lunes, 13 de agosto de 2012

Impartir justícia

No siempre la función de la justicia es la que debería de ser. Impartir justicia. Presuntamente el fiscal y el juez -en colaboración con la policía- investigan un supuesto que vaya claramente en contra de las leyes vigentes y que están hechas para mejor convivencia de todos. No siempre es así. Lo que venimos en llamar justicia funciona de una forma oscura y opaca. Incluso a veces se declara "secreto de sumario". Oscurecer más. Esto viene a significar que a los cinco minutos de cada paso que la justicia da en secreto el resto de los mortales ya lo podemos leer en los medios de comunicación. Es así aunque no debería. Las investigaciones deberían ser públicas. Que la gente se entere y que incluso pueda aportar sus pruebas para mejor esclarecimiento de lo que se investiga y que la verdad salga a la luz lo antes posible. Prevalece el oscurantismo inútil. Los imputados van declarando en secreto y al poco de terminar podemos leer en los medios de comunicación todo cuanto se ha dicho por las partes. Cuando el periodista es preguntado contesta sin más problemas que su misión es informar pero nunca revelar la fuente de sus informaciones. Su contacto, pues, está a salvo. Con todo y al final se genera indefensión para los presuntos malos.
Se molestan y manifiestan estar sometidos a un juicio paralelo y que, por todo ello, ya se sienten condenados de antemano por la sociedad. Algo de cierto hay porque quien escribe esto -un servidor- es asiduo a condenar a presuntos malos sobre todo si se trata de políticos, mangoneo, corrupción, mala praxis, despilfarro, enchufismo y todas esas cosas que son connaturales a la profesión y a la persona de un político. El de más rango tendrá más culpa que otros. Es lógico porque es la persona pública. La que todos conocemos. Es tan cierto que también están los colaboradores necesarios. Los asesores en la sombra. Los que siempre tienen la excusa en la boca y en la intención de que les han dado órdenes de arriba y ellos se limitan a cumplir. Aquí no debería existir la excusa. Si las órdenes que vienen desde arriba son claramente injustas y antisociales no se aplican y se dimite. Después que pongan a otro colaborador o asesor y si tiene arrestos que lo haga.
Además las leyes no se aplican de igual manera. Un buen letrado y una cuenta corriente pueden hacer que la justicia sea más ciega, más lenta y más injusta de lo que lo es en sí misma. Puedes permutar delitos por información contra otros. Puedes cambiar años de cárcel por dinero o fianza. Muchas cosas que les está privado a los pringados de turno les está permitido a los vivales de clase bien. A nadie se le escapan estos chanchullos judiciales. Algunos juicios no se llegan a celebrar porque se ha producido un acercamiento por ambas partes. Un acuerdo entre la fiscalía y el letrado. Llegados a este punto todo queda en nada. Cuando se trata de personajes públicos se genera una gran alarma social que se parece a una tormenta de verano. Mucho ruido, mucha agua, escampa y se olvida. Con los años se aprecia cansancio en la sociedad que pierde el interés porque el caso inicial se va diluyendo en segundos personajes y en terceros que ya nadie conoce. Y el caso se cierra porque prescribe.
Los casos se archivan por falta de pruebas. Las pruebas desaparecen o se manipulan. Los detalles se contaminan. Aparecen defectos de forma o cualquier otra chorrada jurídica inventada para la ocasión. Una explicación en un escueto comunicado a través de twitter y asunto zanjado. Hechas así las cosas no es de extrañar que la gente haya acuñado a la justicia como una farsa o un cachondeo. Un gran circo de tres pistas. Te pierdes porque no sabes qué pista mirar. No es una percepción. Es una realidad. Si tienes asuntos pendientes con la justicia procura tener dinero y un buen abogado y dejarás de tener causas pendientes. Seguro que llegáis a un acuerdo. Salud.

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