martes, 25 de mayo de 2010

Progreso adecuadamente

Esta entrada no tiene relación ninguna con la anterior. Es que estoy haciendo un cursillo de genealogía, archivística, Onomástica, cronología, história, diplomática, heráldica, nobiliaria, demografía, biología y genética y sociología. Todo esto para poder representar en un gráfico el árbol genealógico de mis linajes.
Aprendo mucho. Que anteriormente, para ser sacerdote, tenías que presentar un aval -dinero o bienes- que demostrara que podías mantenerte y que no le costarías un duro al obispado. Que no había seminarios. Cada uno estudiaba una carrera y despues de una entrevista personal con el obispo éste decidía si eras apto o no para ejercer el sacerdocio. Que las plazas de párroco se cubrían por oposición y éste cobraba del obispado. Cada párroco pagaba de su bolsillo al vicario o a tantos como tuviese y que éstos eran unos "corre-ve-y-dile-y-vuelve-enseguida-o-te-voy-a-dar-de-collejas-hasta-que-digas-basta". Que para poder confesar necesitaban una licencia que el mismo obispo otorgaba según viera tenían que empezar confesando hombres, luego niños, despues niñas, según adquirían experiencia podían confesar mujeres y por último -lo más complicado- confesar monjas. Que no podían confesarse entre ellos siempre que hubieran compartido pecado. Que había "curas agónicos", muy mayores que sólo se dedicaban a dar la extrema unción. Los curas "tasadores de muertos" que decidían cuantas misas necesitaba cada muerto, en función de su riqueza, y cuanto debía pagar la familia por estas misas.
¿Y que puedo contar más? A, sí. Que vivían como curas.

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