jueves, 30 de junio de 2011

Dilema


Estaba pensando y me estaba preguntando, ¿puede una vaca viajar en metro? Pistas. Vaca de raza portentosa originaria de donde sea. Inmensas ubres, inmenso culo y, sobre todo, grandes y fornidos brazos. Morritos pintados a juego y pelo recogido en cola de caballo. No habla. Respira hondo y empuja. Vaya si empuja. La respuesta es ¡si! siempre que la vaca pase por la puerta del metro de Madrid. Entonces afirmo. Las puertas del metro de Madrid son suficientemente anchas como para que una vaca portentosa de fornidos brazos pueda entrar en un vagón repleto de gente. A saber, que entre persona y persona no cabe un papel de fumar. Y que con dos empujones es capaz de hacerse con un sitio acomodado al pasto.
Es una experiencia suficientemente desagradable como para que no pueda olvidarla jamás. Del primer empujón mi persona física se vió transportado, sin ningún esfuerzo, desde la entrada del vagón de metro hasta quedar depositado -maleta de viaje incluida- justo al otro lado del vagón. Debo insistir, para una mayor comprensión de la historia, que entre medias había una masa compacta e impenetrable de gente. Del segundo empujón intentó lo mismo con un jubilado octogenario con cara de yayoflauta. No lo consiguió.
Todavía recuerdo la mirada agonizante en busca de ayuda que no le pude prestar por más que quise. El representante de la tercera edad avanzada se quedó en medio del vagón literalmente empotrado contra una barra vertical que hace las veces de agarradera. La vaca portentosa de fornidos brazos, ubres grandes, culo inmenso y cola de caballo en el pelo empujaba con fuerza. Sin sudar y sin despeinarse. Hasta conseguir que el abuelo octogenario y la barra vertical se fundieran en una misma cosa a modo de pintxo de cocina de autor. Su mirada me persigue a todos sitios y a todas horas. No puedo olvidarla. Por las noches, incluso, me provoca pesadillas. No he sabido más de él.
La vaca portentosa pastó sólo un trayecto. De Nuevos Ministerios a Gregorio Marañón de la línea diez del metro de Madrid. Su efecto fue devastador. No había forma de que nadie pudiera agarrarse por falta de espacio lo que provocaba que estuvieramos a merced del vaivén caprichoso del metro. La vaca portentosa encontró una agarradera en lo alto del vagón y la cogió. A partir de este momento todo me resulta confuso. Mi nivel de conciencia fue disminuyendo lentamente. Me estaba mareando al tiempo que llegaba a mis narices un olor de sobaco de temporada alta estival.
Estuve unos días en fase de recuperación. Ahora estoy mejor, gracias. Estoy en casa y quiero olvidar esta terrible experiencia y ese olor que apareció cuanco la vaca portentosa de labios pintados levantó el brazo para agarrarse. Ya he pedido hora a mi psicoterapeuta para recibir tratamiento. Si alguien pudiera aportarme datos de lo que sucedió con el jubilado lo agradecería. Lo dejé agonizante contra la barra vertical. Con sus estertores y los ojos en blanco. Tomaros en serio lo de viajar en metro. Salud.

7 comentarios:

  1. Bonissim!!!!
    Si algún guionista de cine lee tu descripción de la vaca en el metro, seguro que te ofrece un pastón para incluirla en una película.
    Podría ser de terror, comedia, humor, drama, bélica, documental, corto, 3 D, cómic, ciencia ficción... da lo mismo.
    Es tan bueno el texto que se puede adaptar a cualquier género.
    ¿Para cuando el próximo capítulo?

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  2. ¿Sabes que pasa? Que cada vez que voy en metro por Madrid me resulta mas inspirador que es Comerç. Ocurre todo lo imaginable y lo que está por inventar. Habrá más. Gracias por comentar. Por cierto hay una entrada pasada que se titula "lectura en movimiento". Tambiuén va de metro.

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  3. Está visto que lo tuyo no es el metro!!!
    Este día, sólo con mirarte sabía que algo saldría para plasmar
    en tu blog.
    La próxima vez en bus!!! podras
    comparar.... pero al final volver
    al metro.

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  4. Sólo tu podías viajar en metro con una vaca portentosa. Jajaja. Supongo que disfrutaste rozandole las ubres y otras cosas inmensas. Sigue viajando en metro y cuenta.

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  6. Sólo tu podías viajar en metro con una vaca portentosa. El gusto que pasarías con las ubres y otras cosas inmensas. Jajaja. Sigue viajando en metro y cuenta.

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  7. Hola soy Alex. Desde luego sólo tu podías viajar en metro con una vaca portentosa. Supongo que te pusiste las botas con sus ubres y otras cosas inmensas. Jajaja. Tienes que ir más en metro y luego nos cuentas.

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