todo eso. Supongo que no soy el único pero seguro que los habrá que piensen lo contrario. Pues muy bien. Cada uno a lo suyo. Dicen que decía al principio de ser él, "lo único que lamento es no ser otro". Menos mal de esto -pienso yo- porque nos habríamos perdido un genio.
Ahora que ya es él y su currículum -que no es poco- ha dicho otra cosa. "Hace tiempo que desistí de leer lo que escriben de mi. No hay distracción a la que se le pueda sacar menos partido". Pues en esto estamos de acuerdo Woody. Entre otras cosas porque yo, a mis años, pienso y hago lo mismo. Tampoco me imagino una forma más absurda de perder el tiempo. Estar constantemente preocupado de lo que puedan pensar o decir de mi. Renuncié a esto hace tiempo y recientemente a la crisis. Ya no admito la crisis porque vivo según mis posibilidades. Cosa que otros no hacen. Y no miro a nadie. Resulta evidente que las personas cambiamos y casi siempre es para mejorar el estado anterior. Hay honrosas y muy honorables excepciones que todos conocemos. Que sepan que dentro de algunos miles de años o más los antropólogos no les dedicarán ni un minuto de su tiempo ni de sus estudios. Estarán descatalogados y sufrirán el olvido de la historia.
Y estando yo concentrado en estas cavilaciones resulta que ha pasado la más ligera de las brisas por mi lado. Me ha despeinado un poco y ha movido una hoja del libro. Estoy sentado en la terraza del bar de Pepe. Esto significa que estoy junto al mar. En este pueblo costero que ya he descrito antes. Lo puedo ver y oler. Oigo sus olas. Y como digo, me seducen sus brisas al pasar junto a mi. Los pájaros están especialmente ruidosos esta mañana. Pero sé que no hablan de mi porque su inteligencia está por encima de estas cosas. El sol hace un rato que amaneció. Sube perezoso con la única intención de alcanzar el mediodía. Luego entrará en decadencia. Un atardecer rápido y vuelta a la calma del mar donde duerme. Y mientras el sol descansa el sosiego y el silencio se hacen patentes. Esto me permite pensar y escribir. Con los zapatos colocados a mi lado en posición de descanso. Y si viene Woody le invitaré a tomar una copa siempre que le sople al clarinete.
Dejo el libro que tengo entre manos y cuyas letras se desparraman por mi mente. Toca mirar un poco de paisaje. Descubro que las barcas son algo más que esto. Los árboles son algo más que árboles. Digo lo mismo del aire. De la luz del día y de las sombras que genera. Mis ojos ven un conjunto de naturalezas y mi mente las interpreta como un bello paisaje. Son muchas cosas en una. Y cada una imprescindible. Abundancia de colores y de aromas. Que por cierto, todavía no he conseguido verle el color a la noche. Hoy habrá viento racheado que moverá ramas y olas. Y formará remolinos de hojas caídas de otoño. La gente se quedará en casa a sus cosas. Los gorriones seguirán volando y haciendo ruido. Pero no hablarán de nosotros porque saben que no nos importa. Desde hace tiempo. Salud.