miércoles, 13 de abril de 2011

Entregeneraciones

Hay un tiempo virtual entre generaciones de personas. Un tiempo no computable porque no ha sido vivido por nadie. Nadie lo ha disfrutado y nadie lo ha padecido. Es virtual. Es ese tiempo que transcurre entre una generación y otra y que marca diferencias porque es tiempo de adaptación sin más.
Mis abuelos vivieron un tiempo en unas condiciones de vida, trabajo y ocio que fueron distintas, en mayor o menor medida, al tiempo vivido por mis padres, al tiempo que estoy viviendo yo y distinto al tiempo que vivirán, seguramente, las generaciones que vengan. Cuando pienso en ello, observo desde la perspectiva, las diferencias que hay. Incluso entre personas de una misma generación hay diferencias, pero eso es otra cosa.
Hay actitudes simbólicas que configuran un núcleo, fragmentado del resto, que continua igual. La genética y otras cosas. El error sería hacer comparaciones y no las haré. Cada individuo a su tiempo. Confieso, no obstante, que a menudo me gustaría compartir momentos actuales con algunos de mis antepasados que ya no están. Son pensamientos irreales que todos tenemos y que podemos atribuir a la nostalgia, al recuerdo o a la añoranza y cosas por el estilo. Son ideas que te vienen a la mente y que uno tiene que diseccionar con mano firme para no caer en la depre.
Aquí es cuando tomas conciencia de que hay un antes, un ahora y un después en la vida y en las cosas. Que son extremadamente diferentes y que no podrán ser compartidas con otros seres queridos. Estos análisis son producto de la reflexión y basados en la memoria. Es un tiempo trampa. Un tiempo virtual. El espacio entre una generación y otra. Entre un trabajo y otro. Entre una forma de hacer las cosas y otra. Entre una forma de comportamiento humano u otro. Entre una forma de distribuir y disfrutar el tiempo libre y de ocio y otra. No obstante hay cosas que por sus diferencias mínimas se mantienen en el tiempo casi iguales y de las que apenas notamos el cambio. Es la vida adaptada cuyo cambio apenas se nota.
Pero todo es discutible y refutable. Gyorgi Konrad se atreve y lo hace diciendo que cuando se mira al espejo no ve la misma cara de siempre. Ve la cara de aquel momento y no puede ver las otras porque se superponen. Sólo distingue la cara actualizada de cada día. Manifiesta que la historia del niño del pijama de rayas no aporta nada nuevo al holocausto. Es cierto. Sólo aporta otro punto de vista de lo mismo. A lo mejor nuestras vivencias no aportan nada a las futuras generaciones a no ser que se vean como otros puntos de vista de lo mismo. Es posible que entre generaciones no haya tantas diferencias sino puntos d vista distintos que habría que analizar. Pues así se hará. Vale. Salud.