viernes, 1 de febrero de 2013

La Isla

Alto es el acantilado
que baja hasta el mar.
Quiere tocar el agua
y entrar en su profundidad.
 
Arboles, montaña.
Ramas que se rozan.
Coquetean con el viento.
Raíces que se cogen
bajo tierra.
No pasa el ruído
y tampoco el frío.
Sólo el aire que susurra.
Me refugio en el bosque.
 Para  pensar y escribir.
 
La Isla es mi vida.
Naturaleza hecha arte.
Montaña y mar, sol y luna.
Estrellas en la noche.
Sueños en mi mente,
impregnados de tu aroma.
 
Con los ojos cerrados.
Eres silueta encantada
que te exhibes poética.
Que te vea la montaña
a través de la oscuridad.
Quiero llegarte.
Camino complicado que voy a andar.
 
Piedras quietas.
Torrentes escasos.
Arboles con historia.
Viento que sopla.
Y también las olas
conversando entre ellas
y entre las piedras del fondo
hasta llegar a la orilla.
Es el juego de la vida.
Mar y montaña juntos.
 
Barcos que navegan
sobre el dorado mar,
 hasta desaparecer.
Remando en días de calma.
Agitando velas en la tormenta.
 
Apego a la tierra.
Al resguardo de las rocas.
Cultivando palabras y
recogiendo poesías.
Bañadas de mar,
regadas de sol,
mojadas de lluvia,
húmedas de escarcha.
Esa Isla en el Mediterráneo.
 
Cuando cae la noche y la luz se apaga.
Desaparece el bosque y el mar.
Escucho el susurro  y presiento.
Me quedo a tu lado a la luz de tus ojos.
Te cambio un amor eterno,
 más allá de la carícia y del abrazo.
 

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