viernes, 30 de marzo de 2012

La maquina

Tengo un amigo que ha comprado una máquina del tiempo en un mercadillo de cosas de ocasión. Siempre había pensado que esto sólo pasaban en las películas, pero no. Es real. La tiene instalada en el garaje de su casa. Me ha mandado un whatsApp para que vaya a verla. Bueno, esta tarde iré. Nada del otro mundo. Parece una nevera con un motor lateral que funciona con electricidad y tiene una especie de tubo de escape que sobresale casi un metro. En el frontal hay una pequeña puerta que más bien parece una escotilla de un submarino. Tanto dentro como fuera tiene algo parecido a un teclado con unos símbolos que no acertamos a descifrar. Dice que le han dicho que funciona y como muestra le han dado un papel firmado a modo de garantía. Todo un detalle. Me dice, alguien tiene que meterse a ver qué pasa. ¿Cómo que a ver que pasa? Pues eso. Alguien tiene que meterse dentro y estar diez minutos que es lo que dura cada prueba del tiempo. Lo jugamos a los chinos y me toca a mí. Para una vez que me toca algo y es una aventura modelo incógnita. Voy a entrar y que Dios reparta suerte.
¡Cristo bendito que susto! El panel o teclado se enciende y empieza la cuenta atrás de diez minutos. Todavía cuando lo recuerdo me entran escalofríos. ¡Copón consagrado de la última cena! Me he convertido en un adolescente apijotado. Católico, creyente y practicante. Estoy vestido con unos pantalones azul oscuro de Tommy Hilfiger. Calcetines finolis modelo executive hasta las rodillas de Louis Vuitton y zapatos mocasines marrón oscuro con dos borlitas anudadas. Todo en piel de la marca Calvin Klein. Un polo manga corta de la casa Polo -con su estampado sobre el pectoral derecho- y la solapa del cuello subida que me molesta la parte posterior del cuello y me levanta un poco el pelo engominado. Reloj a juego de D&G grande y correa de piel de cocodrilo. ¡Tíos, que pinta! Tengo los dedos de las manos metidas en los bolsillos con los pulgares fuera lo que hace que tenga los hombros subidos que realzan mi espalda. En el bolsillo trasero izquierdo esta mi iPhone 5 S Exclusive Plus Pro y en el derecho la cartera Lacoste con los documentos. La curiosidad me embarga y la abro para mirar el contenido. Que nadie se ría que no es coña. Resulta que mi papa es miembro del Consejo de Estado -hay una foto- carné de NNGGPP. Carné de socio del Real Madrid C.F. Otro de un Club Exclusivo de Padel en la Moraleja. Una tarjeta de crédito Gold Infinyti y bastante pasta.
Hay que joderse la eternidad que pueden suponerme esos diez minutos del demonio que me han tocado en suerte. Misa concelebrada en la Almudena oficiada por Monseñor Rouco con sermón sobre el asesinato del aborto y la familia convencional como propuesta de futuro única posible. Luego de esto tenemos presentación del libro de Mayor Oreja sobre ETA y el 11M. y que presentará el director de El Mundo. Me está pasando, lo estoy contando. Luego comida en el club con mi padre y un amigo suyo que preside FAES. Mantengo la imagen apijotada que se espera de mí y mi papa está todo orgulloso. Las apariencias importan mucho. El año que viene empiezo derecho y económicas. Me he convertido en la contradicción de mi mismo. En el momento café tengo que poner los pies encima de la mesa para no desentonar. Todos lo hacen. Ellos fuman puros habanos pero yo no porque no toca. El camarero me ofrece La Razón para que lea algo. Estoy oculto bajo una máscara social de la que no me puedo escapar. Me quedan cinco eternos e interminables minutos. El presidente del Supremo se ha unido al grupo que luego también jugara la partida de pádel. Noto que tengo la sangre muy caliente y espesa y necesito aclararla pero no puedo. Todos opinan que estoy muy crecido y que apunto maneras de hombre de provecho. La condición humana en la que me he convertido me da naúseas pero dentro de la máquina no se puede vomitar así que me aguanto.
Quedan tres minutos pero la máquina no se puede parar ni interrumpir el proceso. Empiezo a sentirme violento y mantengo una mirada chulesca que no me reconozco. ¡Qué pasa! Ahora soy un capricho en manos del destino y un disparate que tendréis que aguantar hasta el final. Esta noche tenemos cena en Moncloa con el Presi y mi padre quiere que vaya para ir entrando en sociedad. Soy consciente de que soy un insulto que solo aparenta y se lo digo a papi que le resta importancia. Soy el futuro y me da ánimos y palmaditas en la espalda. Me queda un minuto para volver a ser ateo, de izquierdas, culto e inteligente. Se hace largo. De momento soy elitista y me cago en todos los que reivindicáis igualdad. ¡No te jode! Sois unos pancarteros vestidos de pana y sois el hazmerreir de España. ¡Puto proletariado! Los nuevos ricos me dan asco porque se han hecho a sí mismos. Tontería pura. Aburridos. Donde haya un buen enchufe o un buen soborno que se dejen de majaderías de hacerse a si mismos. ¡Ostias!
Contador a cero. Soy yo. Salgo de la máquina infernal en la que nunca tuve que haber entrado. Estoy con resaca. Me dirijo hacia mi amigo con paso firme. Sin mediar palabra le meto un puñetazo en todos los morros y la nariz. Todavía estoy sudado. Nunca más experimentos. Voy a tomarme un café como Dios manda y a leer un buen libro de ensayo. Me vendrá bien. Salud. 

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