sábado, 8 de diciembre de 2012

Sueños

Durmieron en el bosque. Al abrigo de los árboles y al amparo de la oscuridad. En la intimidad del silencio. En la compañía de las hojas caídas. Sobre ellas. No estaban solos. Estaba el aire, la noche, la vida, el silencio y los sueños que también duermen en el bosque. Se levantaron bien de mañana para contemplar el amanecer y la salida del sol de detrás del horizonte. De dentro del mar. Porque el sol duerme dentro del mar. Eran dos cuerpos fundidos en uno para amarse en la proximidad. Sentados y apoyados en el tronco de una encina milenaria. Pronto aparecerán el horizonte y el mar que ha borrado la oscuridad.
Del fuego del deseo encendido en la noche sólo quedaban cenizas y un pequeño hilo humeante de pasión que se disipaba al subir y entrelazarse entre las ramas. Una luz tenue les devolvió el horizonte y el mar. Un azulado firmamento repleto de estrellas que iban enmudeciendo para dar paso a este amanecer que precede la salida del sol. Así fue. Éste apareció del agua. Majestuoso e impresionante. El mar quedó plateado por la fascinación. Con los primeros rayos del sol las gotas de escarcha que descansan sobre las hojas empezaron a brillar como diamantes. La sencillez de un momento destinado a hacerse eterno. Momento romántico de gratitud.
Sus miradas se cruzaron repetidamente. No se rehuían. Se buscaban. Se encontraban. Se mantenían en el tiempo mientras el sol seguía amaneciendo lentamente. Todo el bosque había vuelto a la vida y estaba pendiente de tal acontecimiento. Sus miradas transmitían deseos y ganas. No hace falta la noche para volver a encender el fuego de la pasión. Faltaban las palabras y recurrían a las miradas, a las caricias, a los gestos. Silencios comprometidos. Silencios que tanto hablan y tanto dicen. Cada uno seguía su ritual para agradar. Bastó una mirada silenciada para demostrarse amor. Mirada sublime de sueño real.
El sol no era ajeno y amanecía más lento de lo habitual. El tiempo se alargó y duró un poco más de lo normal. Era todo especial. Miradas de deseo cargadas de nerviosismo. El sol terminó de salir del agua para completar el amanecer. Con todo esto la piel estaba más sensible y también el corazón que latía rápido. Después de separar sus labios pudo hablar. Le dijo que había intentado penetrar en sus sueños y formar parte de ellos. Pero no lo consiguió. Soñó con ella en un sueño paralelo. Él tuvo la curiosidad de saber si los sueños de ella habían sido en color o en blanco y negro. Han sido en color. En todos los colores. Y en relieve -añadió-. Incluso he sudado mientras soñaba. Nada de colores planos y abstractos. De formas reales, coloreados y temperatura exagerada. Ha sido bonito y esta noche lo volveremos a repetir. Fantasías respetuosas y delicadas. Sensibles. Sueños de enamorados. Réplicas de la realidad. Relatos imaginativos que la naturaleza proyecta en las personas de vez en cuando.
El sol ya en lo alto y ellos sin moverse. El aire movía las ramas y la luz movía las sombras. Tiempo sin puertas ni ventanas. Tiempo compartido. Un bosque encantado en apariencia. Las ideas eran libres de moverse y de ser compartidas. Igual que los sueños. Que el tiempo. Que el sol. Que el aire. Que los sentimientos. El tiempo pasaba quieto sin hacer ruido con sus pasos. Un día mudo como tantos otros de esos que sólo existen para los enamorados. Porque antes han atado el ruido y han dejado libre al silencio. Miradas penetrantes que permiten leer en el brillo de sus ojos. En sus retinas sólo había versos de esos de enamorar.
Le pregunta ella si se querrán toda la vida. Él no sabe contestar. Te quiero convencido, dijo. Las dudas para otro momento. Lloró ella. Lágrimas de alegría que suplían las palabras. Hay momentos en los que uno se expresa mejor así. Salud.

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