miércoles, 30 de mayo de 2012

La lectura

El mundo de las letras es grande. Casi ilimitado. Soberbio y comparable con una droga de diseño que una vez has probado ya no la puedes dejar. Estamos en la feria del libro de Madrid y este año han invitado a escritores italianos. He estado. En una de las casetas de libros estaba uno de los grandes. Erri de Luca. Nacido en Nápoles en mil nuevecientos cincuenta. Lleva vividos los suyos. Salvando las distancias que cualquiera puede entender, de Luca y yo tenemos similitudes y puntos de encuentro. La primera, por supuesto, la pasión por la lectura. Leer y escribir. Se levanta muy de mañana, como yo. Cuando el sol todavía no ha salido y por lo tanto sigue siendo de noche. Se inspira. A mi me pasa lo mismo tan de mañana cuando todavía es de noche. Coge la libreta y el bolígrafo y se pone a escribir en la soledad de su cocina mientras espera que salga el café. También es un Quijote del siglo veintiuno porque se acuesta tarde vencido por el trabajo bien hecho. Antes de que salga el sol es la hora del embrujo. Es la hora de las ideas. De las reflexiones. De no dar a basto con el bolígrafo que va llenando páginas que luego serán corregidas, tachadas, recicladas, eliminadas o cambiadas de sitio. Se define como un obrero del periodismo y de la narrativa. También del ensayo. Un literato completo. Su trabajo consiste en traducir la poesía en prosa lo que, según él, la hace más bella. Algunos poetas no opinan igual.
Dicen que Erri de Luca escribe como habla o habla como escribe que para el caso es lo mismo. Lo hace con voz sosegada y con dominio de la palabra. Dos cosas que van juntas porque son inseparables. Cuando habla mira intensamente a su interlocutor para entenderle. Sólo cuando se siente comprendido habla de forma brillante y fluida. Razona sus pensamientos porque sabe cómo hacerlo y está convencido de que debe hacerlo. De hablar por hablar, nada. Pone una idea o un pensamiento sobre la mesa y lo disecciona con mano firme razonando cada cosa para evitar malos entendidos. El contertulio, entonces, se siente cómodo. En la caseta de libros hay una foto suya sentado en la cocina de su casa cuando acaba de levantarse y cuando todavía es de noche y cuando se está haciendo el café y, mientras él, escribe en su libreta. Es una foto muy bonita. Tamaño grande y en blanco y negro. En la foto se aprecia que en la pared de la cocina que hay detrás de él hay gran cantidad de etiquetas de botellas de vino. Se ríe cuando se lo mencionas y advierte que él bebe para recordar. No como otros que beben para olvidar. El olvido viene solo, con el tiempo. Está contento con los nuevos escritores. Son muchos y buenos. Algunos le han decepcionado porque han escrito un solo libro y se han quedado vacíos. Son incapaces de escribir un segundo libro porque ya no tienen ideas.
El día antes estaba invitado a una charla coloquio en un lugar céntrico de Madrid invitado por una editorial. Empezó a leer uno de sus relatos. O un trozo. Qué mas da. Demostró una gran capacidad para dramatizar sus propios escritos. El público se lo pasó en grande. Disfrutó. Son relatos pensados para gente ajetreada que sólo dispone de media hora al día para leer. Por tanto, breve pero intenso. Le preocupa que haya escritores jóvenes muy válidos que se cansan de escribir y de visitar editoriales para nada. Dejan el manuscrito y ya le avisaremos. No avisan. Los jóvenes escritores también quieren publicar. No pueden. No les dejan. No hay dinero, dicen. Son malos tiempos. Prefieren apostar por los escritores consagrados que venden. Incluso con novelas malas. Pero estos se terminarán y no habrá cantera. Estos escritores nuevos y buenos -que los hay- han buscado alternativas. Tienen su trabajo. Mantienen una vida laboral y social que les llena. Vida familiar completa. Van al gimnasio y luego leen y escriben un rato. Entonces publican lo que escriben en foros literarios o en algún blog de tantos. Para quién quiera leerlos. Se sienten queridos, leídos y admirados. De repente un buen día una llamada telefónica les cita para una entrevista con la intención de publicar. Cuando escuchan lo que va a costar el libro en la librería y lo que van a cobrar ellos por escribirlo se derrumban. No quieren. Prefieren seguir escribiendo para su público de gratis en los foros literarios adecuados. Son precios que rozan el delito. No quieren que se especule con ellos. Erri de Luca no tiene este problema pero le preocupa y lo dice en voz alta. Mi apoyo incondicional. Salud.  

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