viernes, 5 de abril de 2013

Escritos al viento

Os autorizo a que no le hagáis mucho caso a esa entrada. Muchas de las cosas que me rondan la cabeza podrían ser descritas como escritos al viento. Pero también podría ser que no fuera así. Ya tenemos dilema porque, la verdad, es que no estoy muy seguro. Creo que en estos casos lo mejor es escribir y que sea el que lo lee quien decida sobre el particular. Pues eso estaba pensando yo.
Sé que esto es así de la misma manera que confieso mi ignorancia sobre el tema. Ahora mismo en lo único que estoy seguro, porque lo estoy viendo, es en la luz de la luna que entra por la ventana de mi cuarto sin ni siquiera rozar la cama que permanece en penumbra. Lo considero todo un detalle. Esta situación me permite entrever las cosas al tiempo que me mantiene en el anonimato. Ser reservado y distante en mis cosas previene mis emociones y sentimientos para que estén sobre aviso. Las cosas se insinúan, se susurran, se dejan entrever. Esas medio miradas o miradas furtivas. Esos silencios inacabados o no empezados todavía. Qué cosas. Incluso en este momento juraría que el aire que he respirado ya lo había respirado en otras ocasiones. No tengo la certeza pero apostaría. Es como el ruido del mar que ahora mismo entra por la puerta entreabierta. El sonido de unas olas que seguramente estuvieron aquí en otra ocasión. Hace algún tiempo. Que vienen de vez en cuando porque les gusta.
Todo esto que digo de la luz de la luna y su penumbra, del mismo aire respirado varias veces y del mismo sonido del mar escuchado otras veces, casi me atrevería a decir que la vida, posiblemente, no sea real y por el contrario forme parte de una imaginación mía. Esa certeza que a veces me falla o ese presentimiento que a veces doy por seguro. Las cosas de la vida son así. Con la vida cuento para muchas cosas pero también desconfío de ella porque sé de buena tinta que cuando menos te lo esperas, te falla y te deja. Seguridad, inseguridad. Luz, penumbra. Sonido, silencio. Cosas que te salen bien en esta vida y otras que no.
Todo lo que ahora escribo el otro día lo estaba hablando con Sebas. Me dijo que pensaba tonterías y que si lo escribía serían escritos al viento. Aquí están. Ya lo dije en otra ocasión. A veces escribo y no corrijo. De borrador para directamente a publicarse. Espontaneidad o cosas del directo. Mira el tronco del pino que lleva armadura. Pero el pino, en sí mismo, es extremadamente sensible. Si le golpeas o le haces daño enseguida llora resina. Como la ironía. Es fácil para el que la escribe y puede llegar a ser complicada para el que la lee y no la entiende.
Hoy cuando ha empezado el día he decidido andarlo con la dignidad que me caracteriza. Para caminarlo me he puesto los zapatos más cómodos que tengo. Te cansas mucho menos. Que hay días que la vida es como es. Como las lágrimas de los ojos. Son todas iguales y quien las ve no puede distinguir si estas lágrimas son de alegría o de tristeza. O como el viento que puede soplar desde distintos puntos y con varias intensidades, pero siempre se llama viento. Los gorriones también cantan igual los días de sol que los de lluvia y frío. Cuantas cosas parecen iguales y luego resulta que no lo son en cuanto conocemos el contexto. Es bueno que las lágrimas salgan . No se pueden acumular. Sean para algo bueno o malo hay que dejarlas salir.  Igual que digo esto también digo que los labios dibujan sonrisas. De las buenas y de las disimuladas. A simple vista no se distinguen y son contagiosas. Y sean de unas o de otras todas crean arrugas en la cara.
Pienso, pues, que las ideas que me rondan la cabeza a veces son complicadas pero sólo lo se yo y nadie más. Como esa justicia escrita y que se somete a interpretación de varios jueces. Automáticamente se convierte en justicias -plural-. Una misma justicia distinta para cada ocasión y para cada juez que la interprete sin descuidar a quién se le tengan que aplicar. Qué mala cosa es eso. Sensación de impunidad para unos y de indefensión para otros. Y para complicar más esta tarde tontorrona en la que sólo me rondan tonterías por la cabeza puedo leer que el jefe del estado también tiene cuentas y dineros en paraísos fiscales. Voy concluyendo con la brillante idea de un político que dice que los antidisturbios lucirán un número en la espalda que cambiará cada día. Justo lo contrario de lo que marca la ley. A esto lo llamo yo escritos al viento. Salud