sábado, 22 de mayo de 2010

Arturo y Juanjo...o viceversa

Juan josé Millás tiene una escritura directa, lúcida, sincera, que sale del alma, con momentos creativos de grán belleza capaz de generar, simultáneamente, emoción y reflexión. Mezcla metáforas con ironía que dinamiza lo que está escribiendo y zarandeando las propias convicciones de uno hasta provocar una mezcla de admiración y desasosiego.
Mi otra grán pasión como escritor es Arturo Pérez Reverte. Le aplico lo mismo que antes he descrito para Millás. Emociona porque transmite y transmite porque es estético bajo el punto de vista literario.
Ambos se asesoran, se documentan, se impregnan de lo que van a escribir y dejan correr la tinta, no de cualquier manera, sino de forma controlada. Lo que cuentan por escrito es lo mismo que te contarían de palabra sentados tranquilamente, frente a frente, tomando un café en un bar. Les tengo muy presentes cuando preparo el borrador de mis entradas en este blog, cuando corto, añado, o me toca pulir para terminar el relato. Mi estilo es muy parecido. Si quieres ser rápido, muchos puntos y puntos y aparte. Palabra, punto. Palabra, punto. Si quieres hacerte entrañablemente empalagoso o incluso fóbico, se trata de poner muchas comas y más comas y hacer frases interminables. A mí me gusta así. La estadística dice que puedes llegar a tener muchos lectores pero pocas entradas de comentarios.
Leerlos provoca un efecto paralizante y absorbente. Te distancias del mundo que te rodea y durante unos momentos sólo existes para ellos. Son artistas de las letras. Millás es más de escribir lo de hoy, lo reciente en el tiempo, lo cotidiano, la última noticia. Analiza la actualidad. Reverte tiene costumbre de remontarse al pasado como si fuera el hoy. Narra la história de maravilla. O lo que hubiera podido ser la história. No hacen dibujos a mano alzada a ver lo que sale. Calculan meticulosamente cada movimiento para que salga lo que ellos realmente quieren que salga. No puede haber errores y no los hay. Con sus escritos desiguales en las formas consiguen, en el fondo, la legítima curiosidad de sus seguidores entre los que me encuentro. Cuando escriben lo hacen con lucimiento. Cauando terminas de leerlos, respiras hondo, liberas endorfinas, te sientes de puta madre y mentalmente los sacas a hombros por la puerta grande de la plaza de las letras.
Fieles a su estilo, pensamiento valiente y audaz, pluma ágil, capacidad de síntesis, riesgo asumido ante su público, afán de perfección, comprometidos con su trabajo. Las cosas no tienen que ser exactamente como las escribo. A lo mejor tampoco estais de acuerdo con lo que escribo, puede que no tenga importancia. De hecho no tiene importancia. He dicho antes que a mí me gusta así y esto sí que tiene importancia. Podeis completar esta crítica aportando matices y terminarla como quien completa un sudoku. Pero con conocimiento de causa para mayor satisfacción.
Hay otros a los que también sigo como escritores de referencia obligada, como Delibes o Vargas Llosa y otros. Pero ahora, entre nosotros, en la más estricta intimidad y sin que trascienda más allá de este blog, antes que Arturo y Juanjo o viceversa está Umbral. Perdón. Don Francisco Umbral.

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