miércoles, 27 de marzo de 2013

Moldear las ideas

Escribir un ensayo es algo así como escribir una experiencia vital individual. Ese moldear una idea hasta convertirla en historia, nueva o recurrente, que deja huella y marca pautas de conducta. Que transmite desde la necesidad de decir y el coraje heroico de decirlo hasta el final del camino. A veces el camino es hostil pero con recodos de pensamiento positivo y relajante. Que se camina ágil y rápido. Ese gusto por la locura convencional transitoria que se cuela en la mente por alguna rendija del alma. Ese ensayo o pensamiento crítico y constructivo fluido, con tintes de humor y dramatismo. Que genera felicidad y desdicha. Tan sincero que a veces te ahoga. Como un andar sobre arenas movedizas y el temor de ser tragado por la conciencia de uno mismo.
Dice un poeta que ser nadie tiene su importancia por ser algo. O sea, nadie. Ser cualquiera no tiene mérito porque puede serlo cualquiera. Ser alguien es ser nada porque todos somos alguien. Ser original pone al descubierto la mediocridad de los demás. Bueno. Después de pensar lo suficiente he decidido que Descartes era un ensayísta dualista metafísico. Que nadie se sienta ofendido porque no era mi intención insultar. Descartes se mostró relevante cuando dijo algo así como: te verso, luego es que te quiero. Y si no lo dijo no pasa nada. Bien pudiera haberlo dicho porque queda bastante bien. Es la ventaja del ensayo metafísico. No tiene sombra porque está hecho de niebla de palabras. Cortina de letras. Poupurri de ideas. Ordenadas. Primero eso y luego lo otro. El ensayo aparece como pensamientos puros o impuros. Ideas buenas, inservibles o paradójicas. Utopías pasadas de moda que ya no se llevan y que tampoco se pueden reciclar. Verdades como puños que te hacen daño cuando las lees. Pensamientos que aparecen cuando los sentidos engañan a la razón y ésta se convierte en mala compañía. Pero que luego rectifica cuando se da cuenta. Porque es la razón.
Descubro con Descartes que, efectivamente, los mensajes vienen en una botella. Pero no debes buscar siempre un papel. Me explica el poeta que tienes que beberte el destilado o fermentado que contiene la botella hasta conseguir dos cosas; verla vacía y la condición de ebrio. Es el Dualismo Cartesiano. En este momento el mensaje se ve claro y doblemente. Te quitas las bifocales y lo sigues viendo igual de doble y de claro.
Este es el ensayo puro. Libre de ataduras, de sobornos y de cautelas. El ensayo nos hace libres y Cartesianos. No por un papel con mensaje en una botella. Por un destilado o un fermentado en una botella. Si te deprimes porque ves la botella vacía, luego significa que llevas el estómago lleno. El lugar natural para depositar el vino después de sacarlo de la bota. Todo huele a Descartes, a dualismo y a ensayo. Te verso, luego te he conocido y me gustas. Secuencia lógica y atrevida. No quiero volver a tener unas palabras con las palabras a propósito de un final desagradable. Ni estando ebrio que viene a ser como una locura transitoria con resaca y dolor de cabeza. Que cuando cierras los ojos todo te da vueltas y te mareas. Pero es la única forma de conseguir leer los mensajes que hay en las botellas.
Voy a escribir ensayo aprovechando la lucidez constructiva. La adaptación a un medio por entender. Antes de que la mente se convierta en ruinas. Un terremoto de pensamientos que no dejan ninguna idea en pie. Sólo sueños soñados que ya no sirven porque están usados, gastados y agotados. Como las suelas de los zapatos se gastan de tanto andar la vida. La conciencia se pule viviendo momentos. Estas vivencias se convierten en ensayo escrito con permiso de Descartes. Con pluma cara y afilada para la ocasión. Ensayos que dejan huella que no se puede borrar. Marcas en la piel que se confunden con cicatrices pero que aportan experiencia y belleza. Como ese mar que a ratos golpea las rocas con tanta fuerza que él mismo se rompe en espuma y que más tarde acaricia la misma roca con delicadeza. Dualismo puro. Esos versos que después de leerlos y llorarlos te reconfortan. Ese ensayo literario que vive en el bosque y duerme a la intemperie para sentir el viento. Que a veces duerme en las profundidades. Según le plazca porque no da explicaciones. Una calamitosa noche de sueños mientras la imaginación navega hacia el horizonte de los pensamientos. Noches de fantasmas que no puedes identificar porque llevan el rostro tapado con una sábana blanca y no tienen ojos. Así lo hago porque así lo aprendí. De lo contrario no hay ensayo. Como tampoco existe un circo sin payasos ni animales peligrosos. Lo he dicho siempre y hoy se lo he dicho a mi psiquiatra. Me ha contestado que tiene cura. Ha sido Cartesiano: te curo esta locura, luego no podrás volver a escribir ensayo atrevido. Sólo cursilerías de náufrago a la deriva en pleno océano. Si lo hago sé que lloraré la pérdida. Quiero ser un Quijote loco por sobredosis de cordura. Ensayos que también contienen espacios en blanco que representan aquellas ideas que no sé explicar. Estos complementos que no llevo porque no me complementan nada. Estorban al camino y me hacen sangre.
Soy la metáfora del perfecto farsante. Lee a Descartes, luego ponte a escribir ensayo absurdo. No hay distinción entre el dualismo y el trastorno bipolar. Los tienes, luego los aguantas. Salud.

domingo, 24 de marzo de 2013

Amanece primavera

Debajo de las cenizas,
raíces de tinta.
Para unos versos,
de pasión y fuego.
Respiración entrecortada
de un amor ilusionado.
Un amor de primavera.
 
Versos sin habla.
Mudos de palabras.
Espejo sin imagen.
Pulmón sin aliento.
Garganta sin voz.
Rosa sin espinas.
Árboles sin fruto.
Páginas sin versos,
pero amor ilusionado.
 
Una casa vacía.
Un grito sin eco.
Un andar sin rumbo.
Una busca desesperada
en un cielo nublado.
Ese primer amor
ilusionado y apasionado.
Pero inexperto.
Falto de horas y de días.
Necesitado de carícias
 y de miradas.
 
Primavera estrenada.
Despedida de invierno.
Amanece este amor
 estrenando sueños,
hasta el verano.
 
Aquí amanece.
Allí anochece.
Mañanas que despiertan
sorprendidas de sol
y por cada flor
que representan las letras.
Las noches huelen a montaña.
Las flores huelen a luna.
Son nuestras noches
y nuestras mañanas.
 
Amores inexpertos
que llegan con la primavera.
Que saltan la verja,
que entran por la ventana
y se meten en la cama.
Se fusionan en uno.
Semilla que germina,
que deja pasar el tiempo.
Una nueva vida
con la primavera.
 
Los vientos del norte
traen palabras y versos.
Traen vida
escrita con la tinta
que hay debajo las cenizas.
 
 
Colaborado con @BegoHimura


viernes, 22 de marzo de 2013

Olfato demagógico

Dice D. Antonio Muñoz a propósito de un artículo periodístico que: "En España existe un desprecio muy extendido, público y privado, hacia cualquier forma de trabajo intelectual o creativo. Que España tiene el yacimiento inagotable de la lengua. Que no contamina ni genera desgracias de corrupción como tal materia prima. La enseñanza del idioma y la industria del libro. Nuestros gobiernos llevan demostrando, incluso antes de la crisis, una mezcla de ineptitud y negligencia. El dinero se tira en nóminas de asesores enchufados mientras se cierran editoriales, revistas literarias, etc. y gravan con abusivos y letales impuestos a las industrias creativas y culturales ya debilitadas. Nuestros profesionales políticos con olfato demagógico desprecian el conocimiento y la imaginación creativa. Abandono y destrucción hacia la tradición literaria, artística, artes plásticas, música, cine y todo eso".
Se le nota molesto al Sr. Muñoz y no es para menos. Incluso tiene razón cuando dice que lideramos la piratería. Pero no analiza porqué. Yo pirateo D. Antonio. Me siento legitimado a hacerlo. Estoy pagando un canon digital por cualquier producto que soporte información. La mayoría de estos productos los he comprado para uso propio y privado y se utilizan con tal fín. Esta multa preventiva, pues, me legitima. Mire por dónde D. Antonio. A priori soy un delincuente y a posteriori también aunque demuestre lo contrario. Ya he pagado por ello. Estoy en paz con la justícia. 
Esto no le gustará al Sr. Muñoz que habrá visto, como todos, que las ventas de sus libros habrán bajado. Es lo que pasa con lo del castigo preventivo. Hay otra cosa que me tendría que explicar D. Antonio y que no menciona en su artículo. Algo que por mucho que pienso, no acierto con la respuesta. Esa cosa se llama precio. No sé dónde comprará el Sr. Muñoz los libros que lee, los cedés de música que escucha o las películas que mira. Lo que si sé es que en las tiendas destinadas a tal efecto están a precios abusivos. Uno mira con lupa estos precios para no favorecer la inflación y observo atónito como no bajan de los veinte y tantos euros. Estos precios rozan el insulto  cuando los firman los Aznares, los Bono, las Ana Rosas, los Ussias, los Dragós y demás fauna analfabeta o mediocre que dibuja garabatos insolentes manchando hojas sin saber muy bien porqué. D. Antonio firma libros a veinticinco euros. Ya ves. Pero esto no se critica. Otros que escriben igual de bien los venden a menos de un euro o poco más.
Este no es un relato cualquiera ni una pequeña historia sin más trascendencia que escribir con brillantez para agradar. Es la crítica de un conflicto. Es una entrada que seguramente no será muy leída ni comentada pero que tenía la obligación moral de escribir. Ni metáforas, ni eufemismos, ni demagogias. Cualquiera que entre en una de las pocas librerías que quedan verá que el mundo editorial, libreros y escritores también están en contra de la cultura. No sólo el gobierno D. Antonio. No entiendo que se critiquen ciertas políticas y se callen estos precios. Sr. Muñoz, esta burbuja pinchará como la del ladrillo. Entonces volveremos a intercambiar libros y revistas como hacíamos con los tebeos. Compraremos en digital y leeremos en digital aunque no sea lo mismo. Esto es la crítica de un abuso que el tiempo volverá a llevar a su cauce desbordado. Sr. Antonio Muñoz, cuando empiece un escrito procure terminarlo. El gobierno abusa de los impuestos y Uds. de los precios. Tenía que contarlo y así ha salido. Salud.

lunes, 18 de marzo de 2013

Aroma y textura

Te bebo en las tinieblas
mientras casi no te veo.
Controlas mis penas.
Comprendes mis carícias.
Destierras mis tristezas.
Recuperas mi memoria.
Acarícias mi desánimo.
 
Vino que entras en silencio,
que sabe expresarse
de forma callada
cuando entra en la boca.
 Estar cerca de lo lejano.
Estar lejos de lo cercano.
Porque el efecto del vino
me ciega la mente.
 
Ando el camino
siguiéndo tu aroma
en el regusto.
Hablarte como siempre.
Tú escuchando en la copa.
Respirando tus aromas.
Desnudando utopías
hasta hacerlas realidad.
Desnudando mi cionciencia
para ser libre a tu lado.
 
Eres criatura de deseo
en la soledad de la bota.
Arropando mis sentidos
en cuerpo y textura.
Soñar deseos
envueltos de pasión.
Olvidar sentimientos
que nunca serán.
Con la mente tocada
y el pensamiento nublado.

Guardo las cenizas
de lo que no fué.
Camino sobre ruínas
siguiendo tu aroma.
Te encontraré al final
entre silbidos del aire,
susurros de olas
y sorbos profundos.
 


viernes, 15 de marzo de 2013

Una mañana

Esta mañana la memoria no ha querido desayunar. Se ha notado a lo largo del día. No se pueden perder las buenas costumbres así de repente. Tengo encerrados bajo siete llaves mis miedos, mis errores y mis miserias. Para que no puedan salir. Que nadie las vea ni las conozca. A veces me dan mala vida, pero en la intimidad. Estas cosas hay que atarlas en corto para que no te den un disgusto. En todo esto he estado preocupado hoy bien de mañana. Cuando el sol manda esa luz antes de asomarse y ver qué pasa. Es orgulloso porque sabe que inaugura el día. No le tosas, aunque no tiene ni furia ni pena a esta hora. El viento, en cambio, no es así. Sopla con fuerza y levanta polvareda. Me ha metido algo en los ojos que me ha dejado ciego. Ese viento sin miramientos que incluso levanta las faldas a las mujeres. Unas lágrimas se han encargado de limpiar mis ojos y ahora veo bien. Tengo que estar alerta. Quienes no descansan son los pájaros. Juegan al pilla-pilla con gran escándalo. Van a lo suyo y presumen de libertad.
Me miro al espejo, como todas las mañanas, y me tranquiliza ver que soy yo mismo reflejado. No he cambiado nada desde la última vez que lo hice. Me dice una compañera que me ve más joven. No tengo esta sensación pero un piropo no se lo discuto a nadie. Yo no. He traicionado mis principios y le he dicho a Juan y a Sebas que me alegraba que los creyentes tuvieran un nuevo líder espiritual en activo, uno en el pasivo y muchos en la recámara. La verdad es que me mantengo al margen porque no va conmigo. No es mi pastor porque yo no soy una oveja. Ni como metáfora. Pero ellos sabrán.
He recibido los buenos días de mis amigos invisibles del otro lado de la pantalla. Mimos, besos, abrazos y algo virtual que llevarse a la boca. Se agradece. Está bien despertarse así. La radio, como siempre cada mañana, habla sola. Ella no lo sabe. Sólo la escucho cuando canta música de la buena. Luego viene el parte meteorológico que resulta ser publicidad engañosa. Es como leerte el horóscopo. A veces no se acierta y otras tampoco. Pero yo ya lo sé. A estas horas de la mañana ya no quedan estrellas en el firmamento. Se han ido a descansar. La última es la de Javi. La conozco porque el payaso me la enseñó cuando dejó de llorar y de tocar el saxo. Saludos Javi. 
A todo esto, y con lo que llevamos de mañana, me doy cuenta de que todavía no he utilizado la palabra. Tengo que afinar cuerdas igual que otros templan gaitas antes de salir de casa. Entro en la ducha y me pongo a cantar "Amores" de Mari Trini. No llueve, no. Mal pensados. Ese ruido que escuchas es el agua de la ducha. Mi vecino golpea la pared. Interpreto que no me oye bien y me pongo a cantar más alto. Oigo que golpea con fuerza la puerta de su casa y se va. Interpreto que no le gusta Mari Trini. Bueno. Cada uno con sus gustos.
Tengo un ramo de margaritas en el baño y empiezo a deshojar una de ellas. Meafeito-nomeafeito. Sale que me afeito. Pero no me afeito porque decido que una margarita no me marca mi agenda de cuidados faciales. Así me demuestro que tengo criterio, autoestima y que puedo ir por la vida con suficiencia. Destierro cualquier resto de la noche que ya es de día y no conviene mezclar los tiempos. Mientras le doy de comer al cuerpo alimento la mente con un poco de lectura y de pensamiento. A la noche escribiré que he quedado con la inspiración para tomar café.
El sol ya ha salido del agua y empieza a calentar cuando me toca. Yo ando con sombrero -ya lo he dicho-. Las calles se llenan de pisadas de gente que acude a su trabajo o en busca de él que ya son demasiados los que hacen lo segundo. Pero los del gobierno no lo saben. El cielo está quieto. Ni se inmuta. Quienes no se están quietas son las nubes que no paran ni un momento de dibujar extrañas formas a cada minuto que pasa. Entretiene mirarlas pero hoy no estoy ocioso y el reloj me hace la puñeta. Me quita un minuto cada sesenta segundos. Que lo tengo calculado. Se mueven rápidas las agujas. Pero a traición. Sólo se mueven cuando no las miras. 
Camino al lado del río y el agua cuando me ve me acompaña. Me habla con su monótono ruido. También apura el tiempo en busca del mar. Caminamos distancias. Cortas o largas. Estas que van de un lugar a otro. Si camino la distancia acompañado se me hace más corta. No ando distraído sino pensativo que la mente no para quieta ni un momento. ¿Has mirado qué hora es? Y qué pensabas. Has tardado menos en leer esto que yo en escribirlo. Te lo puedes creer. Es como la comida. Se tarda más en prepararla que en comerla. Y tantas cosas. Miro la agenda para ver los objetivos y los deseos para hoy. Madre mía. Se me fue la mano. Cierro la agenda. Se hará lo que se pueda. Es cuestión de disfrutar la vida no de tener el alma en pena, el corazón en un puño o el aliento con agujetas. Mira dónde pisas y no te pierdas. Salud.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Llega el alba

Los instintos al alba
se duermen en el pensamiento,
desnudo y prohibido.
 
Son las seis.
Me lo dicen las campanas.
Se va la luna.
Despido la noche.
Saludo al alba.
Despierto la conciencia.
Se esconde el sueño.
Soledad inofensiva.
 
Veo el bosque de versos y poesías.
Con la luz del alba.
Y llega la mañana
animada y arrogante
ocupando espacios oscuros.
Ya sólo quedan recuerdos.
Pienso ausencias
que llevo en la memoria.
Navegando en el pensamiento
cuando llega el alba.
 
Miro al vacio y saludo al aire.
Desnudo la mente y la veo tal cual.
Huracán de ideas, torbellino de palabras.
 
Mojados por la lluvia
los tejados brillan.
La noche ya es recuerdo
en el vientre de la memoria.
Recupero la palabra y la sensación de vida.
El espejo me devuelve la mirada.
La luz me devuelve la sombra.
Cuando llega el alba.
 
La casa queda callada.
El ruído lo ponen los pájaros
que vuelan entre las ramas
desnudas de invierno.
La pasión se asusta
con la vuelta a la vida.
Recupero los sentidos.
 
Son las siete.
Me lo dicen las campanas.
El tiempo es nómada
porque nunca se está quieto.
La duda me hace lento
por eso la dejo en casa.
Cuando llega el alba

domingo, 10 de marzo de 2013

Estrategia

Hoy voy a interpretar mi papel. Tal cual. Sin máscara ni maquillaje ni seudónimo. Como de costumbre, a ver. El de blogero enamorado de las letras y del mar. Y de muchas otras cosas. El que escribe en una libreta con una pluma y sin zapatos. Con los pies descalzos se siente mejor la libertad. El que lleva puesta una armadura para protegerse de sentimientos inoportunos que entran por la piel, por los oídos y las miradas pero que luego llegan al corazón y al alma. El blogero que escribe lo que ve y lo que sueña siempre que sea bonito, romántico o poético. El que escribe descalzo y camina con sombrero. Entre ocioso y entretenido. Entre preocupado y pasota -cómo se dice ahora-. El que todas las mañanas afina su pluma antes de escribir. Hoy voy a interpretar, pues, mi papel como estrategia.
No vayas a seguir leyendo de pie. Siéntate, por favor y disfruta. Sólo son palabras de siempre pero colocadas de distinta forma para que signifiquen diferente. Estrategia sencilla pero complicada de ejecutar. Jugando con la inteligencia de la sensatez, el color del mar, la ironía de los sueños, la sencillez de la noche estrellada, el romanticismo de la luna, el brillo del sol, la fuerza del viento, el tesón de las olas, la pasión del silencio, la contundencia del trueno, la inquietud del viento, la quietud del bosque, la desazón de una mirada, la tranquilidad de la brisa, la molestia de la lluvia, la parsimonia de una nube, la transparencia del agua. La inspiración de hoy es un reflejo de mi semblante y mi nobleza. De las ideas que continuamente me rondan el pensamiento. Susurros comprometidos y cómplices silencios. Aromas de infusiones y café descafeinado endulzado con un terrón de azúcar. Esta mano que acaricia las hojas blancas de la libreta para que se estén quietas los días de viento. No quiero mancharlas con la tinta de mi pluma. Este sentirse querido por la brisa marina y acompañado por las olas que llegan cansadas a la orilla y se tiran sobre la arena después de cruzar el océano. Ese mar que sólo puede entrar en puerto si está tranquilo y manso porque las olas, de siempre, se quedan fuera. Los barcos en el muelle están para descansar.
Y me encuentro a Juan. Mi amigo contertulio, y me dice que la sabiduría la traen los años. También está enamorado del mar. Es isleño como yo y por las noches duerme con las ventanas abiertas. El mar trae noticias que decir y hay que escucharlas con ese silencio de la noche. Algunas noches las noticias no son buenas. Se enfurece y rompe las olas con fuerza contra las rocas provocando ruído y espuma. Sus motivos tendrá. Dice Juan que lo hace para sentirse libre. Juan es menos libre ahora porque anda con muletas. Anda cojo, preocupado y molesto. Pero es libre como el mar. En sus ideas, en su pensamiento y en su alma. Cada día que pasa reivindica vivir la vida de forma heroica y noble. No soporta la indignidad de la indiferencia. Comprometido con buscar el equilibrio mental y la serenidad antes de ponerse a escribir.
Leo de un científico que el funcionamiento del cerebro y de los procesos mentales constituye un misterio. No creo que siempre sea así. De algunos homínidos bípedos nunca se sabrá lo que piensan. De otros se tiene la certeza de que no piensan. Así les va. Así nos va. Otros científicos afirman que pensamos para defendernos. Otros dicen que pensamos para evolucionar. Algunos no saben porqué pensamos. Uno dice que pensar es un proceso perverso porque lo hacemos para mentir. Cuanto más pensamos mentimos más y mejor. No seré yo quien ponga en duda lo que afirma un científico. Que para eso están. Que yo pienso lo justo para vivir y escribir con honradez. A veces, cuando pienso, me vienen malos recuerdos. No puedo evitarlo pero les planto cara. No reniego de ninguno de los días que he vivido. Lo he hecho lo mejor que he sabido y me han dejado y ahora forman parte de mi historia personal. Y cuando llega la noche procuro descansar y soñar. Con la ventana abierta para ver la luna. Para que entre el viento y me arrope. Para escuchar lo que el mar y el silencio vienen a decirme. Este silencio que a veces es tan denso y asfixiante que tengo que toser para romperlo y seguir durmiendo y soñando.
Los días pasan, igual que las noches. Los minutos llegan igual que las olas. Y luego se van, igual que las olas. Yo a lo mio. Esta es mi estrategia. Porque sé que hay ojos y oídos que miran y escuchan. Por eso pienso bien lo que escribo. Hoy hace frío, lluvia y viento. He subido al desván de mi subconsciente. Cuantas cosas he visto que no sabía. Empiezo a quitar el polvo. Letras sueltas. Palabras pensadas pero no escritas ni dichas. Consecuencias de cosas hechas y olvidadas. Ese subconsciente desconocido para mi, pero coherente. Tendré que subir más a menudo al desván. Poner orden a tanto caos de mi vida interior. Cada cosa en su sitio para evitar sobresaltos. Hay recuerdos olvidados porque están tapados por el polvo. Se lo comentaré a Juan cuando lo vea que él entiende de esto. Hay una caja de conclusiones absurdas sin utilizar. De pensamientos inacabados que dejé escapar. De amores furtivos de verano. Hay tantas cosas porque el subconsciente es tan grande como un desván de la memoria y del olvido. No me da miedo lo que veo pero lo quiero ordenado. Ideas y actos de mi infancia mezclados con otros tantos de mi vida adulta y madura. Cartas que pensé escribir pero que nunca lo hice. Ideas inacabadas. Cicatrices de amores de adolescencia. De todo lo que hay sólo puedo aprovechar la experiencia acumulada. La guardaré hasta que ya no sepa dónde ponerla.
De vuelta a la vida consciente. He cruzado momentos de niebla, de frío intenso y de sol. Es la vida misma una mezcla de todo ello. De estrategias para desempeñar un papel digno del que ser recordado. Venga pues. Salud.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Recuerda las palabras

Recuerda las palabras,
de la penumbra,
del sueño,
de lo incierto,
de lo venidero.
De la tierra,
del cielo
y del fuego.
 
Palabras de nosotros,
del comienzo,
del lugar,
de la nada
y de la vida.
 
Palabras de lo grande
 y lo pequeño.
De lo infinito,
de lo eterno.
De lo que la oscuridad atrae.
 
Palabras de memoria.
De lo escrito
y lo olvidado.
De larga espera,
de pisadas de final.
 
Palabras de huellas,
de actos,
de aciertos,
de errores,
de intentos,
de cuestiones
y pensamientos.
 
El sonido de la palabra,
y el cómplice silencio.
 
Del aire,
de la lluvia,
del viento
y del consuelo.
 
Recuerda las palabras
de aliento.
De la tierra
y del mar.
De nosotros mismos.
 

viernes, 1 de marzo de 2013

Javi. El payaso y el saxo.

A la hora en punto la megafonía empezó a gritar aquella famosa frase de, "que empiece la función". Luces de neón, bombillas de colores y focos moviéndose alocadamente jugando con las sombras al azar. Se encendían y apagaban. Por los laterales de la carpa del circo había grandes dibujos murales de trapecistas, animales salvajes peligrosos, payasos y demás motivos circenses. Banderitas de todos los países con vivos colores estaban dispuestas en círculos desde el palo central hasta los laterales engalanando todo el techo de la carpa. Los músicos atentos a la batuta que, después de tres golpecitos sobre el atril, dio la orden de comenzar a tocar una música de fiesta.
El presentador, con traje negro y bombín, dio paso al payaso. Éste entró en la pista con un caminar lento porque andaba con unos zapatos de punta muy larga y no quería tropezar. Llegó hasta el centro de la pista, extendió los brazos y giró sobre sí mismo para contemplar al respetable público que todas las noches abarrotaba el circo. Su sonrisa se quebró de golpe al tener la sensación de que no había nadie. Agitó las manos con fuerza para que los músicos volvieran a dar la entrada pero con más entusiasmo y contagiar al respetable. No estaba equivocado. Después de mirar de izquierda a derecha y viceversa tuvo la convicción de que no había nadie. Sólo escuchó un rabioso plas, plas, plas. Su semblante se mutó porque nadie le había advertido de este extremo. Gracias a uno de los focos individuales miró fijamente entre las gradas y vio a un espectador. En singular. Un niño satisfecho y rebosante de alegría que aplaudía a rabiar. Medio sentado y medio de pie por la emoción del momento. Llevaba una golosina en la boca.
El payaso quedó perplejo, agachó la cabeza y empezó a llorar de forma desconsolada. Estaba muy afectado por la situación. No daba crédito. El niño espectador aplaudía cada vez más al payaso por lo bien que lloraba. La mejor escena posible debajo de una carpa de circo. El payaso lo vio y se sintió turbado. Inmediatamente dejó de llorar. Se frotó las lágrimas con sus guantes blancos y esparció la pintura de su maquillaje por toda la cara. Esta situación le gustó aún más al niño espectador que vivía un momento inolvidable de su vida con la alegría y la inocencia requerida. Los músicos seguían tocando para darle al payaso un poco de tiempo. Tenía que comprender aquella complejidad tan simple. Este día y a esta hora, en el circo sólo había un espectador. Un niño desbordado por la alegría y la emoción.
El payaso levantó las manos y mandó callar a la orquesta. Un foco de luz le iluminaba mientras intentaba sortear los asientos primeros con sus zapatos de larga punta. Llegó al niño espectador y se sentó a su lado. Le pasó la mano por encima y le preguntó su nombre. Me llamo Javier. Pero todos me llaman Javi, y de mayor seré payaso como tú. El payaso nunca se imaginó una situación semejante por muchos años que viviera. ¿Con quién has venido Javi? Solo. ¿Alguien sabe que estás aquí? Espero que no. Las enfermeras han colgado tu fotografía en las paredes del hospital. Pedí permiso para venir a verte y me dijeron que no podía ser. Cosas del tratamiento, añadieron. El payaso forzó una sonrisa de preocupación y dijo con voz calmada. Explícate mejor Javi porque no logro entender nada. Estoy ingresado en un hospital porque estoy enfermo. Quería verte actuar y no me dejaron. Con la almohada simulé mi cuerpo en la cama, apagué la luz,  me puse la chaqueta sobre el pijama y he venido. Le enseñó una pulsera hospitalaria identificativa que llevaba en la muñeca derecha. Estaba su nombre, un número, un código de barras y un nombre escrito en mayúsculas que decía "ONCOLOGÍA PEDIATRICA".
El payaso quedó desarmado, derrotado y sin recursos. No estaba preparado para algo así. ¿Qué es lo que más te gusta Javi? Todo lo que haces me gusta. Así hablaba emocionado el espectador infantil Javi sorprendido por los mimos que recibía personalmente del payaso. La pista central se iluminó. Pintaron la cara de Javi de payaso y le pusieron una nariz roja de espuma. El payaso empezó a ejecutar con maestría sus mejores números. Magia. Gestos de mímica. Malabares, etc. La orquesta tocando alegres piezas de fiesta. Enfrente, sentado en una silla, Javi se lo pasaba de lo mejor. El único espectador miraba para no olvidar. El payaso actuaba con un nudo en la garganta. Un niño enfermo se había escapado del hospital para ir a verle. Le puso unos zapatos de punta larga y bailaron en círculo. Para no caerse se cogieron de la mano. El payaso estaba orgulloso de su mejor actuación. Mandó callar a la orquesta y con voz de terciopelo se dirigió a Javi para preguntarle si le gustaría escuchar una canción. La respuesta fue afirmativa. Se sentaron uno frente al otro. Cogió el saxo y empezó a tocar una desgarradora y tierna melodía de canción de cuna que el alma le pedía en este momento. El saxo interpretaba con su voz ronca. Como siempre hace. A media luz. El niño espectador se acomodó en la silla y se quedó dormido. El payaso tocaba y lloraba emocionado. Javi se quedó dormido. Inició su sueño eterno. En una carpa de circo y al lado de su payaso. Con el sonido afónico de un saxo. Salud.