miércoles, 30 de marzo de 2011

Dignidad

Es alto, flaco y negro. Aparenta unos treinta pero él cree que tiene unos veintitantos. No tiene estudios pero tiene educación. Dice llamarse Mamadou Ousmane y nació y vivió en un pequeño pueblo de Senegal llamado Serere. Un día, por dignidad, salió de su pueblo de noche como si de un delincuente se tratara. De no haberlo hecho, ahora estaría pegando tiros y matando compatriotas a las órdenes del dictador de turno que gobierna su país. El objetivo no era llegar aquí, sino salir de allí. En un mapa no sabe señalar España, Senegal o cualquier otro país. Da igual. Hizo la travesía en una patera con otros hombres y mujeres en número indeterminado o similar a treinta. No había adolescentes porque en África no se pueden permitir el lujo de vivir la adolescencia y toda la tontería que ésta conlleva. Allí pasas de niño a hombre a la edad de entre cinco o seis años. Viajó hacinado. A ratos sentado, de rodillas o en cuclillas porque había que cambiar de postura. Días y noches en número que no recuerda porque perdió la noción del tiempo. Mojado por el mar. Nadie mira a nadie. Nadie habla con nadie. Todos tiemblan de frío y están a lo que están.
Ahora vive en un piso patera y tiene media hora al día para usar el baño, lavarse y lavar sus ropas. No lleva cartera porque no tiene nada que poner. Vende cedés y deuvedés en una zona de comida rápida del Camp Redó. Se acerca para venderte, te enseña la mercancía y tu con un gesto le indicas si quieres comprar o no. Prefiere no hablar de su pasado ni de su vida actual pero no le hace ascos hablar de fútbol. No mencionaré de qué equipo es.
Me ofrece puntos de vista imaginativos e inesperados por mi desconocimiento de su cultura. Quiere sobrevivir a su fracaso y a su miseria con inteligencia y con dignidad. En su mente están las relaciones interpersonales, la soledad, los objetivos y las metas, el manejo positivo de sus sentimientos y una larga lista de cosas que sólo se llevarán a cabo si pone voluntad. Las peripecias de su vida no se pueden afrontar con desánimo. El ser humano tiene grabado en su ADN todo un catálogo de necesidades que debe cubrir para perpetuarse como especie aunque sea negro.
Algún partido político quiere hacerles una especie de examen o test. En estas pruebas hay un poco de todo. Geografía, historia, cultura, lengua, etc. Pero nada referente a la dignidad de la persona como tal. Nada que les refuerce como seres humanos que están viviendo en la indigencia. Esto no se valora. No tiene importancia. No le interesa a nadie. Son pruebas con una significación excluyente. Cualquier cosa que diga o escriba servirá para devolverlo a su país de origen inmediatamente. Estamos de acuerdo en que papeles para todos no es la solución, pero todos a casa cagando leches tampoco. El tema de la inmigración es complejo y complicado. Poner orden en los flujos migratorios es un tema delicado. Una buena política de inmigración pasa por consensuar una ley y aprobarla por unanimidad a nivel europeo. Las ayudas siempre en el país de origen para evitar traslados innecesarios y traumáticos. Es una utopía. O no. Sólo hace falta tener voluntad. Vale. ¿Voluntad? Pues entonces mejor lo dejamos y decimos aquello de que nos hemos citado para quedar. Salud.