viernes, 2 de septiembre de 2011

Muerte digna

La ley de muerte digna, testamento vital y cosas parecidas y su aplicación han resultado mas complejas y complicadas de lo previsto en un principio por los conflictos éticos y morales que genera en la sociedad. Demasiada gente quiere opinar y esto está muy bien pero es que demasiada gente cree que está en posesión de la verdad, que lo que dice es lo que vale y esto no es así. Todo el mundo alardea de conocer perfectamente las palabras ética y moral y su significado y cada uno lo interpreta según le va e incluso decide si una cosa es buena o mala bajo el punto de vista moral o ético. Tampoco es así. Cada uno tiene sentimientos y según estos sentimientos la balanza se inclina hacia el lado del bien o hacia el lado del mal. Siendo así las cosas se me antoja que esta ley dará mucho de qué hablar -de hecho ya está pasando- y será conflictiva a la hora de aplicarla. Nos movemos en un plano metafísico y espiritual cuando tendríamos que movernos en un plano puramente científico y técnico y de sentido común. Cuando uno camina por el plano espiritual le salen ampollas en los pies y en la conciencia y empieza a andar mal y a pensar peor.
Hay médicos que por el simple hecho de tener un título y de llevar una bata blanca se creen estar en el camino correcto y se creen ser Dios. No. Hay familiares que por ser los más próximos del moribundo saben que la ley les ampara y toman decisiones -a menudo incorrectas y equivocadas por estar mal asesorados- pensando que lo hacen bien. Sigue sin ser así. Para evitar esto se ha desarrollado el texto de muerte digna dentro del marco de la ley de testamento vital. Curiosamente no ha resultado ser efectiva, mas bien al contrario. Yo personalmente estoy confundido y no precisamente por falta de experiencia en este tipo de cuestiones y situaciones.
La opinión del médico no debería de prevalecer porque por sus principios éticos y morales hará todo cuanto esté en su mano y más para mantener a la persona con vida, a costa de lo que sea, que es el ensañamiento terapéutico. Tampoco debería de prevalecer más la opinión de los familiares que por su proximidad con la persona enferma no podrán ser objetivos en sus opiniones y decisiones que aunque sean equivocadas estarán llenas de buenas intenciones. El médico está al servicio del paciente -nunca al contrario- pero muchos no lo saben.
El otro día unos familiares han obligado por ley a los profesionales de la sanidad a retirar una sonda de alimentación a su madre de noventa y un años y moribunda de una patología irreversible. La mujer en cuestión había dado instrucciones de tener una muerte digna -o esto dice su hijo-. Reflexiono, pues. ¿Es más digno morir en la cama de un hospital a morir en tu cama de tu casa y rodeado de los tuyos? La sonda no, pero que se muera aquí. Mal asunto. Sus hijos, evidentemente, no la entendieron. No quieren sonda pero permiten que lleve un suero ¿para qué? ¿Es más digno morir con sonda puesta o sin sonda y morir de hambre y de sed? Aquí hay que pensar mucho y no dejarse llevar por tonterías. En este caso concreto los familiares matarán a su madre de hambre, de sed y de dolor por culpa de una sonda antes de que muera de forma natural por la patología que la tenía en coma profundo e irreversible. Llevar una sonda mas o menos no prolonga la vida de forma artificial y no hace sufrir al moribundo que no se entera. Simplemente evita que muera de hambre, de sed y de dolor. La paciente, de todas formas, se morirá dignamente -o más dignamente si cabe- pero por su patología. A ver si esto nos sirve a todos para reflexionar y ponemos un punto de cordura a esta ley y dejamos el asunto en manos de un comité de ética nombrado por el propio hospital y en el que esté, por supuesto, un representante del paciente. Salud.