sábado, 12 de junio de 2010

¿Es sabia la naturaleza?

Recuerdo con nostálgia a un profesor de Antropología de cuando estudiaba Psicología. Es un hombre sabio donde los haya. Medido en sus palabras y visceral en sus explicaciones y razonamientos que se crecía ante un alumnado entregado. El era consciente de ello y se aprovechaba. Se paseaba por los pasillos entre pupitres mirándo fijamente a los ojos de cada alumno que se encontraba a su paso. De vez en cuando una voz de entre una explicación pausada porque así lo requería el guión en el aula nº. 11 de un aforo de más de 200 personas.
En uno de los temas sobre la evolución de la especia humana y el papel de la naturaleza como coadyuvante a la adaptación, o no, alguien, brazo en alto, preguntó hasta qué punto era cierto aquello de que la naturaleza era lo suficientemente sábia para jugar un papel relevante en todo eso. Bueno. La que se montó. De susto y no levantar la vista. Se encaró con la de la pregunta y la machacó sin piedad.
- ¿Ud. cree Sta. que la naturaleza es realmente sabia en todo esto?
- Es lo que siempre he oído.
- ¿Y qué tiene de sabio que un niño nazca sin dientes -que le harán falta para comer- que llore de dolor cuando le salen, que se le caigan porque son provisionales y vuelven a doler, que salgan los definitivos y más dolor, que se los esté cepillando toda su vida para que, de todas formas, le salgan caries y le generen molestias, que pague fortunas a los odontólogos para limpiezas y arreglos varios, que al final termine sin dientes y con dentadura postiza -más dinero y molestias-, que guardará celosamente, por las noches, en un vaso de agua con antiséptico sobre la mesita de noche y que los últimos días de su vida ya no se adaptará a las encías y la dentadura terminará envuelta y olvidada en un cajón? ¡Desdentado y mal comiendo!
- ¿A esto le llama Ud. naturaleza sabia?
Silencio sepulcral en el aula. Doscientos alumnos haciendo como que piensan y con la taquicardia puesta -no me vaya a preguntar-.
- ¿Y qué me dice de las piernas?
Somos los únicos de la especie que nacemos con piernas para no utilizarlas hasta, más o menos, el año de vida.
- ¿No cree, pues, que sería mejor nacer sin piernas?
El parto sería más fácil, más cómodo y menos doloroso para la madre. Y luego que vayan saliendo y creciendo hasta el momento de empezar a utilizarlas.
- ¿O no?
La chica de la pregunta se quiere morir. De repente odia la Antropología. El catedrático observa en las caras que ha conseguido llamar la atención y a los alumnos nos salta la duda de la carga científica de lo escuchado.
Luego, con el mismo énfasis, pregunta sobre la utilidad de las muelas del juicio -cordales-, que no salen de las encías en un porcentaje muy elevado y que además generan suficientes molestias como para tener que quitarlas. Si no tienen utilidad conocida tendrían que estar extinguidas. Y el dedo pequeño de los pies no tiene ninguna función conocida y por eso cada vez es más pequeño. ¿Cuantas generaciones tendrán que pasar para que ya no existan?
- El próximo día quiero un folio din A-4 escrito por ambas caras sobre una reflexión científicamente razonada de lo que hoy se ha hablado. Quiero ver que teneis claro el papel de la naturaleza en la evolución de la especie. Si alguien argumenta con la religión, que se de por suspendido. La Antrpología es ciencia, no dogma de fe.
A cada pregunta, respuesta contundente y al día siguiente folio din a-4 con reflexión razonada con base científica. A partir del segundo trimestre nadie preguntaba nada. El aforo se multiplicó y había alumnos por los pasillos y en la tarima de la pizarra ya no cabían.
Simplemente era magistral. Se que sigue siéndolo y lo leo en una columna de un periodico local. Salud.

2 comentarios:

  1. Cómo todo en esta vida, debe de haber un equilibrio. No se si me explico, sin maldad, ¿no es cierto que no existiría la bondad? ¿y sin tropiezos, alguna persona aprendería sin antes haber tenido intentos fallidos?
    Lo que quiero decir con toda esta parafernalia, es nada más y nada menos que -según dicen- somos la especie animal más inteligente y con más capacidad de adaptación. Pues como contraposición también tenemos nuestros fallos más o menos influyentes en nuestras características biológicas.

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  2. La realidad empírica -que científicamente puede demostrarse- es que somos la especie animal más inteligente -homo sapiens sapiens-, con más capacidad de adaptación, pero seguramente la más imperfecta. La que tiene más fallos estrcturales o de fábrica y muy difíciles de solucionar. Las modernidades vienen muy rápidas y la capacidad de adaptación lleva su tiempo.
    Cuando se nos pregunta -en las encuestas de todos los días- cuántas horas al día somos felices, tenemos algún tipo de gratificación o la alegría nos invade, la contestación está en una media de dos horas al día y el día tiene 24 horas. Manda huevos. Es penoso lo mires por dónde lo mires. ¿Dónde está el equilibrio? si nos pasamos 22 horas sufriendo, aguantando rarezas de otros, malhumores del jefe, tonterías del que va en moto, dolor de algo, pasar pena por no se qué, la hipertensión, el azucar, el colesterol, la celulitis de cada verano, la migraña, el pulmón que ya no tiene fuelle, el corazón que se bloquea, el pelo que se te cae, las hormonas que te juegan malas pasadas y al larguísimo etc. Este equilibrio es sólo comparable con el de la justicia que es un cachondeo. Pues eso.

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