jueves, 1 de noviembre de 2012

Escritura

Mi escritura es limpia. Sosegada y tranquila. Singular. No está subvencionada. No hay contaminación en ella. Es escritura para quién la quiera leer. Palpita y respira serena. Sin condimentos ni fecha de caducidad. Mi escritura no será superventas porque es gratuita.
Está escrita para mentes y pensamientos maduros. Refleja la vida y sus peripecias. Turbia y nítida. Fácil y difícil. Entera y troceada. Refleja luces y sombras apasionadas. Sueños hechos realidad y sueños imposibles. Destino. Azar. Complicidad. Felicidad y desdicha. Compañía y soledad.
Esta es mi escritura. Sin trampas. Sin información oculta. Ironía y humor suficiente pero en la penumbra. Verdad. El conocimiento de las cosas tamizado para evitar impurezas. Escritura limpia, sosegada y tranquila. La rutina de la vida es un arte menor. Pero es arte necesario.
Los complementos de la vida los ponemos nosotros. Es una decisión personal. Los detalles de la vida vienen con el aire y se quedan. A veces se diluyen con la lluvia. Pero yo escribo porque mi escritura es limpia. No le permito a ningún vocero que me dicte lo que debo de escribir o lo que debo de callar. Mis manos manejan mi pluma y mi mente le indica el camino. Un pueblo sobre una montaña al que se llega por un camino pedregoso y complicado. Peligroso a veces.
Personajes sencillos que la vida maltrata. No puedo ni debo cambiar su historia. Pero puedo cambiar el final. Esto es ficción y mi pluma escribe a mi dictado. Por eso mi escritura es limpia, sosegada y tranquila. Procuro una prosa impecable. Pero la piel tiene lunares, arrugas y pliegues. No siempre está tensa y lisa. Mi escritura es igual, pues.
El lector debe desplegar sus sentimientos. La escritura se ve. Se escucha. Se palpa. Se siente. Se olfatea. Se degusta. Se descubre. Es un proceso en el que invierte tiempo. Para escribir y para leer. Para reflexionar. Una obra creativa que se empieza de cero. De nada. Sensaciones agradables de poder escribir algo trascendente aunque luego no sea así. O sea menos. Evocar una historia sin imágenes. Una historia sencilla o complicada. Mi escritura es limpia y mis lectores tienen que implicarse. Somos dos que interactuamos, o somos uno. Desmontar tópicos y fortalecer otros. Temas que provoquen reflexión. Análisis. De esto se trata.
Pasión con delicadeza. Cualquier tema sirve si es capaz de generar ideas. Ensoñamientos en el lector. Es aconfesional. Segura. Abstracta y formal. Melódica. Es escritura limpia, sosegada y tranquila. Porque así percibo a mis lectores habituales. Ellos se lo merecen. Escribo para ellos. Sin duda alguna.
Las palabras se repiten. Pero no son las mismas. Son palabras recicladas.
Un lenguaje perseverante. Textos antiguos refundidos en escritura nueva y renovada. Las palabras recicladas ya tienen experiencia en decir cosas. Ahora lo dicen mejor y son más bonitas. No existe el miedo escénico. Ya estuvieron escritas en otros textos. Ahora se mezclan con palabras nuevas. Frases nuevas. La experiencia se mezcla con la inexperiencia de las palabras que debutan. Entre todas dicen cosas bonitas y auténticas. Pero en voz baja. Sin gritar. No hace falta.
Es escritura sencilla se lee en silencio. Como debe ser. Que penetra en cada lector igual que la lluvia persistente de otoño penetra en la tierra y la mantiene húmeda. El orgullo de ser letra y palabra escrita. Juntarse con otras en párrafos enteros. En relato corto. En entrada de blog. En libro. El oficio de saber decir cuando estás plasmada sobre el papel y adquirir significado. No cansarse de ser leída. Ya descansará cuando cierren el libro.
Y el que lee se emociona de leerlas. Las palabras nuevas aprenden de las más antíguas. Otro día formarán parte de otro texto y significarán una cosa distinta. Para no quedar viejas y perder el sentido. Todas quieren ser verso y poesía. Ahora llevan con orgullo ser prosa y narrativa. Y mientras escribo estas líneas la radio habla sola. La música se interpreta para nadie. No sé porqué lo hace. No le presto atención. Aunque reconozco que me hace compañía. La radio.
La pluma. El libro. El papel. El silencio. Tú. Guardo silencio un rato. La quietud se adueña de mí. Quiero escribir antes de que empiece a amanecer. Escritura límpia, sosegada y tranquila. Salud.