martes, 29 de enero de 2013

Poesía de mar

La vida es literatura.
Poesía de mar.
Que huele a brisa.
 
Mar que llevo dentro.
Imagino sin mirar.
Eco en  la lejanía.
Mar con historia.
Experiencia de mar.
 
Olas con espuma.
Olas que vienen y van.
Que mojan la arena.
Que juegan con las rocas.
 
Despertar con la marea.
De ese mar inquieto.
De aguas azul turquesa.
Emociones turbulentas,
de mar revuelto.
Bravo y bravucón.
 
Sirimiri incesante,
que me moja la cara.
Despeinado por sus vientos.
Ambicionando tiempo,
para contemplar tanta belleza.
Respirar brisa marina.
Sumergirse en su intimidad.
Para conocer sus aventuras.
Eleva las olas y las dobla.
Luego las tira con fuerza.
Las rompe en mil espumas.
 
No envejece ese mar.
Forjado en las tormentas.
Un mar con carácter.
Y mil historias que contar.
 

domingo, 27 de enero de 2013

Garfra

Todos le llamaban Garfra porque le conocían como tal. Sobresalió en los círculos selectos de todo tipo y sobre todo en los círculos literarios. Hace unos años concedió una entrevista a un periodista jubilado y con el que mantenía una cierta relación de amistad. Esta semana -como dice el poeta- entregó el alma a quién se la había prestado. Padecía una edad muy avanzada que parece ser fue la causa del óbito.
Últimamente estaba alejado del ruido de ferias de libros, presentaciones, premios, tertulias y cosas así. Vivía en una casa situada en Rocarobledo. A las afueras de Palencia. En ella tenía un huerto para cultivar hortalizas y un estudio para cultivar el ensayo literario. Ambas cosas las hacía bien. Su última obra publicada vio la luz hace unos días: "Las letras tienen vida propia". Éxito de ventas en unos días y con unos acabados de academia. Mucho mejor de cómo escriben los propios académicos. Seguramente por eso nunca fue propuesto para una letra mayúscula ni minúscula. Incluso a su edad tan avanzada mantenía la capacidad para el pensamiento y para el análisis. En la vida fue acumulando sabiduría y conciencia literaria. Esta entrevista que he mencionado antes fue grabada en la biblioteca de su casa. Un lugar de culto con miles de volúmenes enseñando lomo mientras descansan en estanterías de caoba. Aquí pasaba gran parte de su tiempo. Su último libro tiene muchos capítulos y cada uno de ellos está escrito de forma independiente. Un cúmulo de ensayos o pensamientos críticos. Le han alabado sus textos por su relevancia pero le han reprochado su forma de escribir literatura de forma fragmentada. Bien pues. Cuando he leído esto he pensado que los artículos periodísticos o las columnas de opinión o incluso yo mismo con las entradas del blog practicamos este subgrupo de literatura fragmentada. Reconozco que cada día tiene más adeptos y seguidores. Sobre todo si tienen calidad. Aquello de que si breve y bueno...Pues eso. Yo, además, me permito la licencia de publicar entradas compartidas.
Garfra, en la entrevista, dejó entrever que su longevidad ilustrada podría estar directamente relacionada con su desinterés por la política y a su locura por la literatura. "Dejó de interesarme la política cuando descubrí que los políticos trabajan a espaldas y al margen del pueblo soberano que les ha votado". Así pues quedó zanjado este asunto del que no se volvió a hablar. Le pregunta el periodista jubilado amigo suyo que si es consciente de que agrada a muchos pero no a todos. Esto es una obviedad responde rápido y seco Garfra. El equilibrio está en la independencia literaria. "Yo escribo lo que necesito escribir y el lector lee lo que necesita leer. La independencia en la literatura es primordial. No se puede escribir según tendencias o a dictados de otro. Bienvenido el lector que no me lee pero que me respeta. Yo le respeto aún sabiendo que lee a otros en vez de a mi". En la vida, además de acumular inteligencia y saber, ha acumulado lucidez y la saca a pasear en la entrevista.
Su amigo el periodista jubilado tiene interés por saber cómo pasa el tiempo. Aquí da otro pase de pecho. "Saboreando los triunfos y los reconocimientos y disimulando con dignidad la frustración de mis fracasos en lo profesional y en lo personal. Supongo que como hace todo el mundo cuando llega a cierta edad". A cada minuto que pasa la entrevista se hace mas amena. Interesante. Se muestra cercano. Disfruta de hablar de literatura. Recuerda sus primeros pasos. Cómo empezó todo. Su padre le contaba cuentos por las noches. Algunas no sabía qué contar y le explicaba lo que hacía en el trabajo. Él se quedaba dormido. No era tanto lo que le contaba su padre sino el cómo se lo contaba. Su voz y sus gestos. Así empezó su forja como escritor. Ahora su obra es singular. En singular. Porque es única y destacable.
De joven, y no tanto, era asiduo de esos bares que sólo abren por la noche. Para insomnes y noctámbulos. Bares de conversar entre copa y copa y humo de tabaco. Fumó mucho y ahora se le nota en la voz de nicotina y alquitrán y en el respirar cansado de acordeón. Esos bares que sólo abren para los que llevan el día cambiado por la noche o viceversa. Le gustaba ver amanecer y cuando tenía la certeza de un nuevo día se acostaba. Luego se cansó de ser bohemio y volvió a vivir de día y dormir de noche. Cuenta sonriente que vivió unos años en París. En el barrio Latino. Allí escribía lento pero con buena letra. Publicó bien. Suficiente para vivir con comodidad y con independencia. "Dije que me había exiliado. Realmente me fui porque me gustaba más la vida nocturna de París que la de Palencia o Madrid donde viví unos años. Además me daba prestigio y un plus de importancia". De regreso a España vivió años complicados donde escribir de según qué era un riesgo. El generalísimo había muerto pero los tentáculos del régimen eran todavía largos. El cura del pueblo le dijo que se tomara la vida con teología. Un amigo suyo le dijo que se tomara la vida con filosofía. Se decanto por el segundo. Ahora sigue el camino tranquilo y sosegado del alma. Con pie firme, mente despejada y estado de ánimo a punto de revista.
En la charla se hace alusión al mote o seudónimo artístico. Es complicado de pronunciar le indica el periodista. Aquí se lleva la mano a la cara y se la tapa a medias para que no se note la risa puñetera de niño malo. Risa de satisfacción con una nube de mala leche. "Si hubieras visto cómo lo pronunciaban los franceses". Los tiempos difíciles también fueron entretenidos. En un momento pone un semblante serio. "Nunca he visto el mar y no he podido escribir de él. Una dilatada vida repleta de experiencias y nunca tuve la oportunidad de acercarme a la costa para contemplar el mar. Ya no lo veré". No te preocupes Garfra. Los que te queremos escribiremos de él para que lo leas estés donde estés. Mantuvo un diálogo discreto y comprometido con la naturaleza y ahora ha vuelto a ella por culpa de una edad avanzada mal curada.
La muerte salió en la entrevista. La veía cerca y habló de ella sin que le resultara un problema. "Estoy tranquilo porque he vivido tanto como he querido. No hay prisa por dejar la vida. Pero cuando llegue me encontrará con la cabeza bien alta y el ánimo sereno. Sin rezos de soborno". Pausa en la entrevista para terminarla. El tiempo en televisión es corto y vale mucho. Aunque sea para hablar de cultura. Yo creo que me he contagiado de su lenguaje sencillo. Palabras escritas con inteligencia, con memoria, con efecto. Sólo comparables al agua transparente de un mar revuelto que él nunca vio. Salud

lunes, 21 de enero de 2013

Mar del norte

A veces tengo la sensación de que esto de la escritura puede llegar a ser peligroso. Que es muy absorbente. No es inocente ni pasajero. Es un continuo pensar y darle vueltas a las cosas y a más cosas. De querer plasmar todo lo que veo y siento. Un buscar palabras adecuadas. Frases con sentido. Párrafos que hagan pensar. Me absorbe la vida. Como si la vida misma  fuera literatura. Me convierto en un libro abierto y giro páginas mientras los demás leen.
Aquí. En la orilla del mar del norte. Mirando y pensando. Imaginando con los ojos cerrados. El mar es como una voz dentro. Un eco en la lejanía. Un mar con mucha historia que cuenta su experiencia de mar, de ola y de espuma. Cada ola trae un mensaje que se explica con la espuma al romperse. Olas que vienen y van. Mareas que suben y bajan. Inquietante ese mar. La recompensa emocional del despertar de un sueño creativo. Un sueño denso de aguas color turquesa, azul y verde. Emociones turbulentas como el mar cuando está revuelto. Bravo y bravucón. Relato prometido y necesario de este mar del norte. Me lo llevo dentro de mi. Forma parte de mi vida. Que cada mañana entra en mi habitación para despertarme. Cada ola viene con un nombre de persona o con una historia. Mientras lo miro desde el paseo marítimo bromeo con el sirimiri hasta decirle basta porque estoy empapado.
Luego camino abandonado a dónde me lleve el paseo. Hasta que mis pies no soporten los zapatos. Hasta el peine de los vientos que me despeina sin sentido mientras el mar me salpica el rostro. Narrativa cuidada como el pueblo que me acoge. Tengo ambición de tiempo que parece pasar más rápido de lo normal. Está celoso. Pero bueno, sólo quiero respirar hondo la brisa marina de la mañana y mirar el mar fijamente para conocerlo mejor. Un mar que se comporta a su manera. A ratos alucinógeno, a ratos hipnotizante. Busco y rebusco palabras en la mente para describirlo. Me comporto como un arqueólogo de las letras. Tengo que describir este mar que no tiene fin antes de irme. Me sumerjo en él como buzo experimentado para conocer su intimidad. Experiencias y aventuras que el mar del norte me va dando a cada momento, a cada ola, a cada mirada, a cada inmersión, a cada subida de la marea.
Isleño y bien conocedor del mar. Pero este del norte es distinto. Coqueteamos. Nos decimos mientras nos miramos. Pero sin perdernos el respeto. Aguas con historia y mucha literatura. Historias con final feliz y otras desafortunadas y trágicas. Historias reales y de cosas de ficción. Este mar que me trae mensajes de maderas, de trozos de cuerda y de algas. Hasta la orilla. No puedo vivir al margen del mar. El mar vive en mi. Estoy en el lado adecuado. A lo lejos parece tranquilo y manso. A medida que se acerca eleva las olas. Hasta lo más alto. Las dobla y las inclina hacia adelante para tirarlas con fuerza y romperlas en mil espumas que se deslizan hasta la orilla. Se recoge ella misma y vuelve mar adentro porque vendrán otras. Sin parar. Porque así es el mar. Pero el mar del norte se lo toma más en serio. Este mar que es el mismo de siempre porque no envejece. Que se mantiene en forma. Sus olas laten con el sentido de la vida. Te atrae y te hipnotiza.
Por la noche, este mar del norte, esconde el sol en las profundidades hasta apagar el día y quedar a oscuras. A la mañana lo devuelve a la superficie y lo deja amanecer. Sale majestuoso y deslumbra con su luz. Cada día lo mismo. Y no se cansa. Cambia los colores según el lugar y la profundidad. Hace juego con el color del cielo porque quiere agradar. Hay que olerlo con los ojos cerrados. Huele a mar. A brisa. Te impregna y  acompaña. El mar como metáfora de soledad, me dijo uno. Usted no conoce el mar, le contesté. Es compañía porque estimula los sentidos y el espíritu. Te regala paz interior. Está forjado en grandes tormentas. En tempestades de alta mar y en bravuconadas costeras. Así forja su carácter. Golpeando con fuerza los muelles donde se ocultan  las barcas. Así fortalece el carácter de los marineros y demás gente de costa. Muelles repletos de barcos. Algunos se niegan a ser desguazados porque quieren seguir meciéndose en las mareas. Aunque sea en puerto.
La literatura le exige historias de aventuras fantásticas. El mar tiene estas historias. Algunas con final trágico. Hablar del mar no es un logro literario menor. Los niños saben de sus historias porque los mayores las cuentan. Se acercan a la orilla. En la arena. Hacen volar sus cometas aprovechando el viento que el mar les trae. Los niños, en la orilla y sobre sus tablas, se enamoran del mar. Cuando sean jóvenes vendrán a enamorarse en silencio tumbados en la arena y cogidos de la mano. Este mar que tiene un impresionismo natural con determinación cultural. Arte se mire como se mire. Columna vertebral de historias literarias. Nexo de unión entre pueblos y culturas. Lugar para navegar a placer y para las batallas más atroces. Es la nota de color de los pueblos pesqueros que se mantienen a resguardo de su furia. Poderosa presencia que impone. Es el mar del norte. Este que se adapta a ti cuando lo miras. Estuve y lo ví. Es como lo he contado. Salud.

jueves, 17 de enero de 2013

Color sepia

La comida estuvo muy bien. Una comida como tantas. Los invitados de casi siempre con algunos añadidos. Hay uno que destaca por su color sepia. Un personaje sin modales ni educación y en blanco y negro. Tal cual lo digo. Creyente y practicante habitual de la tontería de la cual es adicto. Me sulfura y puede con mi paciencia. Pero intento aguantarme y hago esfuerzos para que no se me note. Blandengue cuando está solo y sacando pecho cuando se esconde detrás de su mama. Señora casi hecha y atacada del tiroides que le provoca un comportamiento casi anormal. Ataviada con sus mejores galas depresivas que ningún especialista ni ningún medicamento han podido controlar. Su mejor virtud es la envidia.
A todo eso, el de color sepia, demostrando que no tiene autonomía. Ni siquiera estando emparejado y con un retoño en fase de crecimiento. No es un personaje singular. Es un drama singular. Pero bueno. Su falta de madurez le impide unas relaciones normales con su entorno. Pero en una comida la gente va a comer y no se fija en tonteces varias. Blanco y negro con tintes sepia tirando a oscuro. Tonterías todas las posibles porque en algo hay que destacar. Sus gracias, por suerte o por desgracia, no se las va a reír nadie.
Nunca asumirá una derrota porque no lucha. Se da por vencido a la primera y entrega las armas a su mama. No hay intriga en su vida porque es previsible. Cargado de frustraciones porque se sabe perdedor. Da mutis por respuesta sea cual sea la pregunta. La naturaleza no lo ha dotado y la historia no le exige. Vive desorientado buscando camino y destino. Cualquier resto encontrado en Atapuerca tiene más valor y le supera. Es un referente. Una alegoría a la estupidez humana. Es una idea en abstracto, una imagen del perder, un símbolo del fracaso. Mentalidad estéril y tontorrona. Si lo lee y se identifica se alegrará de los piropos.
La vida le ha sonreído con la sonrisa de la mala leche. Vive a ras del suelo. A su edad todavía no ha conseguido subir ni un puñetero escalón en el sistema evolutivo. Es un embrión de un ser unicelular. Convivir con este tipo de personajes es un castigo. Termino porque escribir semejante ensayo a la gilipollez no me ha producido ningún placer pero tenía necesidad de desahogo. Seguramente cualquiera de vosotros conoce un prototipo color sepia y con el que tiene que convivir. Pues, como dijo alguien, a quién Dios se la de, San Pedro se la bendiga. Ni siquiera vale la pena publicitar esta entrada. Salud.

martes, 15 de enero de 2013

El cuponero

Es pronto. O, es temprano. Como se quiera. La cuestión es que quiere amanecer pero le cuesta. Daremos por bueno que todavía es de noche y que las farolas iluminan, más o menos, las calles. Eso parece. El café-bar "Es Comerç" ya está abarrotado de gente que desayuna y conversa animadamente de sus cosas. Quien habla por hablar es un busto parlante que se asoma por la pantalla de una tele sin volumen. Esto último tiene que decepcionar, pero el busto no lo sabe. No podemos hablar todos a la vez como si se tratara de una tertulia de intelectuales. La cafetera no descansa y escupe café sin parar con espumita humeante. Los periódicos tampoco descansan y van de mesa en mesa para que sus titulares sean leídos y poco más. La letra pequeña es para los ociosos y los masoquistas que también los hay. Pero vienen más tarde. El Homo Tiquismiquis no madruga porque sí.
Puntual como un reloj fabricado en Suiza y manipulado por un inglés entra Rafael. El cuponero. Viene andando desde su casa. Es ciego. Camina casi pegado a las paredes de la calle con un bastón en la mano que a estas horas de la mañana se percibe como fluorescente para que le vean bien. La punta del bastón es una bola blanca que se arrastra un metro y pico por delante de él olfateando el terreno en zig zag como un sabueso. Hay que evitar disgustos. Entra en el bar y se acerca a la barra. Se sienta en un taburete alto y reduce el bastón a un palmo. Le sirven un café con leche, pone el terrón de azucar, lo mueve con calma y empieza a sorberlo. Entre sorbo y sorbo se van acercando los que tienen prisa a cambiar cupones o a comprarlos. Depende de la suerte del día anterior. Hasta la fecha, nada del otro mundo. Cuando termina se mete entre las mesas para seguir vendiendo. Sortea sillas, mesas y personas. Llega hasta mi y se sienta. Hablamos de forma interrumpida. Estamos acostumbrados y no nos importa. Primero es el trabajo. ¿Has leído el periódico? Pregunto. No contesta tajante. ¿Y tú? Lo de siempre. Pinocho recortando lo que queda del estado del bienestar. La jefa de Merkelandia mandando y el resto obedeciendo. Algo de deportes. Columnas de opinión que se pueden leer y otras que no para mantener una buena salud mental. La página cultural es sólo media página. Fotos, sudoku, jeroglífico, crucigrama y una pequeña reseña de un libro. Algo de teatro, cine, música y una exposición de pintura. Las fotos son de esos que van de importantes a tiempo parcial y que les gusta chupar cámara y tinta.
Rafael es inteligente y culto. Por la mañana vende cupones y se relaciona. Por las tardes está, mayormente, en su casa. Son tardes literarias. Quiere que digan que es ciego. No le gusta la palabra invidente. "Que digan lo que soy, no lo que no soy". Desde que nació. Hay dos chicas preciosas sentadas un poco más allá. Tendrías que verlas, le digo. Para qué. Seguro que has disfrutado estando con alguna mujer, y apuesto que ni la mitad de lo que yo. Tu miras. Yo imagino. No sabes el placer que puede provocarte la imaginación. Los sentidos a pleno rendimiento. Tocar delicadamente y formarte una idea. Oler aromas y perfumes e imaginare cómo debe ser. Los sonidos, las palabras, los suspiros, los latidos, jadear y todo eso. Luego me paso el día buscando esos olores, esas voces y tocando manos y caras para reconocerlas. Imaginando sin ver nada es mucho más placentero que mirando. Prueba un día de vivir con los ojos vendados. La imaginación es muy poderosa y se alimenta de los sentidos. Yo los utilizo todos. Tu, seguramente, no. No buscáis más allá de lo que tenéis delante. Yo, en cambio, puedo ver más que tú pero con la imaginación.
Me ha desarmado casi sin darme cuenta. Seguramente tiene razón. Ahora que dices esto pienso que a mi me pasa algo similar con el twitter. A diario me comunico con personas a las que nunca he visto su cara ni he escuchado su voz. Desconozco su perfume y su forma de ser. Sólo me entero de lo que escriben. Vienes a mi. Tienes que ponerles una mirada, una voz, un olor, un color de ojos, unos gestos, una forma de hablar lo que escriben. Tu imaginación se multiplica con estos amigos y esto provoca morbo, ganas de algo más. No sería lo mismo si los conocieras, añade Rafael. Cuando lees un buen libro pasa lo mismo. Juegas con la imaginación. No tienes otra cosa. Rafael, que hoy viene filosofando, me ha dado motivos para pensar en nuestras limitaciones y en el poder de la mente y la imaginación. Piensa que algunos de tus amigos de twitter pueden ser mudos o tener alguna discapacidad. Y tu sin enterarte. Venga, confórmate con lo que tienes y cómprame este número que esta noche puede tocar. Salud.
 

miércoles, 9 de enero de 2013

El borrador

El otoño se despidió con lluvia y viento. Por todo lo alto. Como deben ser las grandes despedidas. Pero el educado y caballeroso invierno nos obsequió su entrada con rayos de sol y torbellinos de brisa marina incluso para los que se encuentran lejos del mar. Una locura y un detalle antes de dar paso al frío y a la nieve.
Las letras y las palabras, aunque estemos en invierno, no están pensadas ni escritas para provocar nostalgia ni sufrimiento. Están para ser leídas y para reconfortar. Para eso está la lectura. Sobre todo estos textos que utilizan el mar como metáfora de la vida. A veces agitado y a veces en calma. A veces bravucón, o manso. Frío invernal o cálido estival. Como la vida misma. Que cambia de color. Que rompe contra las rocas. Que te moja los pies en la arena de la playa.
Esta mañana temprano he cargado la pluma con tinta de letras para que de ella salgan bonitos textos. Que escriba sobre la vida y el amor. Sobre la naturaleza de las personas. Por eso utilizo esa tinta especial hecha de letras. Y cuando quien mueve la pluma es el corazón o el alma, la grandiosidad de la literatura aparece con todo su esplendor. Entonces, la mano que sostiene la pluma no tiembla porque lleva razón. Son textos de autor. De los de ficción cuando se hace realidad. De explicar el contenido y el porqué.
Mi escritura sosegada y tranquila -lo he dicho otras veces- provoca poesía narrada y reflexión meditada. Su lectura necesita tiempo -también lo he dicho en otras ocasiones-. La energía de la conciencia que grita, a veces en silencio, a quién quiera escuchar. Los sentimientos y las emociones con las que convivimos todos los días y que comprenden la realidad.
No es un hablar por hablar. Es un decir con condiciones. Empezar el día con un café y unos buenos días. Una carga de energía positiva. Coger la pluma inquieta para que dibuje la vida. Los sentimientos y todo eso. Dibujos en forma de letras. Sobre un papel en blanco. Y luego se lee el relato en la soledad. Que es buena si se gestiona bien. Cuando sirve para inspirar, recordar o pensar. Más allá de lo que se ve o se tiene delante. Terreno arriesgado que hay que andar bien calzados para que el ensayo sea bueno.
Y a todo esto empezamos año. Políticamente de lo más incorrecto. Previsible, por otro lado. Donde los logros sociales se van aparcando o destruyendo uno a uno sin miramientos. Sin contemplaciones. Pero sólo para los débiles. Porque la política se ha convertido en el arte de manipular con la palabra y la mentira. Pero no puede con la letra impresa. La narrativa y la poesía. El libro. Éstos nos sirven para sobrevivir a todo esto.
Y en el cine ponen "Los Miserables". La he visto y me ha gustado. También los he visto saliendo del Congreso después de otro día perdido jugando con el iPad. La sombra de la ética es corta. La de la indiferencia es demasiado larga. Han barrido el análisis social y lo han escondido debajo de la alfombra. Está pero no se ve. Pues así nos va la época que nos ha tocado vivir. Tiraremos de dignidad aunque seamos pocos.
Nos han presentado el año nuevo como de los más duros de la historia. Bien lo sabemos los que consumimos cultura.
Pero no todo es malo. Nunca antes se había publicado tanto. El libro digital se hace asequible. La gente se refugia en la literatura y en los microteatros. Será mejor o peor dependiendo del porqué se hace. Por vocación, por necesidad o por evadirse de la realidad que nos maltrata. Ese maltrato que viene de una mayoría absoluta con tintes de dictadura democrática. Los autores consagrados no entienden tantas ganas de escribir en vez de leerles a ellos. Esto se acabó.
Seguiremos leyendo pero no a veintitantos euros. Las editoriales lo saben. Hay muchos talentos que escriben por menos euros. Son obras maduras de escritores noveles. Son buenos y son asequibles.
"Me fascina tu talento para amar. Te reivindico mía.
Tú y tus virtudes que otra cosa no hay.
Cuando estés conmigo dile a las paredes que cierren los ojos.
Dile a los ojos que no escuchen. Dile a tus oídos que no miren.
Dile a tu piel que no vaya diciendo por ahí cómo te toco y te acaricio.
Dile a las nubes que tapen el sol. Dile a la niebla que nos envuelva.
Quiero intimidad porque soy celoso. Dile a tus manos que no toquen nada. Sólo a mi.
Dile a tus ideas que no me sean infieles.
Dile a las sábanas que no se enfríen. Dilo alto. Que quede claro.
Quiero que me guardes en tu intimidad. No me hagas público todavía.
Quiero disfrutar más tiempo de ti sin distancias.
He pintado un mapa de tu cuerpo y lo he escondido en un cofre. Como los piratas".
Así escriben algunos escritores que no reunen el perfil para publicar. Algunos lo hacen gratis en las redes sociales. Tweets con mensaje. Lectores que preguntan y autores que contestan. Así se escribe un borrador para una entrada de blog. Se corrige. Añades y quitas. Luego le das al botón de "publicar".
Después cada uno lo leerá de gratis mientras toma un café o cualquier otra cosa. Gustará más o menos, o nada. Es lo que tiene las cosas que hacen los demás. Que no siempre son del agrado de todos. Esto ha sido un borrador sin corregir. Un relato en bruto. Otro día lo corrijo y retoco. Pues vale. Salud.

jueves, 3 de enero de 2013

Relato fantástico

Quedé citado con ellos. No podría decir muy bien con quién. Las instrucciones estaban claras. Justo encima de la linea del horizonte del mar en calma y justo debajo del arcoiris. Allí estaba pues, según lo convenido. Se acercaron hacia mi. Algo así como fantasmas del pasado. No pude reconocerles porque no tenían rostro. Estuve un buen rato para poder entenderles porque me hablaban sin voz. Grandes gestos con unos brazos que no tenían. Yo con mi voz y ellos con voz muda o silenciada. Yo de carne y hueso y ellos de nada. Siluetas a medio terminar. Espesa niebla que cambia con el aire. Medias sombras. Querían conocer a los habitantes de la tierra firme. Ellos viven en ningún sitio más allá del horizonte del mar en calma. Lejos de mi casa. Cosas de fantasmas del pasado.
Se mostraron respetuosos, consecuentes, ilustrados, interesantes. Han conseguido, con el tiempo, acumular inteligencia en una especie de cerebro que no tienen. Es lo más parecido a una idea. No llevan una vida fácil de opulencia y despilfarro. No pueden. Sus esfuerzos se concentran en otras cosas. Nada de vida regalada. Pura dedicación para conseguir memoria de historias y cuentos.
Son la nada del universo. Los que llenan los agujeros negros. Los que habitan en las mentes de las personas. Pueden traspasar el tiempo en cualquier sentido. También las paredes y las puertas cerradas. Son los protagonistas de una historia que no ha sido. Nadie los ha visto, pero están. Los percibo según ya he contado. No me pueden generar miedo porque no existen. Puntuales a la cita. Vestidos sin ropa porque no tienen cuerpo. Con una agilidad de movimientos que impresiona. Yo inquieto e inmóvil en mi barco de papel justo encima del horizonte del mar en calma y debajo del arcoiris según lo acordado. Las olas me llevaron allí y luego desaparecieron.
Nos comunicamos sin utilizar palabras. Sin prisas. Era importante para ellos. Con buenas intenciones. Me dijeron que llevan toda una vida sin dormir porque nadie les cuenta cuentos o historias antes de acostarse. Yo con los pelos de punta. Tanta cosa para pedirme un poco de memoria llena de cuentos. Por un momento me dieron lástima. Nosotros podemos recordar todas las etapas de nuestra vida y otras cosas. Incluso sin verlas. El sol, la tierra, la lluvia, el viento y el mar. Los sentimientos. La razón, la verdad y la libertad. La memoria no excluye ni pone condiciones. Recordamos nuestra existencia y nuestro significado. Ellos sin memoria. Seres hechos de niebla densa. Siluetas a medio hacer. Sombras de nada. Inteligentes pero sin memoria para recordar cuentos. No pueden dormir.
Decidí cederles un trozo de mi memoria repleta de historias y cuentos para que puedan contarlos por las noches hasta quedar dormidos. Cuando sus ojos sin color y sin pupilas me miraron vi agradecimiento. Es un trastorno típico de estos fantasmas del pasado. Sin cuerpo. Sin voz. Sin mirada. Que habitan al otro lado del horizonte del mar en calma. Pasado el arcoiris. Quedaron agradecidos y nos citamos para otras ocasiones. La intención era intercambiar trozos de memoria con cuentos nuevos. Estaban emocionados. Ellos son todo y nada. Dependientes de la imaginación de cada uno. Son una idea. Fragmentos de una historia pasada. Ahora podrán reproducir textos literarios por las noches. Ahora, por las noches, podrán dormir.
Otra vez aparecieron las olas de debajo del mar en calma y llevaron el barquito de papel en el que me encontraba hasta la orilla. Ellos se dispersaron como hace la niebla al salir el sol. El arcoiris también desapareció. Volví a pisar la arena. A mi alrededor estaba la vida de siempre. La rutina reconfortante de cada día. Ahora no sé si contarlo porque no me van a creer. Sólo podrán hacerlo aquellos que tengan imaginación. Todavía, cuando cierro los ojos, siento ese lenguaje diferente. Aquellas ideas, formas, sonidos de mar en calma que me decían. Movimientos de niebla cuando la quieres atrapar con las manos. Especie de dibujos al carboncillo. Confusos. Les entregué cuentos rescatados de mi subconsciente. Se los llevaron donde el azul del mar se confunde con el azul del cielo. Ellos no tienen horizonte. Son nómadas de la vida. Son formas donde el aire lleve sus nieblas. Son nobles como el oro. Se les intuye. Son intensos. Son de todas partes y de ninguna. Son proyecto de nada. Cenizas de lo que fueron. Ahora estas cenizas no tienen memoria. No se acuerdan de ningún cuento. Son simples en apariencia y complejos en su inteligencia. Ahora, con el trozo de memoria que les di, podrán volver a dormir en esa eternidad que les queda por vivir. Salud.