domingo, 20 de mayo de 2012

Las Trinitarias

El mundo de la cultura y la literatura anda revuelto estos días y con sobrados motivos. Los expertos estan alterados y parece que hayan perdido el rumbo. No es para menos. En el Convento de las Trinitarias situado en el Barrio de las Letras de Madrid se están llevando a cabo unas obras de remodelación y adecuación de espacios. Los obreros, en unas dependencias no habitadas desde no se sabe cuándo, han encontrado unos folios antiguos manuscritos. Expertos, estudiosos y las mismas monjas se han puesto a analizar el material encontrado. Se trata de unos cincuenta folios de papel bien conservado pero muy antiguo escritos a pluma. Estaban en un arcón bien colocados como si alguien los hubiera puesto así aposta para guardarlos. A primera vista, después de una inspección ocular y de leerlos detenidamente, parece que hay pocas dudas de que este manuscrito podría ser obra del mismísimo Cervantes. Los intelectuales se frotan las manos porque esto puede dar mucho de sí y podría desvelar algo más sobre nuestro insigne escritor, pensador y humanista. Ahora es el turno de los que restauran, copian, fotografían, microfilman, estudian detenidamente y luego de todo esto nos dirán de que va la cosa. Hay buenas vibraciones y mejores perspectivas.
Se desprende que Don Miguel de Cervantes vendría mal herido o enfermo de algún punto del norte de África -sin especificar- que incluso podría cambiar la historia que todos conocemos. Digo que vendría mal herido o muy enfermo, que no queda claro y mucho menos después de haber empezado a analizar estos escritos a los que hago alusión. Antes de partir habría escrito a su hija que por aquel entonces era la madre superiora del Convento que las Trinitarias tenían en Madrid. Como quiera que se trataba de un convento de clausura y no teniendo Don Miguel a dónde ir cuando llegara a Madrid y dado que su hija era la madre superiora del convento, habría pedido licencia al obispo -que tenía y sigue teniendo potestad en estas cosas- para que su padre pudiera albergarse en el convento al cuidado de las monjas y de su hija lo que le quedara de vida. Estamos hablando de una persona mayor y herida o enferma que viene de estar preso unos años por hacer la guerra. El obispo en cuestión habría accedido y convenido en que así fuera y que estuviera atendido por su hija y es resto de las monjas hasta su muerte. No queda claro -por lo leído- que fuera manco, que sufriera una parálisis de su mano izquierda como consecuencia de heridas de guerra y una afectación del nervio o que en realidad hubiera padecido un tromboembolismo que le hubiera provocado una hemiplejia izquierda que le provocara una severa minusvalía en el movimiento aunque no en su intelecto. Queda medianamente claro que desembarcó en algún punto del levante español y que fue trasladado por monjes trinitarios -que se dedicaban a estos menesteres- hasta Madrid y en cuyo viaje hubieran invertido poco más de dos semanas.
Los primeros expertos en hablar han dicho que la escritura está hecha con mano temblorosa y que habría escrito estos folios poco antes de morir y después de haber sido confesado y haber recibido la extrema unción. Es una especie de ensayo autobiográfico escueto en el que resalta sus ideas y sus pensamientos con momentos de gran lucidez y brillante en el fondo y en la forma y otros pasajes algo confusos producto de su deterioro físico y de su sufrimiento. Estaría Don Miguel en su mundo y su universo atemporal donde la necesidad le obligaría a coger la pluma y plasmar sus vivencias y sus creencias. El escrito es asombroso y versiona los últimos momentos de su vida. Mantiene su creatividad habitual y sugiere anécdotas inéditas de su vida que los historiadores datarán y pondrán en su sitio. Un documento de enorme importancia y trascendencia para las letras españolas y para conocer un poco más sobre su vida y sus padecimientos; "pronto ha de llegar la noche que borre mi memoria y se haga la oscuridad más absoluta. Tengo la  certeza porque la presiento y porque es ley de vida y mientras pueda ver mi sombra seguiré escribiendo lo que piense. Estoy preparado para partir. Tengo ya, un pie en el estribo". Podría parecer impreciso pero puntualiza algunos pasajes de su vida de forma breve pero intensa. Da gracias a Dios porque le ha procurado este final y no otro peor. La edad y sus sufrimientos delatan angustia vital, tristeza y confortamiento. Es un escrito muy personal y apasionado. El momento lo requiere. Es un biografiado a modo de ensayo o viceversa. No escribe para un público. Escribe para él como si de una confesión se tratara.
Esta construcción literaria se restaurará y se guardará celosamente en algún sitio donde cualquiera de nosotros podamos contemplarla. Será lectura obligada y los críticos harán versiones para todos los gustos. Sin duda alguna se trata de un gran hallazgo después de que las mismas monjas perdieran sus huesos en otra remodelación anterior del convento. Salud.  

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