jueves, 14 de abril de 2011

Besugos

Intelectuales, de haberlos haylos. Pero hay que saber encontrarlos y para eso hay que saber dónde buscar. Hablar de un intelectual es sinónimo de alguien que piensa y luego actúa consecuentemente. No debería de ser así. Será mejor, entonces, hablar de talentos. Aquí caben todos aquellos que crean. Alguien que destaca en su profesión porque lo hace bien. Pero cuidado. Ojo. No nos podemos perder en un sofá de pereza -no razonar lo adecuado- y confundir un talento como algo bueno. No tiene porqué ser así.
El otro día aparecieron en un canal de televisión que ve siete veces más que las demás cadenas a dos talentos de lo suyo. Uno roza el esperpento por lo que dice, escribe o lleva puesto y el otro por lo que dice y hace. La entrevista del año. Usted pregunte lo que quiera que yo le responderé lo que me de la gana. Inconformistas, provocadores y faltones y que después de escucharlos vas y te sacas el carné de antisistema y te vistes como tal. Terminó siendo una charla entre dos besugos. Incoherencias, indefiniciones, insultos a la intelectualidad del espectador y cosas que sólo entenderían Pasolini, Tarantino o la extrema derecha. El uno preguntando de lo que no entiende ni entenderá nunca por un problema de estudios y el otro respondiendo de lo que no sabe ni sabrá nunca por el mismo problema. Grandioso momento del que el club de la comedia debería tomar nota a la hora de hacer monólogos. Nos partiríamos de la risa. Mentiras compartidas, piropos de albañil, miradas reveladoras de algo más que amigos del alma, complicidad en el arte del insulto, repertorio de gestos e ideas impertinentes, falsas afirmaciones, ninguna restricción a la vulgaridad y a la frivolidad. Mucho humo en el plató que dificultaba la visibilidad y un ruido hueco.
Dos proyectos de no se sabe qué en versión beta intentando explicar las bondades de la democracia y la civilización en un futuro orden mundial. Lo de Irak no fue una guerra sino la consecuencia de una apuesta. El trio de las Azores se apostó que serían capaces de matar a más personas en menos tiempo con armas convencionales que el dictador de turno con armas de destrucción masiva. Los primeros ganaron porque el segundo no tenía tales armas y además fue un mal perdedor porque no pagó la apuesta. Se murió al tropezar con una cuerda. Los efectos colaterales fueron los normales en cualquier desavenencia.
Y no se confunda. Nosotros no hemos mantenido ningún contacto ni conversaciones con ningún grupo de liberación. Nosotros sólo fuimos a escuchar. Al día siguiente nos enteramos de la cruda realidad. La que jode más que nada. La que todos los profesionales de la televisión temen más que a un pellizco de monja. El share o cuota de pantalla. Bob Esponja y Pocoyo tuvieron más audiencia. Salud.

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